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Elecciones presidenciales argentinas

El kirchnerismo aglutina derecha e izquierda para lograr el poder

Cristina Fernández se alía tanto con peronistas tradicionales como con dirigentes poco progresistas como el gobernador bonaerense

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante un mitin ayer en Buenos Aires.
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, durante un mitin ayer en Buenos Aires. REUTERS

Al progresismo latinoamericano no le es fácil llegar al poder. El Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil gobierna en una coalición que incluye sectores conservadores. El kirchnerismo en Argentina, mezcla de políticas de centroizquierda y del peronismo más tradicional, también cobija dentro del propio Partido Justicialista (PJ, peronista) elementos que tampoco se pueden definir como progresistas, sobre todo, entre los gobernadores de las 15 provincias que tiene bajo su poder (sobre un total de 23).

“Hay que distinguir entre las políticas públicas y la coalición de apoyo”, opina el politólogo Sebastián Etchemendy, de la Universidad Torcuato Di Tella. “Las políticas públicas están más a la izquierda de [José Luis Rodríguez] Zapatero”, añade Etchemendy. Cita los ejemplos de una política económica más expansiva, la ampliación de la cobertura de las pensiones, la reactivación de los sindicatos, cuyo poder había quedado adormecido en la década neoliberal de los 90, y la ley del matrimonio gay. Pero el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner cuenta con el respaldo de “elementos del PJ tradicional, que apoyaban a Carlos Menem [presidente argentino entre 1989 y 1999]”, según Etchemendy. “Es muy difícil gobernar estos países y por eso Fernández necesita de esa gente. Es real politik”, agrega el profesor de Di Tella.

Entre los kirchneristas no progresistas está Scioli, el exempresario y corredor de lanchas que ingresó en política de la mano de Menem y que ahora se mantiene fiel a Fernández como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Tanto es así que en las elecciones generales del próximo domingo en este distrito, el más popular de Argentina, compite contra Scioli otro candidato kirchnerista, pero progresista y no peronista, el diputado Martín Sabbatella.

El gobernador de Buenos Aires es partidario de la mano dura, endurecimiento de las penas y autogobierno de las fuerzas de seguridad

En la sede de su partido, Nuevo Encuentro, Sabbatella dice que se diferencia del gobernador bonaerense en cuestiones como la política de seguridad. “Scioli expresa una concepción de mano dura, endurecimiento de las penas y autogobierno de las fuerzas de seguridad, en lugar de que estén bajo el gobierno civil y de tener coraje parar enfrentar los nichos de corrupción policial”, opina Sabbatella, que en las elecciones primarias de agosto pasado acabó quinto, con el 5,7% de los votos, muy por detrás de Scioli, con el 46,9%. Sabbatella critica también los niveles de la inversión social, educativa y en viviendas del gobernador bonaerense. Opina que la “profunda transformación” que han aplicado los Kirchner en los últimos años tarda en llegar a provincias y municipios y justifica su derrota, así como la de otros kirchneristas progresistas en elecciones locales de este año (en la capital argentina y en la provincia de Santa Fe), en el hecho de que todos los gobernadores y alcaldes, más allá de sus colores políticos, están beneficiándose de la actual bonanza económica de Argentina.

Sabbatella también se diferencia de otros gobernadores kirchneristas, como el de Formosa (noreste de Argentina), Gildo Insfrán, cuya policía provincial mató en noviembre pasado a un indígena cuando éste y sus pares cortaban una carretera en demanda por sus tierras. También toma distancia del gobernador de Salta (noroeste), Juan Manuel Urtubey, que elogió a sus diputados cuando votaron contra la ley de matrimonio gay. El politólogo Ignacio Labaqui, de la Universidad Católica Argentina, también observa que el pensamiento económico de Urtubey es abiertamente más liberal, a diferencia del de sus otros colegas, más pragmáticos. Sabbatella también critica al jefe de San Juan (este), José Luis Gioja, un ferviente defensor de la minería a cielo abierto, por encima de su impacto ambiental. El apoyo a la minería también distingue al gobernador de La Rioja (noroeste), Luis Beder Herrera, el mismo que apoya la reelección de Menem como senador, según apunta Labaqui.

Etchemendy observa que en la mayoría de las provincias del norte argentino, las más pobres del país y casi todas kirchneristas, no se aplica en forma correcta la política nacional de salud reproductiva, que consiste básicamente en distribución de métodos anticonceptivos. En el Este argentino también observa que el gobernador de Mendoza, Celso Jaque, está a la derecha de Fernández.

Los dirigentes locales, más allá de sus colores políticos, están beneficiándose de la actual bonanza económica de Argentina

Existen, de todos modos, algunas excepciones de jefes provinciales kirchneristas con políticas más acordes con las del Gobierno argentino. Los politólogos consultados citan los casos de los gobernadores de Chaco (noreste), Jorge Capitanich, críticado por casos de desnutrición infantil, y de Entre Ríos (oeste), Sergio Urribarri, que cuenta con el apoyo de Sabbatella. Esta distinción no es menor si se tiene en cuenta que la Constitución argentina prohíbe que Fernández busque otra reelección en 2015 y que el kirchnerismo deberá buscar en los próximos cuatro años un sucesor afín y con cierto poder, como el que tienen los barones del PJ.