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Condenadas a la violencia en Tahrir

Un centenar de mujeres han sufrido agresiones sexuales en la plaza en cuatro días

La plaza de Tahrir ha vuelto a ser la protagonista de las portadas de los periódicos de medio mundo. En su cobertura destacan el tono festivo y optimista de las movilizaciones más multitudinarias y coloridas desde la revolución. Para varias docenas de mujeres la icónica plaza ha sido el escenario de una auténtica pesadilla. Hasta 91 mujeres han sido agredidas y en algunos de los casos violadas en las concentraciones anti-Morsi, según informan varias ONG dedicadas a combatir esta lacra.

Desde hace meses, Tahrir se ha convertido en un foco especialmente peligroso, sobre todo durante las manifestaciones, cuando la plaza está más concurrida. Según Human Rights Watch, desde el domingo hasta ayer las víctimas en la plaza ascienden a un centenar. “El área no es segura. Recomendamos abandonarla, si es posible”, rezaba un tuit de Tahrir Bodyguards (guardaespaldas, en inglés) el domingo. Las agresiones presentan unos patrones peculiares, diferentes de los que se registran en otros lugares de la ciudad, lo que ha llevado a muchos activistas a creer que están orquestados. “Los ataques están siempre protagonizados por una turba que a veces puede llegar a incluir más de 100 hombres. La acción se suele iniciar cuando un grupo de unos 15 hombres consigue rodear a la chica y separarla de sus acompañantes”, cuenta Sabet. Según esta joven voluntaria, enseguida se forman diversos corros de hombres. El primero arrastra a la mujer por el suelo, la golpea, la desnuda y la asalta sexualmente. El segundo y tercer grupo se encargan de que nadie se acerque. Si algún manifestante se aproxima para ayudar, le dicen que son amigos, o familiares de la chica, y que están haciendo todo lo posible para rescatarla. La mayoría de las veces no es cierto.

Para las víctimas, el ataque puede durar desde unos pocos minutos hasta cerca de una hora. Y las consecuencias desde el punto de vista de la salud física o psicológica de la mujer son serias. Por ejemplo, una joven periodista extranjera fue violada el viernes tras ser amenazada con un objeto punzante y tuvo que ser intervenida de urgencia. La impunidad de los agresores es absoluta, ya que, desde noviembre, la policía ha desaparecido de la plaza por temor a que su presencia se interprete como una provocación.

La impunidad de los agresores es absoluta, ya que la policía ha desaparecido de la plaza por temor a que su presencia se interprete como una provocación

“El domingo fue el peor día. Se batió el récord de agresiones sexuales desde que empezamos nuestra labor. Pudimos rescatar a varias mujeres, pero no a todas”, comenta Zeinab Sabet, voluntaria de la ONG Tahrir Bodyguards, un grupo que ofrece información, cursos de autodefensa y también protección sobre el terreno. Ese día, cuatro mujeres y siete hombres de la ONG patrullaron Tahrir con cascos y chaquetas amarillas, su sello distintivo. La asociación, que se coordina con otras tres similares, cuenta con un apartamento en la misma plaza, donde las mujeres atacadas reciben una primera atención.

El acoso sexual es una auténtica epidemia en Egipto. Una agencia de la ONU publicó el pasado mes de abril un estudio que ofrecía cifras escandalosas: un 99,3% de las mujeres encuestadas aseguraba haber sufrido alguna vez algún tipo de acoso sexual, entendido como seguimientos, mensajes lascivos, tocamientos o, en los casos más graves, violación.

“Es difícil creer que sea espontáneo. ¿Por qué solo sucede cuando hay manifestaciones?”, sostiene Sabet, convencida de que hay una motivación política detrás. Su objetivo: disuadir a las mujeres de que participen en las movilizaciones.