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Algunos restos de víctimas del 11-S acabaron en un vertedero en Virginia

Los restos eran incinerados y posteriormente entregados a una "empresa de eliminación de residuos biomédicos" que los llevaba al basurero

El general John Abizaid en la rueda de prensa sobre la morgue de Dover. Ampliar foto
El general John Abizaid en la rueda de prensa sobre la morgue de Dover. AFP

Pequeños restos de víctimas del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 acabaron en un vertedero después de su incineración, según un informe del Pentágono que ha sido difundido este martes. El documento revela varios errores cometidos en el principal depósito de cadáveres del Ejército estadounidense, en la base de la Fuerza Aérea Dover en Delaware. 

Varios restos incinerados de víctimas del ataque al Pentágono y del avión siniestrado en Pensilvania presuntamente acabaron en un vertedero después de haber sido entregados a una empresa privada, según el documento, que no precisa el lugar. 

El Departamento de Defensa de EE UU ha aclarado que los restos no pueden ser identificados mediante una prueba de ADN, aparentemente por ser demasiado pequeños o estar demasiado carbonizados, según The Washington Post

El retirado general John Abizaid, principal responsable de la investigación, ha dicho en una rueda de prensa que no queda claro cuántos restos fueron desechados de esta manera. "No sé si hay una manera de averiguarlo", ha señalado Abizaid. Las declaraciones se producen después de una investigación del diario The Washington Post sobre las prácticas de la morgue en Delaware. 

The Washington Post concluyó en noviembre que restos de soldados muertos en Irak y Afganistán en la morgue de la base Dover habían acabado en un vertedero de Virginia. Se trataba de restos humanos no identificados o no reclamados. Esta práctica no se comunicaba a las familias de los militares. 

El Ejército, según el diario estadounidense, admitió que tiró al vertedero los restos incinerados de al menos 274 militares entre 2003 y 2008, cuando acabaron estas prácticas. Altos cargos de las Fuerzas Armadas aseguraron que sus informes solo se remontan a 2003 y que no saben cuándo se comenzó a desechar de esta manera. 

Los restos primero eran incinerados y posteriormente entregados a una "empresa de eliminación de residuos biomédicos", según el informe de Abizaid. Bajo un acuerdo con el Ejército, la empresa transportaba las bolsas de los restos médicos que debían ser incineradas. 

Los funcionarios de la morgue suponían entonces que "después de la incineración no quedaba nada", según el informe. Sin embargo, todavía quedaban restos de la cremación que la empresa llevaba al vertedero. El depósito de cadáveres cambió estas prácticas en 2008 y desde entonces ha arrojado las cenizas al mar.