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La oposición venezolana busca aliados en América Latina

Dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática continúan de gira para denunciar la ilegitimidad del Gobierno de Maduro y denunciar persecución, detenciones y torturas

Ya han visitado Paraguay, Perú, Chile, Colombia y Uruguay y este miércoles, llegarán a Argentina. En la última semana, los dirigentes de la oposición venezolana han recorrido casi la región entera en busca de apoyos para su reclamo de que se audite el resultado electoral de las presidenciales del pasado 14 de abril, que dieron como ganador a Nicolás Maduro por un margen estrecho de votos, y para denunciar que el nuevo Gobierno persigue y tortura a la disidencia. Su llegada a Buenos Aires coincidirá con la del presidente Maduro, quien este martes inició una gira por tres de los países del Mercosur –Uruguay, Argentina y Brasil—, también en procura de respaldos para su Gobierno y a cambio de mantener la venta de petróleo a precios preferenciales. La opositora Mesa de la Unidad Democrática ha solicitado, además, a la Organización de Estados Americanos que medie en la crisis política que atraviesa Venezuela.

“Estamos presentando a las fracciones parlamentarias y al Mercosur la situación de Venezuela y en particular, denuncias concretas de violación de derechos humanos, de persecución, tortura, presos políticos y casos muy graves de personas que han sido despedidas de su trabajo por razones políticas”, ha explicado Leopoldo López, exalcalde e integrante del comando de campaña del candidato único de la oposición, Henrique Capriles, para los comicios que se celebraron el 14 de abril. López encabezó la delegación que este martes fue recibida en Montevideo por un grupo de parlamentarios de los partidos opositores Nacional, Colorado e Independiente, y que este miércoles viajará a Buenos Aires para llevar el mismo mensaje.

“Tenemos más de 4.100 denuncias concretas de personas que han perdido su trabajo por tener la sospecha el gobierno de que apoyaban a la oposición. Hay más de 200 detenidos torturados y presos políticos”, ha dicho el político venezolano. Su aspiración es que estos casos sean considerados por el Parlasur –el parlamento del Mercado Común del Sur (Mercosur)—y sumar apoyos para que la Organización de Estados Americanos (OEA) active los mecanismos previstos en la Carta Democrática Interamericana para superar la crisis política que atraviesa Venezuela.

La oposición venezolana, liderada por Henrique Capriles, ha impugnado los resultados de las presidenciales en que las que Nicolás Maduro fue proclamado ganador por una ventaja de 225.000 votos, que representan un 1,7% de los escrutinios válidos. La misma noche que se declaró ganador, Maduro aceptó la auditoría de los votos: “Que las cajas (las urnas electorales) hablen y digan la verdad”, dijo, el 14 de abril, en respuesta a la queja de la oposición. Pero luego cambió de opinión. En su defecto, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela aceptó realizar una auditoria parcial de los votos, que no incluye la revisión de los cuadernos electorales donde, según la oposición, están las pruebas de las irregularidades ocurridas durante el conteo.

Esta disputa ha acentuado aún más la polarización política que mantiene dividida a la sociedad venezolana desde hace más de una década, y ha desembocado en violencia. Uno de los episodios más notorios de esta confrontación ocurrió el pasado 30 de abril, en la Asamblea Nacional de Venezuela, cuando una decena diputados opositores fueron agredidos a golpes por sus pares del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela. Entre los contusos, estaba la diputada Nora Bracho, que acompaña a Leopoldo López en su viaje a Uruguay y Argentina. “Todo esto sucede como síntoma de la inestabilidad del Gobierno de Nicolás Maduro, que es legal pero no es legítimo, porque proviene de un proceso electoral viciado”, ha dicho Bracho a EL PAÍS, vía telefónica, desde Montevideo.

El jueves pasado, en Lima, la visita de la oposición venezolana fue acogida por el Congreso y la Cancillería de Perú, lo cual desató un breve impasse entre los Gobiernos de Nicolás Maduro y Ollanta Humala, que ya fue superado. Tras recibir a la delegación de la MUD, el canciller peruano Rafael Roncagliolo dijo que promovería un nuevo pronunciamiento de la Unasur –la Unión de Naciones Suramericanas, que dio su apoyo a la elección de Maduro en una cumbre de emergencia celebrada el 18 de abril- para solicitar al heredero de Hugo Chávez “tolerancia y diálogo” en el manejo de la situación interna de su país. Tanto la declaración de Roncagliolo, como el llamado de España y del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, a que se audite el resultado electoral, han sido calificadas por el Gobierno venezolano como gestos de “intervencionismo”.

La opinión de Nicolás Maduro es que las críticas a su elección y a su Gobierno que han llevado los opositores venezolanos al sur del continente pretenden dividir la unidad regional. “El único inconveniente real sería dividirnos y que Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) perdiera la perspectiva del horizonte unitario que ha ido construyendo”, ha dicho, durante una conferencia de prensa que ofreció este martes en Montevideo, junto al presidente uruguayo José Mujica, luego de prometer más envíos de petróleo a precios preferenciales y horas antes de recibir, de manos de la intendenta, las llaves de la ciudad.