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El centroizquierda busca recuperar el pulso de la campaña italiana

El Partido Democrático, favorito en los comicios, hace una exhibición de unidad en Florencia

El líder del Partido Democrático, Pierluigi Bersani, habla en Florencia con el alcalde, Matteo Renzi.
El líder del Partido Democrático, Pierluigi Bersani, habla en Florencia con el alcalde, Matteo Renzi. AFP

Una Italia justa, apoyada en la moralidad y en el trabajo, capaz de mirarse de nuevo al espejo. Subidos al escenario del teatro Obihall de Florencia, Pier Luigi Bersani, de 61 años, y Matteo Renzi, de 37, reciben juntos el aplauso de miles de simpatizantes. Hace solo dos meses, el veterano secretario general del Partido Democrático (PD) y el joven alcalde de la ciudad toscana compitieron a cara de perro por convertirse en el candidato del centroizquierda a presidir el próximo Gobierno de Italia. Ganó Bersani –60,8% contra 39,2%—, pero aquellas primarias tan competidas encerraban también el peligro de la escisión. Sin embargo, este viernes se ha constatado que entre los múltiples obstáculos que tendrá que sortear el centroizquierda antes de llegar al poder –la resurrección de Silvio Berlusconi, la metamorfosis de Mario Monti, el escándalo del banco Monte dei Paschi— no parece encontrarse esta vez la vieja manía de la izquierda de luchar contra sí misma. 

Renzi le ha abierto su ciudad a Bersani, y el líder ha sabido agradecérselo. No se parecen en nada, pero hacen buena pareja. El joven alcalde ha hablado primero y ha querido dejar las cosas claras: “Venció él. Yo lo apoyo. Acostumbrémonos a la lealtad”. Y enseguida se ha aplicado con esmero a desbaratar las últimas “ocurrencias” de sus adversarios directos. “Durante meses”, ha acusado, “Monti dijo que no sería candidato y que se quedaría por encima de los partidos, pero ahora está en el ring de la política, todos los días, junto a personas muy alejadas de él”. Se refería a Gianfranco Fini, actual presidente de la Cámara de Diputados y antiguo aliado de Berlusconi, con quien fundó el Pueblo de la Libertad (PDL) y con quien firmó alguna de las leyes más infames del berlusconismo como la que criminalizaba la inmigración clandestina. Sobre Berlusconi y su chequera ha advertido: “No lo debemos infravalorar. Debemos saber que es capaz de contratar a Balotelli [futbolista recién fichado por el Milan], pero aunque contrate al mago Silvan no puede hacer desaparecer las cosas que hizo”.

También Pier Luigi Bersani se ha quejado de la metamorfosis de Mario Monti. “Durante un año”, ha dicho, “no nos ha encontrado jamás un defecto y ahora, desde hace 15 días, nos encuentra uno al día. Su ocurrencia de hoy [ha atacado al Partido Democrático por ser un partido demasiado viejo, fundado en 1921] es verdaderamente infeliz. Se puede decir cualquier cosa, pero no herir un proyecto del que no tiene ni idea. Estamos en medio de la peor crisis desde la guerra y, a pesar de eso, estamos en medio de una campaña que es un festival de ataques al adversario y de promesas que no se podrán cumplir. No es digno de un país serio”.

El encuentro en Florencia, además de certificar la unión, tenía el objetivo de transmitir confianza a los simpatizantes después de una semana muy difícil. Los escándalos del Monte dei Paschi de Siena, un banco tradicionalmente ligado a la izquierda, se han convertido en un gran contratiempo en la campaña electoral. Aunque el PD sigue siendo favorito, los últimos sondeos señalan que Berlusconi se acerca peligrosamente y que ya podría estar a solo cinco punto del centroizquierda. No obstante, el anterior primer ministro ha sufrido hoy un varapalo al no conseguir que un tribunal de Milán archive el caso Mediaset por evasión fiscal—, uno de los procesos que amenazan la fulgurante resurrección del siempre sorprendente político italiano.