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Omán, entre el cambio y la tradición

El sultán Qabús otorga poderes legislativos a la recién elegida Cámara baja omaní pero reafirma sus poderes absolutos

El sultán Qabús se dirige al Consejo de Omán.
El sultán Qabús se dirige al Consejo de Omán. AFP

El sultán Qabús ha convocado al Consejo de Omán en el palacio Fuerte de Shomukh, a una veintena de kilómetros de Nizwa, la antigua capital del sultanato. La cita trata de conjugar cambio y tradición. El monarca va a pronunciar el primer discurso público tras las protestas del pasado marzo y acaba de otorgar poderes legislativos al recién elegido Majlis al Shura (la Cámara baja, que junto con el Consejo de Estado forma el Consejo de Omán). Pero el protocolo de la ceremonia reafirma sus poderes absolutos.

Qabús, a punto de cumplir 71 años y 41 en el poder, llega al salón del trono por una puerta distinta al resto, escoltado por su guardia personal. Miembros de la corte, ministros, representantes de ambas cámaras, diplomáticos e invitados se ponen de pie tras haberle esperado durante una hora. La disposición de las butacas impide que ninguno le tenga de frente. Un “salam aleikum” (la paz sea con vosotros) es todo el saludo que intercambia con los asistentes.

El sultán admite la necesidad de prestar “mayor atención y facilitar más oportunidades a la juventud”

Ante los próceres del país, el sultán admite la necesidad de prestar “mayor atención y facilitar más oportunidades a la juventud” y promete cero tolerancia con la corrupción. También hace una breve alusión a los “rápidos cambios a nivel regional e internacional”. “No podemos sustraernos a lo que sucede a nuestro alrededor”, señala en aparente referencia a las revueltas árabes. Sin embargo, la -primavera- omaní se limitó a pedir puestos de trabajo, mejores salarios y lucha contra la corrupción, sin cuestionar al soberano.

“Tenemos un problema de desempleo, especialmente entre los jóvenes, que constituyen la mayor parte de la población omaní”, señala el ministro de Información, Hamed bin Mohamed al Rashdi, en un encuentro con un pequeño grupo de periodistas invitados al sultanato para asistir al discurso de Qabús el pasado lunes. No obstante, considera que “la mayoría de las demandas de los manifestantes han sido respondidas con los reales decretos de su majestad”.

La impresión generalizada es que han triunfado los candidatos con mayores lazos tribales y, por tanto, más conservadores

El sultán Qabús cambió a los ministros acusados de corrupción, elevó el salario mínimo de 150 riales (unos 300 euros) a 200 riales y prometió 50.000 puestos de trabajo, en un país de 3,2 millones de habitantes (un tercio de ellos extranjeros). Anunció además reformas políticas, cuya máxima expresión ha sido la concesión de poderes legislativos y de control del gasto público al Majlis al Shura, el Consejo Consultivo cuyos 84 miembros acaban de tomar posesión.

Por primera vez los candidatos han sido autorizados a utilizar carteles y mensajes telefónicos para hacer campaña. Pero sin partidos ni programas políticos, resulta difícil saber qué representa cada uno o que significa su elección. La impresión generalizada es que han triunfado los candidatos con mayores lazos tribales y, por tanto, más conservadores. Entre los elegidos también están tres de los activistas que alentaron las protestas de marzo, aunque hasta ahora han evitado a la prensa.

Algunos observadores aseguran que aquellas muestras de descontento fueron aprovechadas por los islamistas. El ministro Al Rashdi rechaza las categorías. “Todos somos omaníes, tenían algunas peticiones y la mayoría se han respondido”, concluye. Sin embargo, en el discurso del sultán no falto una advertencia contra el extremismo.

Aún reconociendo los esfuerzos, Khalid al Haribi opina que “todavía no se cuenta con los jóvenes y las jóvenes omaníes”. Al Haribi es el director ejecutivo de Tawasul, lo más parecido a un -think tank- que hay en este país. “Sin una evaluación y puesta en práctica de los cambios, va a pasar tiempo antes de que veamos un traspaso de conocimiento y de poder entre generaciones en el sultanato”, resume.

La brecha generacional es clave. Quienes han vivido la transformación del país desde el golpe de Estado con el que Qabús derrocó a su padre en 1970, respaldan su forma cautelosa de gobernar y la gradualidad en las reformas que les han llevado del Medievo hasta el siglo XXI sin grandes traumas y convertido Omán en un oasis de estabilidad en una región convulsa.

El desarrollo no se limita a la capital. El viaje hasta el palacio de Shomukh, a 170 kilómetros al suroeste de Mascate, permite comprobar que la electricidad, el agua potable o los servicios sanitarios se han extendido hasta el último rincón del país. Sin embargo, para la mayoría de los omaníes (el 70% de los cuales tiene menos de 30 años), las referencias son otras.

Sólo hay que acercarse a alguno de los cafés de la playa de Qorum, o asomarse a los chats de SablatOman, para comprobar que las nuevas hornadas de omaníes no sienten la misma reverencia que sus padres hacia el sultán. Aunque su figura aún es tabú, empieza a debatirse el modelo de monarquía. Y lo más importante, los jóvenes están perdiendo el miedo a hacer preguntas.

“Las reformas tenían que haberse hecho mucho antes. ¿Por qué no se hicieron?”, pregunta Asma, de 26 años y que busca trabajo desde que se graduó en relaciones internacionales en 2009. A Asma, le preocupa la inflación, pero “también la falta de libertades políticas y sociales, o el derecho a expresarse libremente”. En su opinión, “los cambios han sido un primer paso, pero hacen falta campañas de concienciación pública y una completa revisión del sistema educativo para que no lave el cerebro a la gente”.

“Es lo mejor que ha podido pasarle a Omán”, señala Saleh Zakwani, en referencia a las protestas. Zakwani, editor del Muscat Daily, el más osado de los cautelosos periódicos omaníes, enseguida precisa que “el sultán ya estaba trabajando en las reformas con anterioridad”.

Sea como fuere, fuentes diplomáticas occidentales expresan su temor de que se hayan creado “excesivas expectativas de reforma” porque el monarca “sólo ha dado unos tímidos pasos”. Por ahora, parece haber contentado a la mayoría que, a la vista de lo que ha sucedido en Túnez, Egipto, Libia o el vecino Yemen, también sopesa qué puede perder y ganar.

“Estamos convencidos de que no volverá a ser necesario recurrir al levantamiento popular para exigir un mejor gobernanza”, asegura Al Haribi. “A partir de ahora los omaníes somos también corresponsables en la toma de decisiones que van a determinar nuestro futuro”, advierte.

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