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Ola de cambio en el mundo árabe

Suleimán promete diálogo mientras sigue la represión

El vicepresidente de Egipto se niega a aceptar injerencias de países extranjeros.- El ministro de Sanidad confirma trece fallecidos y 1.200 heridos.- Los grupos pro-Mubarak cercan los hoteles de la prensa.- Un periodista griego, apuñalado

El ejército ha creado una zona de seguridad de 80 metros que separe a los miles de manifestantes opositores a Mubarak de los partidarios del presidente.
El ejército ha creado una zona de seguridad de 80 metros que separe a los miles de manifestantes opositores a Mubarak de los partidarios del presidente. CLAUDIO ÁLVAREZ

El centro de El Cairo se ha convertido de nuevo en el escenario de una batalla campal donde la violencia y los actos vandálicos no han cesado, a pesar de que los militares optaron esta tarde por disparar al aire con el objetivo de dispersar los enfrentamientos. Lejos de diluir el caos instalado en las calles de la capital egipcia desde hace dos días, los tiros se han perdido entre el ruido de la plaza de la Liberación, centro neurálgico de los enfrentamientos. Los partidarios del presidente continúan moviéndose por la ciudad con un único objetivo: silenciar cualquier voz discordante con el régimen. Hosni Mubarak, sin embargo, -en una entrevista concedida a la corresponsal Christiane Amanpour, de ABC News-, ha asegurado que la única manera de que no se instale el caos en la ciudad es su permanencia en el poder. "Me dio mucha pena ver a egipcios peleando entre ellos. Me hubiera ido, pero todo sería un caos", ha recalcado el presidente. "No me importa lo que la gente diga sobre mí. Me importa mi país, me importa Egipto", ha insistido, en la línea del discurso patriótico del pasado martes, tras la multitunaria manifestación que dio paso a los enfrentamientos que todavía se viven en el país.

Mientras el presidente insiste en que se queda por el bien de su país, sus seguidores tratan de tapar la boca a aquellos que disienten del régimen. Los periodistas y los miembros de ONG buscaban ayer lugares seguros para evitar linchamientos y robos. Hoy, han sido asaltados en sus propios hoteles, han esquivado balas y navajazos y algunos han sido detenidos. El vicepresidente egipcio el Gobierno, Oman Suleimán, ha negado cualquier implicación con los actos violentos a través de una entrevista concedida a la televisión estatal, y ha prometido que mantendrá un diálogo con la oposisón para iniciar reformas constitucionales.

Aunque el vicepresidente egipcio ha hablado en la misma línea que Mubarak en su entrevista con Amanpour, el hecho es que los enfrentamientos son cada vez más preocupantes. Ya se ha confirmado que seis periodistas catalanes, integrantes del programa de TV-3 30 minuts, han sido arrestados por la policia militar egipcia y trasladados en un autobús con los ojos vendados. Tras varias horas retenidos, los reporteros han anunciado a través de Twitter que ya han sido liberados. Nada más conocer la detención y las agresiones, la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, ha pedido a las autoridades egipcias que garanticen la seguridad de los periodistas españoles y, en general, de toda la prensa extranjera.

Suleimán ha mantenido un discurso duro con los disidentes. El vicepresidente ha avisado que "si continúan las protestas, el país estará paralizado", por lo que un tercio de los ingresos del país se verán afectados. Además, se ha mostrado inflexible ante las presiones internacionales y ha recalcado que "es inaceptable" que países extranjeros se entremetan en sus "asuntos internos". Ajena a estas críticas, la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, continúa apretándole las tuercas al Ejecutivo y exigió al Gobiernoque iniciara "inmediatamente" un diálogo serio con miembros dela oposición para impulsar una transición pacífica y ordenada. Parece que nadie puede negarse a eso; por eso, aunque condene cualquier injerencia internacional , el vicepresidente ha prometido mantener como una prioridad el diálogo con la oposición.

