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Chávez ordena la salida de Venezuela de la CIDH

La decisión implicaría que Caracas abandonase también la OEA

Comenzó con "ignominioso". Y a medida que fluía su discurso del jueves, al presidente, Hugo Chávez, se le iban ocurriendo más adjetivos para descalificar el informe presentado un día antes por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que alerta sobre el deterioro de la democracia en Venezuela. "Colcha de retazos", "basura", dijo del informe. "Excremento ejecutivo, puro, purito", llamó a Santiago Cantón, el secretario ejecutivo de la comisión que lo redactó. Así, hasta ordenar a la Cancillería de su país prepararse para denunciar el acuerdo que ha vinculado a Venezuela con la CIDH y, en consecuencia, con la Organización de Estados Americanos (OEA).

Aunque el presidente venezolano decida desvincularse de la CIDH, mientras Venezuela forme parte de la OEA la comisión mantendría sus facultades para investigar estos casos. A Chávez sólo le quedarían dos caminos para burlar este seguimiento: denunciar los mismos artículos de la Convención Americana de los Derechos Humanos que no han sido suscritos por EE UU, Canadá y Cuba, para evitar que sus casos sean llevados a la corte interamericana; o denunciar la totalidad de la Convención, junto con la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, y con ello quedar fuera de la OEA. En ambos supuestos, la denuncia se haría efectiva en un año, e implicaría la reforma de la Constitución local.

"Acabamos de ver otro informe de la inefable Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Una colcha de retazos, como dijo esta mañana la Defensora del Pueblo. Es ignominioso esto", fue la primera referencia de Chávez al tema. El mismo jueves, la defensora y ex diputada oficialista, Gabriela Ramírez, había dicho que la CIDH estaba siendo utilizada por "el imperio" para presionar a Venezuela.

Chávez coincidió con Ramírez cuando "volvió la luz", después de un apagón de cinco minutos que se produjo en el Palacio de Miraflores y que sacó del aire la rueda de prensa que transmitía en directo el canal del Estado. "Yo le di instrucciones al canciller, por cierto, porque no vale la pena ni responderle a esa gente. ¿Pa'qué? Eso es pura basura. Lo que deberíamos hacer es prepararnos para denunciar el acuerdo a través del cual Venezuela se adscribió o como se llame a esa nefasta Comisión Interamericana de Derechos Humanos y salirnos de ahí, porque no vale la pena. Es una mafia lo que hay ahí. Instituciones como esta nefasta Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo menos que hacen es defender los derechos humanos. Es un cuerpo politizado, utilizado por el imperio para agredir a Gobiernos como el venezolano".

Unas horas después de cargar contra la CIDH, el presidente Chávez ya era otro. Estaba de fiesta. Porque, un poco después de su intervención, animó el lanzamiento oficial de la Radio del Sur, que desde hace cuatro meses emite su señal en América Latina, el Caribe y África, gracias al financiamiento del Gobierno de Caracas. Venezuela produce un 37% de los contenidos. Chávez estaba contento, porque los presidentes Evo Morales, de Bolivia; Daniel Ortega, de Nicaragua, y Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina, fueron sus invitados. Cristina Fernández fue la primera en tomar el teléfono:

Chávez. Tenemos llamando a Radio del Sur a Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta argentina. ¿Tú estás allí, Cristina, escuchando a Radio del Sur?

Cristina Fernández. Hola... Te estoy escuchando a vos por Radio del Sur, por Telesur. ¿Cuántas horas hace que estás hablando? Hace dos horas me vine de mi chalet a mi oficina y estabas hablando, y todavía seguís hablando. (Risas) Hola, Huguito, ¿cómo estás, bien?

C. Hooola, Cristina. Estoy feliz. Un poco ronco. ¡Es que me ponen aquí unas tareas! De ruedas de prensa...

C. F. Es que me imagino. Yo habría quedado muda de tanto hablar, no solamente ronca.

Los cuatro, a través de la radio, se comprometieron a acelerar la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, el organismo ideado esta semana durante una cumbre del Grupo de Río celebrada en México y cuya instalación, aspira Chávez, podría acabar de una vez por todas con la Organización de Estados Americanos (OEA) que tutela Estados Unidos y, en consecuencia, con sus incómodos informes en materia de derechos humanos para el actual Gobierno venezolano.