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CRISIS POLÍTICA EN PORTUGAL

La dimisión del ministro de Exteriores deja en el aire al Gobierno portugués

Paulo Portas, ministro de Exteriores y líder del partido que garantiza la mayoría al Gobierno, se suma al titular de Finanzas

Paulo Portas, el dimisionario ministro de Exteriores.
Paulo Portas, el dimisionario ministro de Exteriores. AFP

El ministro de Asuntos Exteriores, Paulo Portas, peso pesado de la política portuguesa, ha presentado su dimisión y ha colocado al Gobierno portugués en la cuerda floja y en la incertidumbre. Portas es uno de los ministros más destacados del Ejecutivo conservador de Pedro Passos Coelho y, líder del CDS, una de las patas que sostiene la coalición gubernamental (la otra es el PSD, la formación de Passos Coelho) y el Parlamento portugués.

Horas después del anuncio de Portas, el primer ministro se dirigió al país en una alocución solemne en radio y televisión en la que, a fin de despejar rumores, aseguró que él no piensa dimitir, que no acepta tampoco la dimisión de Portas y que no piensa en convocar elecciones adelantadas. “No dimito. Yo no abandono mi país. Ahora es el momento de la serenidad y de la tranquilidad. La lucidez no es insensibilidad. Por eso mañana (por hoy) acudiré a una reunión de jefes de Estado que se celebra en Berlín”.

Sin el concurso de los 24 diputados del partido de Portas, la formación de Passos Coelho queda en peligrosa y resbaladiza minoría. Y el país se desliza hacia lo desconocido: es la segunda dimisión en 24 horas. El lunes dimitió el ministro de Finanzas, el hasta entonces poderoso Vítor Gaspar, el hombre que hasta este momento ha llevado con paso firme y puño de hierro la política de ajuste creciente y permanente, a dictado de la troika, de Portugal.

Ahora, se trata de saber qué va a pasar con la coalición. Passos Coelho aseguró en su alocución que en las próximas horas tratará de “aclarar la situación” en la que queda la muy fragilizada coalición gubernamental. Passos Coelho dio a entender que tratará de mantenerla a toda costa, lo que se traduce en tratar de que Portas vuelva a su esencial papel en el Gobierno: “El sentido de Estado está por encima de todo. Sabremos sobrepasar todas estas dificultades. Y hacer de manera que todos los sacrificios que están haciendo los portugueses no sean en vano.”

La razón última de la salida de Portas, “irrevocable”, según explica en un comunicado, es la elección, para sustituir a Gaspar, de la secretaria de Estado Maria Luis Albuquerque, en opinión de Portas, iba a representar una línea “continuista”. Es decir: Portas se queja de que la dimisión de Gaspar no se utilice como palanca para cambiar el disco y olvidarse de la austeridad a machamartillo desde que, hace dos años, Passos Coelho se hiciera con el Gobierno.

Para escenificar aún más el asunto, Portas eligió un momento clave para anunciar la decisión, que ha conmocionado la vida política de Portugal: media hora antes de que la nueva ministra de Finanzas tomara posesión de su cargo.

En el comunicado hecho público por Portas expresa las razones de su decisión: “Son conocidas las diferencias políticas que tuve con el ministro de Finanzas. Su decisión personal de salir del Gobierno permitía abrir un ciclo diferente. La elección hecha por el primer ministro debería haber sido especialmente cuidadosa y consensuada. El primer ministro entendió que había que seguir por el camino de la continuidad. Lo respeto, pero no estoy de acuerdo”.

La dimisión de Paulo Portas, y la consiguiente oleada de incertezas que se abate sobre el país, que hasta ahora había gozado, a pesar de las protestas y las manifestaciones y las reticencias del ministro de Asuntos Exteriores, de un Gobierno estable, ya se ha reflejado en los siempre atentos y volátiles mercados: los intereses del bono portugués a diez años, en el mercado secundario, se dispararon ayer a un peligroso 6,7% muy cerca de la psicológica barrera del 7%. Portugal, que a pesar de recibir las visitas de la troika cada dos meses y de ver cómo su economía se hundía en una recesión de más de veinte meses seguidos, se ha alejado, desde el punto de vista político, del caos griego durante dos años. Hasta ahora.

El mismo Passos Coelho, en su discurso de anoche, trató de tranquilizar a un país algo atribulado, lo dejó claro: “Siempre he dicho que las dificultades aún no han sido superadas. Y esto es una nueva prueba. Pero tengo el valor que me llega del ejemplo del resto de la población portuguesa”.

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