La vuelta del autobús calcinado

El ataque suicida revive uno de los peores tipos de atentado para los israelíes Netanyahu acusa a Irán y a Hezbolá del ataque contra turistas en Bulgaria

Estado en que quedó el autobús que fue objeto del atentado.
Estado en que quedó el autobús que fue objeto del atentado. EFE

“Irán es el exportador de terrorismo número uno”, dijo ayer el primer ministro Benjamín Netanyahu en rueda de prensa poco después de que aterrizara en suelo israelí uno de los dos aviones fletados por el Gobierno para trasladar a la treintena de israelíes que resultaron heridos la víspera en el atentado suicida de la ciudad costera de Burgas, en Bulgaria. Netanyahu aseguró que fue un atentado orquestado por miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán a través de la milicia libanesa Hezbolá — “el largo brazo de Irán”—, que se suma a los perpetrados en los últimos meses en Tailandia, India, Chipre o Azerbaiyán.

El jefe del Ejecutivo israelí prometió no rendirse ante el terrorismo de la República Islámica y señaló que los responsables del ataque “pagarán un alto precio” por lo ocurrido. Sin embargo, tanto el presidente búlgaro, Rosen Plevneliev, como el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, pidieron prudencia a Netanyahu, al menos hasta que los especialistas en explosivos y los forenses presenten un informe completo, antes de atribuir la autoría a un país u organización. Por su parte, el Gobierno de Irán ha negado este jueves su participación en el atentado y ha manifestado que "condena firmemente" los actos terroristas en cualquier lugar del mundo.

El atentado de Bulgaria, que mató a cinco turistas israelíes que acababan de aterrizar para unas vacaciones en la costa del mar Negro, al búlgaro que conducía el autobús y al suicida, revivió una de las peores pesadillas de los israelíes. Suicidas palestinos mataron a cientos de personas en autobuses durante la segunda intifada. El último atentado similar en Israel fue en 2004.

La identidad del suicida no ha sido confirmada, pero medios de comunicación búlgaros atribuían la autoría material a Mehdi Ghezali, un sueco de origen argelino y finlandés que estuvo preso en el centro de detención de la base estadounidense de Guantánamo entre 2002 y 2004 tras haber estudiado en una escuela religiosa de Reino Unido y viajado a países como Pakistán y Afganistán, donde fue detenido en 2009.

Sea cual sea la respuesta de Israel, se espera un aumento de la tensión en la región

El atentado —señalado como un fallo de seguridad, porque Israel no tenía noticia de amenazas en Bulgaria— podría convertirse en la excusa perfecta para centrar el foco sobre el programa nuclear iraní, ante la aparente falta de resultados tras la ronda de negociaciones auspiciadas por el Grupo 5+1 (los miembros del Consejo de Seguridad y Alemania). De hecho, horas antes el propio Netanyahu mencionó el precedente del asesinato del embajador israelí en Londres Salomón Argov, que tuvo lugar en 1982 y se convirtió en el detonante de la invasión israelí de Líbano.

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Lo que debaten los expertos ahora es si Netanyahu podría lanzarse a la aventura de bombardear alguna de las instalaciones nucleares de Irán —lo que conllevaría una contraofensiva iraní con el lanzamiento de misiles contra objetivos israelíes y una segura escalada del conflicto hacia una guerra abierta— o, por el contrario, podría preferir un ataque quirúrgico contra la infraestructura de Hezbolá en Líbano.

Otra opción sería el asesinato de alguno de los líderes de Hezbolá, incluido su carismático secretario general, el jeque Hasan Nasrala, algo de lo que también existen precedentes. Fue precisamente el asesinato de su predecesor, el jeque Abás Musawi, lo que llevó a Hezbolá a perpetrar —supuestamente con la ayuda de los pasdarán iraníes— dos espectaculares atentados contra la Embajada de Israel y contra el edificio de la comunidad judía AMIA en Buenos Aires, en 1992 y 1994 respectivamente.

Sea cual sea la respuesta israelí, todo apunta a una probable escalada de la tensión. Quizá el único interesado en calmar la situación sería el presidente de EE UU, Barack Obama, que parece preferir una resolución “diplomática” del contencioso antes que una confrontación bélica.

Para los analistas israelíes, Obama está atrapado entre la espada y la pared. Por un lado, podría tener que dar cobertura política y militar a su principal aliado en la región, en el caso de que atacara en represalia a Irán o a Hezbolá, para asegurarse el apoyo de los grupos de presión proisraelíes a su reelección. Por otro, la subida de los precios de los hidrocarburos agudizaría aún más la crisis mundial, repercutiendo negativamente en la economía estadounidense, que empieza a alzar el vuelo, y restándole el apoyo de las clases medias en los comicios de noviembre.

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