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La izquierda recupera Roma y vence en las ciudades en disputa

El exsenador Ignazio Marino se impone en la segunda vuelta de unas municipales marcadas por el alto índice de abstención

Ignazio Marino, alcalde electo de Roma.
Ignazio Marino, alcalde electo de Roma. EFE

En las elecciones municipales de la primavera del 2008 votó el 78,8% del electorado. En las de ahora, solo el 48,5%. La política italiana ha perdido 30 puntos de confianza en solo cinco años y ni la irrupción del Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo ha logrado curar el desencanto ciudadano. A pesar de ello, la jornada de ayer supuso un respiro para el centroizquierda italiano, que no solo logró recuperar la alcaldía de Roma sino que venció en todas las capitales en las que se disputaba la segunda vuelta de las municipales. El Partido Democrático (PD) acudía a las elecciones con el miedo de que las bases le reprocharan en las urnas su alianza de gobierno con el Pueblo de la Libertad (PDL) de Silvio Berlusconi, pero a la postre ha sido el político y magnate el peor parado.

Ignazio Marino, el nuevo alcalde de Roma, tiene 58 años, es médico de profesión y especialista en transplantes —realizó los dos primeros trasplantes de hígado de babuino a personas en 1992 y 1993— hasta que hace siete años decidió probar suerte en la política y logró un escaño en el Senado en las listas del Partido Democrático. Hace dos semanas, Marino ya venció por 12 puntos de diferencia al actual alcalde, Gianni Alemanno, del PDL, pero en la segunda vuelta lo ha barrido literalmente: 63,93% frente a 36,07%, casi 28 puntos de diferencia.

El médico Ignazio Marino será el nuevo regidor de la capital italiana

Alemanno, cuyos cinco años de mandato han sido un desastre sin paliativos para la capital de Italia, no tardó en respirar por la herida. Tras admitir la derrota, aprovechó para lanzar una pulla a su jefe Berlusconi, quien en las dos semanas que transcurrieron entre la primera y la segunda vuelta lo dejó ostentosamente abandonado a su suerte: “Con Roma”, advirtió el alcalde derrotado, “el centroderecha pierde la última alcaldía importante que le quedaba en Italia”.

Y así es. De las 11 capitales que estaban ayer en juego, el centroizquierda venció en las 11, incluida Siena, donde el escándalo del Monte dei Paschi —un banco ligado tradicionalmente a la izquierda— ha salpicado de lleno al PD. Si se abre el foco, de los 92 principales municipios de Italia que elegían a su alcalde, 50 han sido conquistados por el centroizquierda, mientras que solo 14 pertenecen al partido de Berlusconi. Hace cinco años, la relación era la contraria. El PDL tenía la vara de mando en 47 mientras el PDL solo en 33. Tras conocer los resultados, el primer ministro, Enrico Letta, declaró: “El resultado refuerza el Gobierno de coalición”.

La participación ha caído 30 puntos sobre los comicios locales de 2008

Sí, desde luego, por lo que respeta al PD, al que se le ha quitado la cara de susto que tenía desde que suscribió su acuerdo de gobierno con Berlusconi. Pero, ¿pensará lo mismo Il Cavaliere? Desde que el nuevo Ejecutivo echó a andar, el viejo jefe del centroderecha no ha dejado de amenazar a Letta con retirarle su apoyo si no se llevaban adelante las medidas que él iba proponiendo, confiado en lo que todas las encuestas le iban diciendo: la intención de voto hacia el PDL subía mientras el PD se seguía resquebrajando, sumido en sus luchas internas. Aunque no es conveniente extrapolar los resultados de municipales y generales, los datos significan un toque de atención a Berlusconi, al PDL y a la política en general. Todos los dirigentes —incluido el primer ministro Letta— reconocieron que el escuálido 48, 5% de participación, el raquítico 44,9% en Roma, encienden todas las alarmas. Aunque ya se veía venir con los resultados de hace dos semanas, en el que el gran perdedor fue el Movimiento 5 Estrellas, que se quedó fuera de la segunda vuelta en todas las ciudades importantes, nadie supo pararlo. De hecho, la campaña de Ignazio Marino, barruntándose el desafecto creciente, evitó en todo momento la identificación con el PD, cuyo pacto de Gobierno con el PDL de Berlusconi tiene desconcertado a su electorado. En la publicidad de campaña apenas se podía identificar el anagrama del partido y su lema era: “No es política. Es Roma”.

Sin embargo, nada más vencer, su primer discurso estuvo dirigido a reconducir la política para acercarla de nuevo a los ciudadanos. “Roma es la capital”, dijo, “desde aquí debe partir la reconquista moral del país. Debemos convencer a los ciudadanos de que la política no son sillones, sino servicio al ciudadano. Esta ciudad tiene que volver a soñar. Quiero lograr que los ciudadanos vuelvan a sonreír”.