Yemen mata a decenas de miembros de Al Qaeda con ayuda de EE UU

El Ejército yemení da el "mayor golpe en años" a los terroristas en la provincia de Shabwa

Yemen anunció el jueves la muerte de una treintena de miembros de Al Qaeda en un bombardeo de su Ejército en la provincia oriental de Shabwa. La operación, entre cuyas víctimas estarían el líder de Al Qaeda en la península Arábiga y un clérigo vinculado a la muerte de 13 personas en noviembre en Fort Hood (Tejas), es parte del intento del Gobierno de Saná por afianzar su control sobre el país.

La lucha contra esa multinacional del terrorismo no es el único frente. Ante la revuelta de los huthi en el norte y el resurgir del secesionismo en el sur, el presidente yemení, Alí Abdalá Saleh, ha convocado un diálogo nacional el lunes.

El bombardeo tuvo por objetivo una reunión en la que, según la web del Ministerio de Defensa, se iban a "planificar atentados contra intereses locales y extranjeros" en Yemen.

Este país, de donde es originaria la familia de Osama Bin Laden, ha sido escenario de acciones terroristas contra embajadas, instalaciones petrolíferas y turistas. En el verano de 2007, ocho españoles perdieron la vida en uno de esos ataques.

Desde hace 10 días Yemen ha intensificado su acoso a los radicales con la ayuda de EE UU, que le facilita información. El Pentágono ha confirmado la entrega este año de 70 millones de dólares (49 millones de euros) en asistencia militar. Aunque las autoridades insisten en que hacen un gran esfuerzo, algunos analistas consideran que altos cargos del régimen miran para otro lado.

"Yemen lleva tiempo siendo una base para los yihadistas", asegura un observador. El año pasado, el propio ministro yemení de Exteriores, Sadiq Abu Ras, estimaba en algo más de un millar el número de militantes armados.

Al Qaeda es sólo uno de los desafíos que afronta este país que los más pesimistas ven a punto de convertirse en un Estado fallido. Desde hace cinco años, el poderoso clan de los huthi lleva a cabo una revuelta contra el Gobierno central, al que acusa de discriminación religiosa, económica y política. Esa guerrilla de la provincia de Saada, al norte, reanudó sus ataques en agosto. Debido a que los huthi son chiíes, tanto el Gobierno de Saná como sus aliados árabes responsabilizan a Teherán de dar apoyo logístico a la revuelta.

EE UU ha dicho que carece de pruebas y que lo considera un problema interno de Yemen. Por su parte, los iraníes están explotando la intervención militar saudí, cuya frontera sur han violado los rebeldes, para presentar el conflicto como una "agresión de los extremistas suníes contra civiles musulmanes indefensos".

Entre tanto, el movimiento separatista del sur del país, que hasta 1990 era un país independiente, está recobrando vigor ante lo que los habitantes de la antigua República Democrática de Yemen perciben como una explotación del norte. En noviembre tres manifestantes y dos soldados resultaron muertos en una manifestación secesionista en Ataq (Shabwa).

Además, la mítica tierra de la reina de Saba es hoy un país atrasado, paupérrimo y anclado en estructuras tribales que dificultan su gobierno. Cerca de la mitad de sus 24 millones de habitantes sobrevive con menos de un dólar al día, y uno de cada cinco niños está desnutrido. Sólo tiene 6.200 kilómetros de carreteras asfaltadas para una extensión similar a la de la península Ibérica, lo que dificulta el desarrollo del medio rural, donde vive el 69% de la población.

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