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TRIBUNA

Encaminar la frustración electoral

La batalla política en México tiene que salirse del reclamo por un resultado electoral para desplazarse hacia un reclamo dirigido a cómo el sistema crea y mantiene a ciertos grupos de ciudadanos más poderosos que a otros con instrumentos poco democráticos

En el sistema político mexicano existe una obsesión por el control del poder ejecutivo. Está justificada porque hay algunos elementos institucionales que tienden a darle un margen político al Presidente de la República distinto al que parece haber sido la intención de quienes legislaron las atribuciones y límites de ese poder. Pero si por unos minutos hacemos a un lado la obsesión presidencial, hay noticias interesantes en otros espacios de distribución del poder tras las elecciones del domingo pasado.

La bancada del PRI y sus aliados, por ejemplo, será menor a la que tiene actualmente en la Cámara de Diputados y al igual que en la Cámara de Senadores no tendrán la mayoría absoluta que tanto deseaban. El PAN pasó de segundo a tercer lugar en la cámara baja, y el PRD y sus aliados casi duplicaron los resultados que tuvieron en la última elección legislativa. El movimiento #YoSoy132 cambió el comportamiento de varios actores políticos durante las campañas de manera inesperada, y transmite cotidianamente el interés que hay por continuar. Es decir, parece que todos perdieron un poco, algunos ganaron, y nadie perdió todo.

En este sentido no hay duda que el descalabro más grande lo recibió el partido que está en el poder y que en términos electorales redujo su presencia en casi todos los espacios de disputa política. Este hecho en sí obliga a una lectura pendiente sobre el desempeño del PAN en el Gobierno, los últimos doce años, no solo a nivel nacional sino a nivel estatal. En el caso de las izquierdas y en particular su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, han sido exitosos en subir al debate público, durante la campaña y en estos últimos días, varios temas que serán ineludibles en el futuro próximo: el uso ilegal de recursos públicos y privados en los procesos electorales, la calidad del periodismo (particularmente en medios electrónicos) y la pluralidad de la cobertura noticiosa, la estructura del mercado de medios de comunicación, y la falta de transparencia y/o conflictos de interés de las casas encuestadoras, entre otros.

Considerando que todos son temas controvertidos en donde los beneficiarios de la situación actual son particularmente poderosos, solo podemos esperar que haya cambios si los partidos de izquierda, tal vez un desanimado PAN, y las movilizaciones estudiantiles tienen la capacidad para mantenerlos vivos en el debate público en los meses por venir. Las resistencias que ha habido a lo largo del tiempo para lograr modificaciones en estos temas, tampoco permitirá prescindir del conflicto político, sino que es probable que requiera de él. La pregunta clave es: ¿cómo se puede canalizar la frustración de una derrota, para lograr cambios sustanciales pese a estar en una posición de debilidad?

La respuesta no es sencilla, pero al mismo tiempo es una de las especialidades de la forma en que López Obrador ha ejercido su liderazgo a lo largo de su carrera. Pensando un ejemplo cercando están las reformas electorales del 2007 promovidas en alguna medida como consecuencia de las protestas postelectorales de la elección del 2006. Entre ellas está la restricción a la compra directa de espacios en medios de comunicación por parte de los partidos políticos, y cambios más pequeños a la legislación electoral, que han permitido que en este proceso el conteo de votos sea aún más transparente.

La lección del 2006 también es que el conteo de votos y el IFE no son el factor real de poder que fue descrito tras esa elección, como sí lo son los medios de comunicación o el uso ilegal de dinero en las campañas electorales. El énfasis de los partidos de izquierda en defender los recuentos y el cuidadoso cómputo de los votos, tiene sentido como una defensa precisa y consistente por el ejercicio pleno de derechos civiles. Sin embargo, considerando los avances a través de los años de los mecanismos de conteo de votos, si se convierte en el centro del reclamo político y legal entonces solo se podrán esperar cambios marginales.

La batalla política por venir tiene que pensarse de manera creativa e inteligente. Tiene que reconocer que no existe una disyuntiva entre la protesta y el ejercicio de derechos civiles, y el trabajo legislativo y jurídico estratégico. Tiene que salirse del reclamo por un resultado electoral para desplazarse pronto hacia un reclamo dirigido a cómo el sistema político crea y mantiene a ciertos grupos de ciudadanos más poderosos que a otros con instrumentos poco democráticos. Solo así se podrán enfrentar y contrarrestar las peores prácticas políticas del PRI y paradójicamente, con su regreso, desmontar los elementos institucionales más nocivos que el PAN no se atrevió a enfrentar a lo largo de doce años en el poder.

Andrés Lajous es un periodista mexicano, colaborador de la revista Nexos.