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Brasil lanza su nueva ofensiva para erradicar la extrema pobreza en 2014

El programa continúa la senda marcada por Lula y tiene como objetivos los 16,2 millones de personas que viven con menos 30 euros al mes

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha lanzado hoy el programa Brasil sin Miseria que, aparte de dar continuidad a la mundialmente conocida política social de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, supone un nuevo paso al frente en la erradicación de la pobreza extrema en el gigante sudamericano. La economía va bien y el Gobierno de Brasilia quiere seguir concentrando sus esfuerzos en los más pobres, cifrados en 16,2 millones de personas que viven con menos de 70 reales (unos 30 euros) al mes. El objetivo de la nueva ofensiva social, que a partir de hoy será el buque insignia del Gobierno de Rousseff, es erradicar la pobreza extrema en 2014, una aspiración que se torna demasiado ambiciosa cuando se observa al detalle las profundas carencias que aun azotan al Estado brasileño, principalmente en su nordeste.

En una entrevista concedida esta semana a Le Monde, la BBC y EL PAÍS, la ministra brasileña de Desarrollo Social, Tereza Campello, afirmó lo siguiente: "Si llegamos al 2014 con este objetivo cumplido, seremos el primer país en desarrollo del mundo en alcanzar la meta numero uno de los objetivos del milenio, que es erradicar la extrema pobreza". Este es el faro, por tanto, que guiará al Ejecutivo de Rousseff a partir de ahora. Un programa poliédrico que pretende atajar el problema de la pobreza desde varios frentes (educativo, laboral, acceso a servicios públicos básicos, desarrollo rural y redistribución de la renta, entre otros).

"Podríamos habernos limitado a ampliar el programa Bolsa Familia y con esto conseguiríamos que los 16,2 millones de personas que ese encuentran en la extrema pobreza salgan de ese pozo. Lo que pasa es que entendemos que un país que está creciendo tanto como Brasil no se puede limitar a un programa de transferencia de renta. Tenemos que aprovechar las oportunidades que se están generando", explica Campello.

El exitoso programa Bolsa Familia, que ya beneficia a 12 millones de familias brasileñas, pone ahora su foco en una nueva oleada de 800.000 hogares muy pobres que tendrían derecho a la ayuda directa y que, sin embargo, no la reciben. "Las personas que priorizamos ahora son las mas difíciles de tratar porque no han tenido acceso a la educación, están perdidas geográficamente, no están documentadas y, por lo tanto, el Estado no sabe quienes son. Algunas ya llamaron varias veces a la puerta del Estado y este no los atendió correctamente", expone una de las ministras claves del Gobierno brasileño. "El concepto a partir de ahora es que el Estado va a llegar adonde está la pobreza, y no al contrario, el pobre persiguiendo al Estado", añade.

Según el mapa de la pobreza elaborado por el Gobierno, de los 16,2 millones de brasileños extremadamente pobres más del 50% tiene menos de 20 años y el 40% es menor de 15. Esto, lógicamente, plantea un reto desde el punto de vista educativo y de formación. "Éste país tiene un déficit de mano de obra enorme a todos los niveles, no solo en el empleo cualificado. Podemos aprovechar este hecho para cualificar en los próximos cuatro años a 1,7 millones de personas extremadamente pobres en las ciudades", explica Campello.

En la deprimida área del nordeste brasileño se concentra casi el 60% de la extrema pobreza del país, mayoritariamente en zonas rurales. Aquí el Gobierno pretende dar prioridad a los programas de apoyo a las pequeñas explotaciones agrícolas. La ayuda al campo se articulará mediante un abanico de opciones que van desde el asesoramiento agropecuario por parte de profesionales contratados por el Estado, hasta la subvención de la compra de semillas, microcréditos o el apoyo a la comercialización de los productos. "Pretendemos que varios órganos públicos compren productos provenientes de la agricultura familiar pobre y que las grandes cadenas de supermercados también se involucren", adelanta la titular de Desarrollo Social.

Una de las ideas más llamativas del programa Brasil sin Miseria es la creación de la denominada Bolsa Verde, una ayuda directa de 300 reales trimestrales (unos 130 euros) para aquellos agricultores pobres que se comprometan con la preservación medioambiental en sus explotaciones. Esto cobra una relevancia especial en un momento en que las alarmas se han disparado ante el aumento vertiginoso de los niveles de deforestación en el Amazonas y la reciente aprobación en el Congreso de un nuevo Código Forestal que podría autorizar la amnistía de los delitos contra la vegetación cometidos hasta 2008 así como una ampliación de las áreas susceptibles de tala. La Bolsa Verde se puede interpretar como un guiño de último minuto de la Presidenta Rousseff, que ha tachado el nuevo código de "vergüenza" para Brasil, a los sectores ecologistas.

El programa Brasil sin Miseria tiene tres frentes de actuación: continuar en la senda de la redistribución de la renta, acercar los servicios públicos a los más pobres e incluir esa fuerza laboral hoy desaprovechada en el sistema productivo brasileño, de manera que no sólo ganen los más necesitados sino el país en su conjunto.