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Hollande impone el cambio tranquilo

La habilidad del presidente francés convierte la rebelión de España e Italia en motor del acuerdo conseguido en Bruselas

François Hollande charla con Mario Draghi durante la segunda jornada de la cumbre de la UE en Bruselas.
François Hollande charla con Mario Draghi durante la segunda jornada de la cumbre de la UE en Bruselas. EFE

A las 0.51 del viernes, los tuits (#EUCO, por European Council) que salían de la vigésima cumbre europea dedicada a la salvación del euro anunciaron la conferencia de prensa de François Hollande. Mientras los diez países sin euro salían de escena, el presidente francés comparecía para dar un parte bélico: Italia y España se negaban a firmar el pacto de crecimiento, empezaba la reunión a Diecisiete. Sin inquietud, Hollande bromeó: “Puedo responder a algunas preguntas, pero que sean pocas porque si no la zona euro va a decidir sin mí”. En su segunda cumbre, el recién llegado mandatario socialista fue el encargado de dar la cara por todos para contar que había problemas y que el paquete del crecimiento, su gran promesa, estaba cerca de fracasar. Doce horas justas después, Hollande volvía a la sala de prensa y decía: “Señoras y señores, imagino que habrán pasado una buena noche, creo en todo caso que la cumbre ha salido bien”.

Sin triunfalismo, con ese halo de modestia genuina, el hombre apodado Flanby y al que solo unos días antes la canciller Angela Merkel había acusado de proponer soluciones fantasiosas y mediocres daba cuenta de los resultados de la cumbre. Durante una hora respondió a cuestiones de todo pelaje, cuando se puso técnico pidió perdón por ponerse técnico, y concluyó: “Es verdad que no ha sido como solía ser. No ha sido la solución de Francia y Alemania. Francia y Alemania han jugado un papel y han contribuido a las soluciones como el resto de países y las instituciones europeas. Y por eso hemos tardado tanto y hemos llegado tan lejos”. El hijo político de François Mitterrand, cuyo eslogan electoral en 1981 fue “la fuerza tranquila”, y sobrino político de Jacques Delors, gran impulsor del euro, logró reconducir la rebelión del Sur para convertirla en el motor de un acuerdo “sin más vencedores que el euro”. Medidas urgentes “para asegurar la estabilidad de Italia y España”, un “pacto de crecimiento que completa el de austeridad” —dejando atrás la depresión de la fase Merkozy—, la puesta en marcha de la nunca lograda tasa Tobin, y “un cuadro coherente de medio plazo para avanzar en la unión bancaria, monetaria y económica”. Y de propina, el desbloqueo, 40 años después, de la querella sobre el organismo de las patentes, cuya sede principal estará finalmente en París.

El presidente francés afirma que no ha habido "más vencedores que el euro"

El balance ha demostrado que el potencial de esta nueva Francia económicamente muy débil, pero muy potente ética y políticamente, está en la coherencia entre el estilo y el fondo: educación ante todo, respeto institucional, actitud democrática, ausencia de arrogancia y de demagogia, precisión en los datos y muy poca edulcoración o exageración de la realidad. Como no podía ser menos en un triple diplomado de las escuelas más prestigiosas, Hollande ha dejado en el aire incluso el concepto eufemismo que quizá servirá para definir la nueva era y las cesiones de soberanía que implica la unión política: la integración solidaria. Traducido: “Solo habrá progresos en ese terreno si en cada etapa hay también solidaridad suplementaria”. “Hemos sido flexibles y eficaces, pero el trabajo no está completo, aunque creo que hemos reorientado Europa como hacía falta”, acabó Hollande. ¿Así que ratificará el pacto fiscal? “Lo mandaré al Parlamento con todo lo demás cuando los textos estén listos. Ahora tiene una coherencia, es un acuerdo global que permitirá al Parlamento ver lo que queremos hacer en Europa a medio plazo”.