Berlusconi logra pocas carteras, pero se consolida como socio ineludible

El nuevo Gobierno dependerá de los votos de la formación de Il Cavaliere

Silvio Berlusconi, seguido por Angelino Alfano, en el Quirinal el martes.
Silvio Berlusconi, seguido por Angelino Alfano, en el Quirinal el martes.ALBERTO PIZZOLI (AFP)

El centroizquierda italiano no puede estar feliz. De nuevo, como aquel 11 de noviembre de 2011 y los 15 tristes meses que siguieron bajo la batuta estricta de Mario Monti, el Partido Democrático (PD) —o lo que va quedando de él— da una lección de sentido de Estado, de responsabilidad, de anteponer los intereses de Italia a los suyos propios. Pero el verdadero resultado es que, una vez más, Silvio Berlusconi vuelve a salirse con la suya. Lo relevante no es que nueve ministros —incluyendo a Enrico Letta— pertenezcan al centroizquierda frente a solo cinco del Pueblo de la Libertad (PDL) y tres de Monti; lo crucial es que la llave del oxígeno sigue estando en manos de quien durante las últimas dos décadas manejó a su antojo la política italiana. Cuando ganó en las urnas y también cuando, como en esta ocasión, perdió.

Pier Luigi Bersani, y también Enrico Letta, juraron durante la pasada campaña electoral que jamás pactarían con Berlusconi. ¿Cuántos de sus electores los votaron creyendo que sería así y ahora se sienten estafados? También se puede hacer la pregunta al revés. ¿Cuántos de los electores del PD hubiese estado de acuerdo con que el centroizquierda se tirase al monte legítimo de su no rotundo a Berlusconi impidiendo la gobernabilidad de Italia en un momento tan difícil como este? La intersección entre las dos preguntas se llama Enrico Letta. Su Gobierno huele a vieja Democracia Cristiana, y también a chantaje de Berlusconi, y a influencia férrea de los poderes fuertes, pero también tiene un aroma de esperanza y de renovación y de brindis por una Italia solidaria y abierta que se encarna en el rostro negro y sonriente de Cecile Kyenge.

Lo difícil para Enrico Letta no era formar un buen gobierno —siéndolo, y mucho—, lo difícil viene a partir de mañana. No solo venciendo el escepticismo de sus compañeros de partido y obteniendo la confianza de la Cámara de Diputados y del Senado, sino aventurándose a navegar con una embarcación construida a retales.

El Gobierno de Letta no solo tiene por delante el desafío del trabajo, de la pobreza, de la deuda, de los miles de jóvenes sobradamente preparados que tienen que buscar fuera lo que en su país no encuentra, sino también tiene el reto de la credibilidad. La reforma electoral, la reducción de los costes de la política, la supresión de un sistema bicameral que convierte al país en ingobernable… Pero también tiene que abordar asuntos legislativos y judiciales que chocan frontalmente con los intereses privados de Berlusconi. ¿Será capaz Letta de adoptar medidas en contra de uno de sus patrocinadores? O, mejor, ¿será capaz su vicepresidente y ministro del Interior, Angelino Alfano, de actuar —llegado el momento— con sentido de Estado y no de pertenencia a su jefe político?

Fuente: elaboración propia.
Fuente: elaboración propia.EL PAÍS

Hay más dudas razonables. No solo sobre cuánto puede durar un Gobierno así, sino cómo va a tomar el electorado de izquierdas, llegado el momento, una decisión así por parte del PD. ¿Logrará Beppe Grillo rentabilizar un caos que ha contribuido a plantar? El cómico y bloguero llora por las esquinas diciendo que el acuerdo entre el PD y PDL tira a la basura los ocho millones de votos que logró en las elecciones su Movimiento 5 Estrellas. Pero, ¿qué hizo él con esos ocho millones de votos cuando Pier Luigi Bersani se los pidió prestados para librarse de una vez de Silvio Berlusconi?

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Con una camisa azul, despechugado, rodeado de guardaespaldas tras hablar con Letta, más moreno que de costumbre por el sol de Dallas tomado en compañía de su amigo José María Aznar, Berlusconi saludó exultante a los partidarios que lo aclamaban a la puerta de su palacio romano. “¡No te vayas!”, le pedía una partidaria. Nada que temer. No se irá.

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