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El Constitucional alemán frena el acuerdo de Merkel sobre el pacto fiscal

La oposición arranca a la canciller su apoyo “para el crecimiento sostenible”

El presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel
El presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel EFE

El pacto fiscal europeo, piedra angular de la austeridad presupuestaria preconizada por la canciller Angela Merkel para la Unión Europea, superó el jueves su mayor obstáculo en Alemania. El acuerdo cerrado por la coalición de centro-derecha que preside la democristiana Merkel (CDU) y la oposición de socialdemócratas (SPD) y verdes allana el camino a la aprobación parlamentaria del pacto y también del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) el próximo día 29. El Gobierno necesita una mayoría de dos tercios en ambas Cámaras parlamentarias para sacar adelante el pacto fiscal y el MEDE, que contará con 500.000 millones de euros.

Ambas medidas han tropezado, no obstante, con el Tribunal Constitucional (TC) alemán, que pidió al presidente de Alemania Joachim Gauck que deje ambas normas sin firmar hasta que se aclaren los posibles contenciosos legales. Según diversas informaciones, la canciller quería que Gauck ratificara el pacto con su firma en el mismo día de su aprobación en la Cámara baja (Bundestag). El portavoz gubernamental, Steffen Seibert, desmintió este punto. Si bien el retraso causó considerable revuelo en Alemania, se espera que el TC tarde poco en evaluar los probables recursos de inconstitucionalidad contra el pacto fiscal y el MEDE.

Para dar su apoyo a ambas leyes, la oposición negoció con Merkel un nuevo impuesto a las transacciones financieras en Europa, que el Gobierno alemán va a proponer a sus socios en la próxima cumbre de Bruselas. Además, los partidos parlamentarios alemanes a excepción de La Izquierda (Die Linke) llegaron a un compromiso para que el pacto fiscal vaya acompañado de un “pacto para el crecimiento sostenible”. Su punto principal es la tasa financiera. También propone que los fondos de cohesión aún no comprometidos se destinen a “inversiones que promuevan el crecimiento y la creación de empleo”.

Estos medios económicos se dedicarán, según el pacto, a la innovación, la formación, la tecnología y la investigación. Además, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) aumentará su capital en 10.000 millones de euros para facilitar inversiones de 15.000 millones anuales durante los próximos cuatro años. Alemania defenderá también la emisión de deuda vinculada a proyectos europeos concretos. Los socios se comprometerían a combatir el paro juvenil con estos fondos.

La canciller Merkel acudirá a la cumbre europea de Bruselas con las espaldas bien cubiertas por el acuerdo alcanzado con la oposición. Merkel ha vinculado la votación del pacto fiscal con la del fondo de estabilidad para evitar disidencias en las filas conservadoras, reacias a nuevos desembolsos europeos.

Pero además de hablar con socialdemócratas y verdes, el Gobierno ha dedicado esta semana a cruzar declaraciones con otros líderes europeos como el primer ministro italiano, Mario Monti. Pide que el Banco Central Europeo (BCE) vuelva a comprar deuda de los países más afectados por la crisis. Tanto Merkel como su ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, han insistido en que ya hay vías establecidas en los tratados para que el fondo de estabilidad (EFSF, en sus siglas en inglés) —que a diferencia del MEDE ya está en funcionamiento— compre deuda en los mercados secundarios. Esta posibilidad está asociada a condiciones y a una petición formal. Para evitar estos trámites, Italia ha sugerido que los fondos europeos compren deuda automáticamente en cuanto los intereses se disparen injustificadamente. Schäuble ha dicho que su Gobierno “es flexible” respecto a “productos específicos, como la recapitalización bancaria española”, pero rechazó “hacer continuos debates en público, como si no hubiéramos alcanzado ya acuerdos precisos”.