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PERFIL

Mitt Romney, el candidato perfecto

Romney acumula algunas victorias en Florida y Nevada, pero el voto conservador se le escapa

Sufre considerables derrotas en Estados de bases conservadoras como Minnesota

Mitt Romney, votando en su Estado de Massachusetts.
Mitt Romney, votando en su Estado de Massachusetts. AFP

No hay nada que Mitt Romney (Detroit, Michigan, 1947) no haya planificado al milímetro para ganar estas primarias. No ha protagonizado grandes traspiés, declaraciones estridentes o salidas de tono como los que han hundido a otros candidatos. En las segundas elecciones a las que se presenta, no ha querido dejar nada al azar.Y por eso ha ganado en ocho contiendas hasta este supermartes.

Aun así, se le escapa empecinadamente el voto conservador, que le ofreció  sólidas victorias a Rick Santorum en Misuri, Colorado y Minnesota. En este último Estado, que Romney había ganado en las primarias de 2008, en esta ocasión quedó en tercer puesto, por debajo de Ron Paul. Posteriormente, se vio empatado en las encuestas en el Estado de Michigan, donde nació y que también había ganado en 2008. Finalmente venció allí, pero por sólo un 3% de los votos y dos delegados de diferencia.

Florida, donde Romney consiguió los 50 delegados en juego, sirvió para consolidar su candidatura. En ese Estado, con un 10% de desempleo, por encima de la media nacional, los electores votaron con la economía en mente. A Romney no le afectó negativamente su revelación de que gana unos 20 millones de dólares al año, procedentes sobre todo de intereses de capital, por los que paga sólo un 15% de impuestos sobre la renta.

Previamente, Romney había sufrido una derrota en las primarias de Carolina del Sur. Le habían perjudicado en aquellos comicios noticias sobre su compañía de inversiones de capital de riesgo, que saneaba empresas para venderlas y que destruyó numerosos puestos de trabajo. Su fortuna se estima en 250 millones de dólares.

En los caucus de Iowa, la primera cita del calendario electoral, Romney había logrado un 24,5% de los votos. En principio se le declaró ganador, ocho votos por encima de  Santorum. Dos semanas después, sin embargo, y tras un recuento, el Partido Republicano declaró a Santorum ganador por 34 votos. Los analistas declararon un empate técnico.

En New Hampshire, sin embargo, Romney clamó victoria a sólo media hora de que cerraran los colegios electorales, sin esperar a que acabara el recuento. Previamente, en 2008, había perdido allí frente a John McCain, que acabó ganando la nominación pero perdió las elecciones generales. Romney se dedicó en su discurso de victoria a criticar al presidente Barack Obama y, como ha hecho en los actos electorales, a medirse con él en lugar de con los demás candidatos republicanos.

Los votantes conservadores, los que controlan primarias como las de Iowa, Carolina del Sur o Misuri, no ven a Romney como uno de los suyos. Además, le critican que en los últimos años haya cambiado de opiniones progresistas a otras más a la derecha en asuntos para ellos cruciales como la reforma sanitaria, el cambio climático o el matrimonio homosexual.

McCain le dio su apoyo a Romney en un acto en New Hampshire el día posterior a los caucus de Iowa. Entonces, como ahora, tuvo que salvar el escollo de su fe. Es mormón, una religión minoritaria, afiliada al cristianismo, de la que recelan los votantes evangélicos, que superan los 80 millones de votantes. Los mormones practicaban la poligamia hasta finales del siglo XIX, estuvieron en guerra con el gobierno federal y consideraban a los negros como gente manchada por el diablo hasta 1978. Según recientes encuestas, solo un 35% de los estadounidenses se sentiría a gusto con un presidente mormón, una cifra cercana a la que registran los musulmanes.

Aunque los mormones son, normalmente, muy conservadores en asuntos sociales (opuestos al aborto y al matrimonio gay, por ejemplo) Romney fue gobernador de uno de los estados más progresistas de la unión, Massachusetts, entre 2003 y 2007. Desde ese puesto, aprobó una reforma sanitaria muy similar a la de Barack Obama, con cobertura universal, y no bloqueó la aprobación de los matrimonios homosexuales. Aquellos dos asuntos han sido un considerable lastre en la precampaña.

Si Romney gana las primarias será, en gran parte, por sus credenciales como empresario. Gestionó con notable éxito los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City en 2002, que estuvieron al borde de la bancarrota. En los años 80 y 90 trabajó como ejecutivo en Bain & Company, una asesoría de gestión empresarial, y de Bain Capital, la empresa de inversión en capital de riesgo que dirigió. El hilo central de su campaña ha sido la economía, y se ha presentado como un avezado empresario capaz de acabar con la crisis y crear empleo.

Romney aguantó en la precampaña los ascensos y desplomes de otros candidatos, menos preparados y menos centristas, pero más populares entre las bases conservadoras. Michele Bachmann, Rick Perry, Hermann Cain y Newt Gingrich se lograron colocar por encima de él en algunos sondeos, sólo para caer tan rápido como habían subido. Ahora, su amenaza más creíble es el propio Santorum.

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