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Un juez ordena que se revele el testimonio secreto de Nixon

Después de dimitir en 1974, explicó en un juicio a algunos de sus colaboradores por qué una secretaria borró de unas cintas una conversación crucial en una eventual recusación en el 'caso Watergate'

¿Qué sabía el presidente y cuándo lo supo? Aquellas ocho palabras acabaron con una presidencia, la de Richard M. Nixon, que dimitió por el escándalo del espionaje ilegal de las oficinas del partido demócrata en el hotel Watergate. Después de dimitir el nueve de agosto de 1974, Nixon prestó testimonio en un juicio a algunos de sus más estrechos colaboradores, muchos de los cuales fueron condenados. Allí explicó por qué una secretaria borró de unas cintas 18'5 minutos de conversación con uno de sus asistentes, que hubiera sido crucial en una eventual recusación.

Nixon no fue recusado porque dimitió. Tampoco fue llevado a juicio porque su sucesor, su propio vicepresidente Gerald Ford, le perdonó de forma preventiva, evitándole el tener que ir a juicio. Nunca admitió abiertamente culpa alguna en el caso Watergate. Pero tanto el gran jurado ante el que testificó como sus propios herederos, a su muerte, han mantenido ese testimonio en secreto. En ese cometido han encontrado el apoyo de la Casa Blanca y el gobierno de Barack Obama, que se opuso a difundir la grabación cuando la pidió el historiador Stanley Kutler.

Éste llevó a juicio al departamento de Justicia. Ahora, el juez Royce Lamberth ha fallado en su contra y le ha ordenado que revele qué dijo Nixon en aquel juzgado. "Es demasiada la importancia que tuvo el caso Watergate en la historia americana", dijo en su veredicto. "La revelación del testimonio del presidente Nixon en aquel gran jurado servirá para mejorar los registros históricos, alimentar el debate historiográfico y mejorar el entendimiento del público sobre ese caso histórico".

Ante las numerosas peticiones recibidas desde ayer, día en que se supo el fallo, el departamento de Justicia ha asegurado que está estudiando una posible apelación y que por ello no publicará esas transcripciones de forma inmediata. Los historiadores quieren escuchar ese testimonio porque, aseguran, podría constituir la primera y única ocasión en que el presidente habló de su conocimiento del caso de espionaje político con sinceridad y sin la presión de hacerlo ante el electorado.