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Peña Nieto deja atrás el conflicto electoral

El presidente electo de México inicia la transición política con la Administración saliente

Enrique Peña Nieto eleva el pulgar como símbolo de victoria tras conocer que se encaminaba al triunfo electoral el 1 de julio.
Enrique Peña Nieto eleva el pulgar como símbolo de victoria tras conocer que se encaminaba al triunfo electoral el 1 de julio. REUTERS

El presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), anunció el martes la composición del equipo de colaboradores que se encargará de llevar a cabo la transición política con la Administración saliente hasta su toma de posesión el próximo 1 de diciembre. Su presentación tuvo un cierto carácter de urgencia, de empezar ya a trabajar, tras las elecciones de julio y el conflicto electoral posterior al negarse el candidato de la izquierda, Andrés López Obrador, a reconocer su derrota, y prefigura en cierta forma la composición y prioridades del futuro Ejecutivo.

“El proceso electoral ha concluido. Ahora me toca trabajar en las políticas de Gobierno que se implementarán a partir del 1 de diciembre y cumplir los compromisos de campaña”, fueron las primeras palabras de Peña al presentar a los más de 40 hombres y mujeres que forman el equipo de transición. De ellos, destacan dos hombres fuertes: Luis Videgaray, su jefe de campaña, que se encargará de coordinar las áreas económica, social e internacional; y Miguel Ángel Osorio Chon, exgobernador del Estado de Hidalgo, que se responsabilizará del área de seguridad y del diálogo político con el resto de fuerzas políticas. El equipo está formado por veteranos del partido y jóvenes políticos poco conocidos aún por la opinión pública mexicana y obedece también a la tradición priista de reparto de cuotas entre sus líderes con leales del Estado de México, del que Peña Nieto fue gobernador entre 2005 y 2011, y colaboradores de la última campaña electoral.

La única sorpresa fue la designación de Rosario Robles, ex dirigente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), como vicecoordinadora de Política Social, un gesto con el que Peña Nieto quiere mostrar su voluntad de consenso.

Aunque el propio líder del PRI insistió en que el equipo de transición no debe entenderse como un anticipo del futuro Gobierno se da por hecho que Videgaray será el hombre fuerte de su Gabinete y responsable de sacar adelante las reformas estructurales —laboral, fiscal y energética— prometidas durante la campaña electoral. La reforma fiscal se intuye como una prioridad para recaudar los ingresos necesarios que permitan impulsar la Seguridad Social universal, obsesión de Peña Nieto.

El líder priista iniciará una gira por cinco países latinoamericanos

El presidente electo, que se ha definido como “un pragmático sin ideología” y que insistió durante toda la campaña electoral en que el suyo sería “un Gobierno eficaz”, tiene prisa por aprobar reformas que tengan un rápido impacto en la población y de pasar como dijo recientemente de “una democracia electoral a una democracia de resultados”.

Con este sentido de urgencia, Peña Nieto iniciará la segunda quincena de este mes de septiembre una gira internacional que le llevará a Guatemala, un país fronterizo y con el que México comparte tanto el drama de la inmigración como la actividad de los carteles de la droga; y Colombia, una nación con experiencia en la lucha contra el narcotráfico y cuyo responsable policial, el general Óscar Naranjo, ha sido nombrado por el líder priista asesor en este materia.

Peña Nieto también visitará Brasil, que ofrece el modelo de gestión de Petrobras en un momento en el que el PRI pretende abrir el monopolio de petróleo, Pemex, a la iniciativa privada, y también Chile y Argentina. En el mes de noviembre está previsto que viaje a Washington y Nueva York.

El carácter de la nueva presidencia del PRI, tras los 12 años que ha permanecido fuera del Gobierno federal, es una de las grandes incógnitas políticas de México, que solo se despejará en los próximos meses con su acción de Gobierno. Una parte de la opinión pública teme que signifique una restauración autoritaria del viejo partido hegemónico mientras que otros muchos consideran que si bien el PRI puede no haber cambiado todo lo suficiente, sí lo ha hecho y mucho la sociedad mexicana y que cualquier involución democrática ya no es posible.