Suleimán ha asegurado que Mubarak cumplirá con su palabra y abandonará el poder en septiembre tras las elecciones presidenciales, a las que tampoco se presentará su hijo Gamal, y ha apremiado a todos los grupos políticos a que participen en el diálogo con el Gobierno para llevar a cabo las reformas necesarias. "Quedan 200 días para las elecciones", ha recordado, por lo que antes de que llegue el momento de votar es necesario llevar a cabo "una serie de reformas constitucionales y judiciales que necesitan tiempo". También ha hecho mucho hincapié en la premura del tiempo, y ha descartado que se vayan a disolver las dos cámaras del Parlamento, ya que eso impediría sacar adelante las reformas constitucionales necesarias, sobre todo las relativas al cargo de presidente. Las reacciones a las palabras del vicepresidente no se han hecho esperar. Los Hermanos Musulmanes, el principal grupo opositor al presidente, han asegurado que no van a mantener ningún diálogo con el Gobierno, ya que la unica medida plausible procedente de Mubarak es la dimisión.

Los extranjeros, en el punto de mira

Con el Gobierno egipcio tratando de convencer a la opinión general de que su objetivo es el de recuperar la paz y el orden en el país, EE UU ha denunciado que existe una campaña orquestada por parte del Ejecutivo para callar a los periodistas y a las voces extranjeras. Ayer, los reporteros internacionales sufrieron el acoso de los partidarios de Mubarak, con permanentes agresiones cuando trataban de moverse por la plaza. Hoy, los defensores del presidente han ido más allá: han rodeado hoteles como el Ramsés Hilton, donde se encuentran alojados muchos periodistas, y finalmente han comenzado a entrar en busca de los corresponsales. Lo que ya ha confirmado Al Yazira es que un reportero griego que cubría las protestas desde la plaza de la Liberación ha sido apuñalado. Hasta el momento no se conoce el alcance de las heridas del reportero. Sí se sabe que entre los fallecidos podría figurar un extranjero que, según Al Arabiya, fue golpeado por los defensores de Mubarak hasta la muerte.

Amnistía Internacional ha denunciado la detención de uno de sus representantes y otros defensores de los derechos humanos después de que la policía militar asumiese el control del centro Hisham Mubarak. El colaborador de la ONG ha sido detenido en El Cairo junto a un representante de Human Rights Watch y otros activistas, y trasladado a un lugar desconocido de la capital egipcia. "Exigimos la inmediata liberación de nuestros colegas y quienes los acompañan para que puedan seguir observando la situación de los derechos humanos en Egipto en este momento crucial sin exponerse a hostigamiento o detención", ha pedido Salil Shetty, secretario general de AI.

Sube el número de muertos

Oficialmente se han confirmado 13 fallecidos y unos de 1.200 heridos, según cifras del Ministerio de Sanidad, que recoge la BBC y The Guardian. Mientras, algunas iniciativas de ciudadanos intentan identificar a todas las víctimas. El Ejército ha creado una zona de seguridad de unos 80 metros para evitar que haya más víctimas, aunque no ha intervenido. El primer ministro egipcio, Ahmed Shafiq, ha pedido "perdón" por la violencia, ha insistido en que el Gobierno no tiene nada que ver con los choques violentos y ha asegurado que se debieron a un "claro error" en la seguridad, que está siendo investigado. Ha asegurado, además, que no habrá más episodios de violencia.

El grupo opositor Los Hermanos Musulmanes hizo esta mañana, antes de la entrevista de Suleiman, un llamamiento para lograr un gobierno de unidad nacional que reemplace a Mubarak. De corte islamista, el grupo goza de una influencia creciente que preocupa a los aliados occidentales de Egipto. Tanto éste como El Baradei, símbolo de la oposición egipcia y ex director del Organismo Internacional para la Energía Atómica, aseguraron que se niegan a acudir a la llamada del Gobierno para buscar una solución conjunta mientras Mubarak siga en el poder.

