Las FARC pedirán un alto el fuego y dicen estar dispuestas al desarme

La guerrilla anuncia que pedirá el cese de las hostilidades en coincidencia con el arranque del proceso de paz en octubre

Los miembros de las FARC Ricardo Téllez y Mauricio Jaramillo (a la derecha), se dirigen a la prensa ayer en La Habana.
Los miembros de las FARC Ricardo Téllez y Mauricio Jaramillo (a la derecha), se dirigen a la prensa ayer en La Habana. Rolando Pujol (EFE)

Al tiempo que el Gobierno colombiano tiende la mano y busca a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para sentarse a una mesa de diálogo y hablar de paz, los militares siguen apretando con todo su arsenal en la persecución a esta guerrilla en las montañas y selvas de Colombia. El mismo martes, cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció formal del comienzo del proceso de paz, el Ejército colombiano mató a Danilo, jefe del llamado frente 33 y mano derecha del jefe máximo de esta organización subversiva, Timochenko.

Pocas horas después de conocerse la muerte de Danilo, las FARC anunciaron su intención de pedir al Gobierno colombiano un alto el fuego en coincidencia con el arranque de las conversaciones de paz, previsto para octubre en Oslo. “Propondremos un alto el fuego en cuanto empiece el diálogo”, aseguró Mauricio Jaramillo, El Médico, un líder de la guerrilla, en una conferencia de prensa ofrecida por varios líderes de las FARC en La Habana.

Más información
Las FARC preparan su brazo político
Declaración del Gobierno cubano en apoyo al diálogo
La guerrilla colombiana confirma que negociará con el Gobierno
Santos y las FARC negocian la paz en Colombia sin una tregua previa
EDITORIAL: Otra Colombia
La paz es la victoria, por M. Á. BASTENIER

Pero, mientras tanto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia no ablandan el pulso. “Las operaciones militares, señor ministro, señores comandantes, continuarán con la misma o más intensidad”, había dicho Santos cuando reveló los cinco puntos del acuerdo firmado con las FARC.

Sus palabras fueron órdenes. Por José Epimenio Molina, conocido con el alias de Danilo, se ofrecían 800 millones de pesos de recompensa (casi 364.000 euros). Entró en las FARC hace 37 años y en todo este tiempo desempeñó cargos de importancia estratégica en la guerrilla. Formaba parte de una lista de 50 guerrilleros extraditables a Estados Unidos por delitos relacionados con narcotráfico.

Danilo fue el responsable de más del 70% de las acciones contra policías y militares en los últimos cuatro años, y contra pobladores, infraestructura vial y petrolera, y torres eléctricas en la región de El Catatumbo. “Tenía nueve órdenes de captura por los delitos de terrorismo, rebelión, narcotráfico, homicidio y secuestro, emanadas por las fiscalías de Bogotá, Cúcuta y Bucaramanga”, señaló la Fuerza Aérea colombiana en un comunicado. “Su muerte representa un golpe contundente a la espina dorsal de Timochenko”, agregó el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

Es así como la muerte de Danilo, dentro del marco de las negociaciones con el Gobierno, lleva un mensaje claro a la guerrilla de que las operaciones contra este grupo ilegal no cesarán. Los ocho años de ofensiva militar contundente que lideró el expresidente Álvaro Uribe, y los dos que lleva el presidente Santos, han acabado con la vida de jefes guerrilleros importantes como Alfonso Cano, Raúl Reyes, e Iván Ríos.

Esa ofensiva es la que, precisamente, ha llevado a las FARC a quedar en desventaja militar frente a las fuerzas de seguridad y la que ha forzado al grupo ilegal a aceptar hablar sobre la posibilidad de una salida negociada a 50 años de conflicto.

En el actual proceso de negociación, el alto el fuego no fue una condición previa, sino el tercer punto de la agenda acordada entre las partes. El objetivo es “el cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo”, así como “la dejación de las armas y la reincorporación de las FARC a la vida civil en lo económico, lo social y lo político, de acuerdo con sus intereses”.

Y esa es una de las críticas que algunos sectores en Colombia le han hecho al acuerdo firmado por el presidente Santos y Timochenko, ya que aunque el Gobierno tiene luz verde para combatirlas, las FARC no están obligadas a detener los sabotajes y los ataques contra los civiles.

“No nos oponemos a un proceso de paz para Colombia, pero este, tal y como está [planteado], no tendrá el éxito esperado por no haber cese de hostilidades”, ha dicho el senador Juan Carlos Vélez, del Partido de la U del expresidente Uribe.

Las FARC, sin embargo, anunciaron en Cuba que tan pronto como se sienten en la mesa en Oslo, en la primera quincena de octubre, pedirán un cese al fuego bilateral. “Vamos a plantearlo, vamos a pelearlo, mejor dicho. Vamos a discutirlo ahí en la mesa, tenemos ya un punto definido que es el de tierras, pero también vamos a hablar del cese de fuego bilateral”, aseguró uno de los portavoces guerrilleros.

“Esta negociación no será nada fácil, siempre habrá temas que no le gusten al Gobierno, pero para eso estamos, para dialogar, y estamos dispuestos a buscar la mejor salida para preservar la mesa y cuidar esa oportunidad de paz para Colombia”, dijo Rodrigo Granda, conocido como el canciller de las FARC, al finalizar la conferencia de prensa en La Habana.

En el mismo acto, la guerrilla anunció que formarán parte de su equipo de negociadores Iván Márquez, del secretariado de las FARC y uno de los más radicales de la organización, y Jesús Santrich, segundo de Márquez. También anunciaron su intención de llevar como negociador a Simón Trinidad, preso en Estados Unidos desde 2004, condenado a 60 años de cárcel por el secuestro de tres ciudadanos de ese país. Santos contestó públicamente que las FARC deben “ser realistas” y comprender que “hay cosas que se pueden y otras que no”.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS