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Continúan las protestas indígenas contra un proyecto minero en Panamá

Un nativo de la etnia Ngäbe-Buglé fallece en un enfrentamiento con la policía durante las marchas

Protesta por la muerte de un indígena en la ciudad panameña de David.
Protesta por la muerte de un indígena en la ciudad panameña de David. EFE

Un indígena muerto y decenas de heridos y detenidos es el balance preliminar de los choques entre nativos de la etnia Ngäbe-Buglé y efectivos policiales panameños que estallaron ayer por la mañana en la zona occidental de Panamá. Fuerzas de seguridad panameñas lanzaron gases lacrimógenos y desplegaron intensas maniobras para desalojar a los indígenas que, desde el lunes pasado, bloquean carreteras y otras vías en rechazo a las operaciones mineras y la explotación hidroeléctrica en sus comarcas.

Un indígena pereció de un balazo en el pecho, aunque se desconoce la autoría del disparo. La policía panameña desmintió que sus efectivos hayan utilizado rifles de asalto y armas de distinto calibre en el desalojo y atribuyó las versiones contrarias a “campañas de desinformación” de los grupos involucrados.

Los disturbios estallaron cerca de las 5.30 (hora local, 10.30 GMT) cuando las unidades antidisturbios iniciaron el despeje de la carretera Panamericana en diversos sectores de las occidentales provincias de Veraguas y de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica. El Gobierno panameño confirmó que el tránsito de vehículos había quedado restablecido.

El bloqueo afectó al suministro agrícola y de combustible y obligó a abrir un puente aéreo

“Todo está retornando a la normalidad”, declaró el ministro panameño de Seguridad Pública, José Mulino, en una entrevista telefónica con EL PAÍS siete horas después de iniciado el desalojo.

“El Gobierno está custodiando la carretera. Estamos limpiando escombros para circular con libertad y seguridad”, puntualizó.

La policía aseguró que los manifestantes realizaron actos de vandalismo, incendiaron un puesto policial y atacaron otro e intentaron violentar y saquear un banco, además de que se registraron saqueos en tiendas de ultramarinos. Hay al menos seis policías heridos.

La crisis se precipitó el lunes pasado, cuando los indígenas bloquearon las vías para exigir al presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, que cumpla su promesa de que un proyecto que se debate en la Asamblea Nacional (Congreso unicameral) excluya las operaciones mineras y la construcción de hidroeléctricas de sus aldeas, para proteger la riqueza natural de la región. El bloqueo afectó al suministro agrícola y al combustible al resto del país. El conflicto obligó a abrir un puente aéreo y el sábado fueron rescatados cerca de mil turistas atrapados entre las protestas callejeras.

Martinelli acusó el sábado a los indígenas de “intransigencia”, cortó el diálogo y reforzó la presencia policial con 800 efectivos. El presidente recordó que en febrero de 2011 se comprometió con los indígenas a que la explotación minera se realizaría fuera de sus comarcas, pero que el negocio hidroeléctrico está fuera de la prohibición, ya que es urgente para atender los requerimientos energéticos del país.

El Gobierno “está violentando” los derechos de los indígenas, dijo Yanel Venado, delegada en la capital panameña de la Coordinadora por la Defensa de Recursos Naturales y Derechos del Pueblo Ngäbe-Buglé. Los indígenas están “desarmados, incomunicados e indefensos”, relató.

Mulino precisó que hay más de 40 detenidos, aunque no todos son indígenas. Jaime Caballero, dirigente del Sindicato Único de Trabajadores de la Industria de la Construcción y Similares en David, capital de Chiriquí, informó de que 32 sindicalistas que se solidarizaron con los indígenas están detenidos en una cárcel para delincuentes comunes de la capital panameña. Varias marchas de apoyo a los indígenas se realizaban ayer en Panamá, con el cierre de carreteras.

Mulino dijo que el desalojo empezó después de que el presidente de la Conferencia Episcopal de Panamá y obispo de la Diócesis de David, monseñor José Luis Lacunza, notificara que había fracasado en su intento de convencer a los indígenas de “sentarse a negociar” y de que levantaran las barricadas que hace seis días instalaron en varios puntos de la ruta interamericana.

Mulino dijo a medios panameños de prensa que los efectivos están “barriendo las calles” para retirar troncos, latas de zinc y demás piezas utilizadas por los indígenas para bloquear las vías.

El sacerdote católico Adonai Cortés, quien acompañó a Lacunza en el diálogo con los indígenas, relató que desde las primeras horas de la mañana se escucharon fuertes detonaciones y que ignoraba si eran de bombas lacrimógenas o de balas. “No sabemos. En esta situación es difícil bajar [a la ciudad] por los gases; esperaremos a que la situación se calme”, relató el religioso.