EE UU, la UE y la ONU piden el fin del conflicto

La diplomacia internacional, fundamentalmente algunos países de la Unión Europea, sigue presionando para que Mubarak corte la violencia y ofrezca una solución al conflicto. Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, ha pedido a ambas partes que se sienten para solucionar el conflicto.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también ha reclamado el final de la violencia en Egipto y ha deseado que "los deseos y aspiraciones" del pueblo egipcio "se hagan realidad". "Rezamos para que la violencia en Egipto termine y los derechos y aspiraciones del pueblo egipcio se hagan realidad y que amanezca un día mejor en Egipto y en todo el mundo", ha dicho el presidente estadounidense durante el Desayuno Nacional de Oración.

Por su parte, la Fiscalía general egipcia ha emitido esta tarde una orden que prohíbe salir del país a varios ex dirigentes del régimen de Hosni Mubarak, entre ellos el ex ministro del Interior Habib el Adli. La orden también afecta al ex dirigente del Partido Nacional Democrático (PND) Ahmed Ezz. El Ministerio público ha decidido también congelar sus cuentas bancarias hasta que el país recupere la estabilidad y la seguridad, según ha informado la agencia oficial egipcia Mena.

Operación encubierta para reventar la protesta

El origen de los movimientos de esta madrugada se encuentra en la explosión de violencia de la tarde de ayer. El presidente egipcio decidió que solo un baño de sangre podía salvar su régimen y lanzó a miles de sus matones sobre este centro simbólico de la revuelta. La represión se disfrazó de enfrentamiento civil, mientras los militares asistían a la venganza de Mubarak tan impasibles como en días anteriores.

Varias manifestaciones de apoyo a Mubarak se formaron en distintas zonas. La marcha más numerosa confluyó en la plaza de la Liberación, donde seguían concentrados miles de opositores al régimen. En un primer momento, ambas multitudes se aproximaron con relativa tranquilidad. Los opositores trataron de bloquear el paso a los recién llegados con una cadena humana. Los fieles a Mubarak expresaron su intención de "tomar la plaza para demostrar quién es la auténtica mayoría". "No queremos revolución, sino paz; estos días hemos respetado a la oposición, ahora exigimos respeto nosotros porque el momento es crítico", declaró Ahmad Osman, un farmacéutico de 36 años que parecía, en efecto, un farmacéutico. Otros jalearon sus palabras.

El regreso de la policía

Entre el polvo, el ruido, los golpes, los gritos y la sangre, algo se hizo evidente: la policía no se había esfumado, se había limitado a preparar ese momento. Unos hombres fornidos que se presentaron como farmacéuticos, con unas frases en inglés recién aprendidas, increparon a este corresponsal porque, decían, la prensa extranjera había mentido en los últimos días. Cuando se les pidió que mostraran algún documento que les acreditara como "farmacéuticos", respondieron con golpes. La persecución a periodistas extranjeros es una constante. Decenas de ellos sufrieron ayer heridas y robos de cámaras y ordenadores.

La violencia no amainó en las horas siguientes y proseguía por la noche. Los opositores al régimen crearon un cordón humano para proteger a mujeres y niños e intentaron taponar las entradas a la plaza. "Luchamos por nuestra vida, luchamos por nuestra vida", gritaban. La gente del régimen lanzaba abundantes cócteles molotov y se escuchaban disparos de arma automática. Había gente ensangrentada por todas partes. Varios opositores lloraban sentados en el suelo. "No puede ser, hemos perdido otra vez, hemos perdido otra vez", decía uno de ellos.

Bien entrada la noche, seguían lanzándose cócteles molotov en la plaza y cercanías. Varios de ellos cayeron junto al Museo Egipcio, un área dominada por los partidarios del régimen. Un camión de la policía lanzó agua a presión para evitar un incendio en el edificio, cargado de tesoros arqueológicos. Fuera de la plaza de Tahrir las calles estaban relativamente tranquilas. No se conocen incidentes tan violentos como los de El Cairo en Alejandría y en el resto de las ciudades egipcias.

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