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El régimen de El Asad retoma la ofensiva sobre Alepo

El Gobierno emplea artillería pesada y misiles, y ataca con cazas en cuatro provincias

Soldados del Ejército Libre Sirio cubren dos cuerpos en Alepo, tras enfrentamientos con las tropas del Gobierno.
Soldados del Ejército Libre Sirio cubren dos cuerpos en Alepo, tras enfrentamientos con las tropas del Gobierno. AP

Horas después de que la Casa Blanca avanzara que armará a los rebeldes sirios, el régimen de Bachar El Asad intensificó su ofensiva sobre la ciudad de Alepo, que desde verano de 2011 es una de las principales plazas controladas por los opositores. Las fuerzas leales al Gobierno emplearon misiles y obuses lanzados desde tanques, según dijeron varios grupos observadores afiliados a la oposición. Tras la toma la semana pasada de la localidad de Qusair, en la frontera con Líbano, el régimen ha dado indicaciones de que intentará seguir ganando terreno a los rebeldes con una ofensiva en Alepo o Homs, otro de los bastiones opositores.

Junto a los tanques y los misiles, este viernes el régimen empleó a la Fuerza Aérea para bombardear varios objetivos rebeldes y civiles en las provincias de Alepo, Idlib, Damasco y Homs, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. El Gobierno se ha valido de su superioridad aérea para debilitar notablemente a los rebeldes, que no cuentan con armamento pesado ni sistemas de defensa antiaérea. Con el uso de aviones y helicópteros, el régimen ha movido a soldados y a milicianos paramilitares y extranjeros dentro de su territorio, en preparación de las ofensivas a plazas rebeldes que según la inteligencia occidental prepara para las próximas semanas.

El régimen de El Asad respondió este viernes a las acusaciones de uso de armas químicas por parte de la Casa Blanca con un rechazo frontal. “En consonancia con las prácticas insolentes a las que EE UU ha recurrido en el pasado para justificar sus políticas, la Casa Blanca emitió un comunicado repleto de mentiras sobre el uso de armas químicas en Siria, con información inventada”, dijo el Gobierno sirio en un comunicado difundido en medios oficiales. “Mientras busca medios banales para justificar la decisión del presidente Barack Obama de armar a la oposición siria, EE UU practica una flagrante política de dobles raseros al tratar con el terrorismo”, añadió.

Por su parte, el líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, dijo este viernes en un discurso televisado desde Beirut que sus milicianos seguirán luchando en Siria “donde se les necesite”, en tono desafiante y reiterando su compromiso con la permanencia de El Asad en el Gobierno porque, añadió, “es lo que la mayoría de sirios quiere”. “Seguiremos haciéndonos responsables de aquello por lo que ya nos hemos hecho responsables”, añadió. Respecto a los enfrentamientos sectarios entre chiíes y suníes libaneses que ha provocado su intervención en Siria, Nasralá dijo que no son más que “disputas personales”, exagerados por “conspiraciones políticas” que atribuyó a occidente y a Israel.

La Casa Blanca va a esperar a consultar con sus aliados en Europa y Oriente Próximo antes de decidir qué tipo de armamento concederá a los rebeldes, aunque estos consideran que no bastará con armas convencionales, dado el constante empleo de artillería pesada, ataques aéreos y misiles del régimen. Varios líderes del Capitolio, como el senador republicano John McCain, han pedido que se declare una zona de exclusión aérea en Siria, que podría imponerse desde Jordania, uno de los principales aliados de EE UU en la zona. El Pentágono ya tiene en Jordania misiles Patriot, cazas F-16 y 4.000 soldados, que ha mantenido allí después de un ejercicio militar.

El general Salim Idris, comandante del Ejército Libre Sirio, principal milicia opositora, dijo este viernes en una entrevista emitida en el canal de televisión Al Arabiya que espera recibir armas y munición de Occidente “en las próximas semanas”. “Lo necesitamos”, dijo, añadiendo que los recientes avances del Gobierno sobre el terreno han mermado notablemente la moral de sus hombres. Najib Ghadbian, representante de la Coalición Nacional Siria, que amalgama a los grupos políticos opositores moderados, dijo que esa asistencia militar es “necesaria para crear las condiciones necesarias sobre el terreno que permitan una solución negociada al conflicto”.

El Asad ha podido ganar terreno en recientes batallas con la ayuda de Irán, que ha entrenado a milicias paramilitares, y el grupo libanés Hezbolá, que ha enviado a unos 4.000 hombres a luchar en Siria, según estimaciones occidentales. En el plano diplomático le han apuntalado Rusia, que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la dilación del Gobierno norteamericano a la hora de intervenir en el conflicto armando a unos rebeldes a los que nominalmente apoya. En la Casa Blanca inquieta la infiltración de la oposición siria por grupos yihadistas, muchos llegados de Irak y versados en la insurgencia contra las tropas norteamericanas.

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