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Detenida la hija de un expresidente iraní por apoyar a la oposición

Faezeh Hachemí, hija del expresidente Alí Akbar Hachemí (conocido en Occidente por su patronímico, Rafsayaní) fue trasladada este sábado a la prisión de Evín

Faezeh Hachemí, detenida el sábado en Irán, en una imagen de 2000.
Faezeh Hachemí, detenida el sábado en Irán, en una imagen de 2000. AFP

Las autoridades judiciales iraníes han detenido a Faezeh Hachemí, hija del expresidente Alí Akbar Hachemí, conocido en Occidente por su patronímico, Rafsanyaní. Según la agencia Irna, la policía acudió a su domicilio el sábado por la noche y la trasladó a la prisión de Evín, al noroeste de Teherán, para hacerle cumplir los seis meses de cárcel a que fue condenada a principios de año por “propaganda contra el régimen”. No parece una coincidencia que la fiscalía haya decidido ejecutar la sentencia justo cuando la prensa empieza a especular con que Rafsanyaní podría concurrir a las elecciones del año que viene.

Faezeh, de 50 años y figura política por derecho propio (fue miembro del Parlamento entre 1996 y 2000), ya había sido brevemente detenida en febrero del año pasado por dirigir “un grupo de alborotadores antirrevolucionarios”. Sin embargo, según su abogado, la condena no tuvo que ver con esa o anteriores detenciones, sino con una entrevista a una web opositora en la que criticó las violaciones de derechos humanos y la política económica del Gobierno. Además de seis meses de cárcel, el tribunal revolucionario le impuso cinco años de inhabilitación política.

Es un secreto a voces que la exdiputada simpatizaba con los reformistas a los que el presidente Mahmud Ahmadineyad ha cerrado el paso. En junio de 2009, tras su controvertida reelección, Faezeh desafío al sistema islámico, del que su familia es un pilar innegable, acudiendo a la plaza de Vanak de Teherán para unir su voz a quienes cuestionaban el resultado. Pero su procesamiento y condena van más allá de su contestación que siempre se ha mantenido dentro de ciertos límites. No puede separarse de la presión que los ultraconservadores han ejercido sobre la acaudalada familia Rafsanyaní desde entonces.

La rivalidad entre Rafsanyaní y Ahmadineyad se remonta a 2005 cuando el veterano político, uno de los colaboradores más próximos del ayatolá Jomeiní y que presidió el país entre 1989 y 1997, perdió las elecciones frente al entonces casi desconocido alcalde de Teherán. Rafsanyaní, que como presidente ganó fama de pragmático, se tragó la humillación en silencio, pero en la convocatoria de 2009 puso su experiencia, y su dinero, al servicio de Mir-Husein Musavi, el candidato de la corriente moderada del sistema, más en sintonía con sus propios intereses.

Esa apuesta y el hecho de que no denunciara con suficiente claridad a quienes cuestionaron el triunfo de Ahmadineyad, le han restado poder e influencia dentro del sistema. En marzo del año pasado perdió su cargo como presidente de la Asamblea de Expertos, que pasó a un aliado del actual presidente. Aunque su pedigrí como uno de los hombres que ayudó a fundar de la República Islámica le ha protegido del ostracismo total, el acoso de sus rivales políticos se ha canalizado a través de sus hijos, cuyas finanzas se han investigado. Sobre otro de ellos, Mehdi, pende una amenaza de detención si regresa de Londres, donde se refugió hace tres años con el pretexto de hacer un doctorado.

En los últimos meses, la prensa iraní debate la posibilidad de que Rafsanyani, de 78 años y que aún dirige el Consejo de Discernimiento (la más alta instancia de arbitraje), se presente a las elecciones de 2013. Se menciona que desde hace un año se ha distanciado de la oposición y que vuelve a aparecer junto al líder supremo y su viejo rival político, Alí Jameneí. Tal vez sólo sea la proyección de los deseos de quienes consideran que su pragmatismo se traduciría en una actitud menos agresiva frente a Occidente.