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Los escándalos de corrupción debilitan a los partidos italianos

Monti refuerza su papel de tecnócrata ante el desprestigio de los políticos

El primer ministro italiano, Mario Monti, el 5 de abril en Nápoles.
El primer ministro italiano, Mario Monti, el 5 de abril en Nápoles. EFE

Cuando en abril de 1992 la Liga Norte conquistó 55 escaños en el Congreso, el sistema político italiano se caía a trozos bajo la encuesta anticorrupción de Manos Limpias. Umberto Bossi había fundado un partido que se cebaba en la oposición a la “Roma ladrona”, que se presentaba como perro guardián de los partidos que recaudaban dinero público para sus intereses. Veinte años más tarde, los hombres de camisa verde se han convertido en su propia némesis. Según los fiscales de Milán, Nápoles y Reggio Calabria, el tesorero de la Liga, Francesco Belsito, invirtió parte de los fondos del partido en Tanzania y Chipre, se embolsó dinero negro y concedió algún que otro antojo a la familia del líder, Umberto Bossi. Tanto que, incluso sin ser investigado, este dimitió el jueves.

La fuerza autonomista no es la única que se tambalea por un escándalo vinculado a la gestión turbia de su caja, justo cuando el Ejecutivo de Mario Monti se apresta a impulsar importantes reformas. El senador Luigi Lusi, de 50 años, tesorero de la católica Margarita, se quedó 13 millones comprando casas de lujo y repartiendo generosos pagos con el dinero que fue sustrayendo a las arcas de su partido hasta 2011. Lo más ridículo, si no fuese dramático, es que la Margarita ya no existe desde 2007, cuando se integró en el actual Partido Democrático (PD). Filippo Penati, consejero regional del PD en Lombardía y antiguo secretario del líder, Pierluigi Bersani, se quedó entre 2001 y 2009 con dos millones de euros en comisiones por una serie de adjudicaciones de un proyecto inmobiliario, según los fiscales. En febrero, resultó que faltaban 26 millones de las cuentas de la derechista Alianza Nacional, luego disuelta en el Pueblo de la Libertad con el pacto entre su líder, Gianfranco Fini, y Silvio Berlusconi.

Manos Limpias barrió a una clase dirigente que financiaba sus partidos con dinero negro. Ahora, los fiscales destapan robos con fines personales. Belsito guardaba en su caja fuerte una carpeta con el nombre de The Family. El hijo de Bossi, Renzo, compró un certificado de licenciatura (130.000 euros), restauró la finca familiar y pagó abogados. “El cuadro ha empeorado”, señala sin dudarlo Carlo Galli, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Bolonia. “Asistimos a un moderno feudalismo: se roba para uno mismo”, añade Galli.

En Italia las fuerzas políticas reciben del Estado un reembolso electoral en proporción a los votos recibidos y rinden cuenta de cómo lo utilizan a cinco revisores del Congreso, que, sin embargo, no pueden controlar facturas o tiques. Así, es muy fácil inflar los gastos. Lusi, por ejemplo, declaró entre 2001 y 2011 haber pagado 12 millones por publicidad y propaganda, pero en realidad gastó seis. Cinco acabaron en su sociedad.

Los escándalos están abriendo luchas internas en las fuerzas políticas y les restan credibilidad. Ahora le toca a la Liga. La más dura opositora al Gobierno de Mario Monti perdió el 1,2% de apoyo social en cinco días. Pero es un problema común a todo el arco parlamentario: “La confianza en los partidos se sitúa entre el 4% y el 8%; en los últimos meses no ha hecho más que empeorar”, comenta el sociólogo Renato Mannheimer, presidente de Ispo, que elabora encuestas para el diario conservador Il Corriere della Sera. Por su parte, Ilvo Diamanti, que con su instituto Demos proporciona datos al progresista La Repubblica, habla de “una terrible crisis entre ciudadanos y democracia representativa”. Ambos expertos coinciden en que, en medio del desconcierto general, la brújula es el jefe de Estado, Giorgio Napolitano, con alrededor del 65% de apoyo social, y en que no se enfría la actitud hacia Mario Monti. A pesar de los ajustes, de los impuestos y de una dura reforma laboral sellada esta semana, el profesor que ocupa el puesto de primer ministro llega al 50% de respaldo. “Se extiende entre los votantes la sensación de que todas las fuerzas son corruptas, de que Italia puede vivir sin ellas”, ha señalado Luca Comodo, del instituto estadístico Ipsos. Y si la política falla, hay que buscar cobijo en los tecnócratas.

El Gabinete tiene encima de la mesa reformas importantes: trabajo y ley electoral, por ejemplo. La debilidad de los partidos no deja manos libres al primer ministro. Por el contrario, le complica la vida. “Monti está allí porque el Parlamento le otorga su confianza”, argumenta Galli. “Los partidos ahora son presa del pánico. Nerviosos, preocupados, pueden llegar a perjudicarle más que a beneficiarle. Se parecen a un náufrago que estuviera a punto de ahogarse y se agita desordenadamente para aferrarse a la balsa. En este frenesí, puede acabar volcándola”. Las fuerzas políticas intentan recuperar el afecto de los electores como pueden: “No me asombraría que el Pueblo de la Libertad intentara levantarse buscando engatusar a algún votante de la Liga, poniendo pegas al Ejecutivo. Ya pretendió que las liberalizaciones de Monti no afectaran a los taxistas. Ahora podría exigir más flexibilidad en la reforma laboral”. Las municipales del 6 y el 7 de mayo van a ser la primera prueba de fuego del nerviosismo que respira Italia.