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La ONU trata de avivar el diálogo en Siria mientras la guerra empeora

El argelino Brahimi visita por tercera vez Damasco para mantener abierto el diálogo

La oposición consentida por el régimen apuesta por la formación de un Gobierno de transición

Foto oficial de la agencia Sana del encuentro entre Lakhdar Brahimi (a la izquierda) y Bachar el Asad. Ampliar foto
Foto oficial de la agencia Sana del encuentro entre Lakhdar Brahimi (a la izquierda) y Bachar el Asad. AFP

Que el enviado de la ONU a Siria, Lakhdar Brahimi, haya evitado por arriesgado el aeropuerto de Damasco y optado por entrar a través de la frontera de Líbano —sendero que recorren muchos opositores—, dice mucho del estado de las cosas en el frente. El diplomático argelino llegó este domingo a la capital siria en una visita poco esperada. “Le he comentado [al presidente Bachar el Asad] lo que he visto y hablado con diferentes actores regionales y extranjeros”, trasladó Brahimi a la prensa tras la cita mantenida el lunes. “La situación en Siria”, sostuvo el argelino, “es motivo de preocupación. Espero que las partes trabajen para llegar a una solución”.

El enviado de la ONU y la Liga Árabe manifestó, con especial celo, que durante su charla con El Asad había explicado los “pasos” que el régimen debe dar en el futuro para frenar la crisis y una sangría que, según los cálculos de activistas, ha matado en 21 meses a más de 40.000 personas. Tampoco fue mucho más claro el mensaje lanzado desde la presidencia siria: “El Asad subrayó [en su conversación con Brahimi] el interés del Gobierno en trabajar por el éxito de cualquier esfuerzo que beneficie a los intereses del pueblo sirio y preserve la soberanía e independencia de la nación”.

El fracaso cosechado por el emisario argelino en su viaje de octubre, en el que alcanzó el compromiso de los dos bandos por una tregua que nunca existió, ha bajado, al menos en su versión pública, el listón del plan de viaje. En el fondo, Brahimi lleva hasta Damasco un nuevo intento por sentar en una misma mesa a opositores y miembros de la actual cúpula de poder para, primero, abrir el diálogo y, segundo, poner la vista en una futura transición sin violencia con un Gobierno provisional en el que el régimen podría tener aún buena presencia. Esta opción, sellada en Ginebra en junio por el Grupo de Acción para Siria (en el que están representados EE UU, la UE, el Consejo de Seguridad de la ONU y los países árabes) contaría con el apoyo de Rusia y China, aliados todavía de El Asad, quien, en todo caso, debería dejar paso a una nueva presidencia.

La formación de un Ejecutivo transitorio es precisamente la propuesta defendida por el Comité Nacional de Coordinación para el Cambio Democrático (CNCCD), grupo opositor consentido por Damasco, que este martes se dio cita con Brahimi. "La única solución", señaló tras la reunión el secretario ejecutivo del CNCCD, Raja al Nasser, "es [la formación] de un Gobierno de transición, que disponga de todos los poderes y que conduzca al país a buen puerto". El Comité se mostró satisfecho por el compromiso expresado por Brahimi durante el encuentro para alcanzar un consenso internacional que resuelva la crisis.

El CNCCD, cercano a las posturas de Moscú, rechaza el uso de la violencia y apuesta por una solución política. En un visita reciente a España, su líder, Haytham Manna, abrió la puerta a que el vicepresidente Faruk al Chara comande un periodo transitorio hasta la formación de un nuevo régimen democrático.

La visita de Brahimi coincidió con la denuncia por parte de activistas de la ciudad de Homs del “uso de un gas desconocido” por las fuerzas leales al régimen. Según informó el lunes por teléfono Mataz Suheil, del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, seis milicianos rebeldes murieron en el barrio de Khaldiyá por el efecto de un “gas blanco” cuya tipología desconocen, por lo que han instado a la Cruz Roja a que se persone para iniciar una investigación.