Costa Rica acoge al cubano 'varado' en un aeropuerto

El disidente consigue asilo político después de 53 días en la terminal

Un dictamen ministerial de refugio político permitió al cubano José Ángel Roque Pérez entrar legalmente en Costa Rica después de casi dos meses de permanecer en el aeropuerto Juan Santamaría de San José.

Roque Pérez salió por la puerta grande del aeropuerto costarricense, donde permaneció varado 53 días a la espera de la decisión que finalmente tomó la propia ministra de Seguridad, Janina del Vecchio.

Atrás dejó la pecera, una pequeña y sofocante sala de espera en la que se alojó durante los días en que protagonizó una historia similar a la que Steven Spielberg plasmó en su filme La terminal.

El actor no fue esta vez Tom Hanks, sino un electricista de 40 años que asegura ser perseguido por el régimen de La Habana debido a su participación activa con otros disidentes agrupados en una iniciativa llamada Proyecto Varela. La cárcel que Roque temía volver a visitar ya no es más una amenaza, pues la resolución ministerial del pasado lunes aplicó sobre Roque el artículo 2 de la Convención sobre los Refugiados, de 1951, que recomienda otorgar el refugio a quien tenga temores de ser perseguido por motivos políticos.

"Óigame bien. Yo tengo 40 años, y el último bistec lo comí cuando tenía nueve. En Cuba es comunista sólo el que vive del comunismo"

"Yo sólo estaba dispuesto a salir así. Era p'acá o muerto. Yo p'atrás no miraba", contó Roque a EL PAÍS con el cubanísimo acento que lo delató cuando intentó engañar a los oficiales de Migración del aeropuerto Juan Santamaría, el 4 de diciembre. El pasaporte salvadoreño era tan falso como el destino de su billete aéreo: Ecuador. La escala en San José se convirtió en su estación final, agregó al lado de un amigo que forma parte, desde hace ya siete años, de un grupo de 531 refugiados cubanos en el país.

Roque mostraba los cómics que le obsequiaron, los primeros que leerá en su vida, y una bandeja con comida de avión, envuelta en plástico y con un rótulo que dice "deportado", cedida por la aerolínea Taca durante más de siete semanas, mientras sus allegados y una fundación experta en derechos humanos realizaban gestiones para conseguir resolver su situación.

Pesimista declarado

Llegó el 4 de diciembre con sus 90 kilos más un pequeño equipaje, en el mayor de los anonimatos y con un plan calculado. "Éste es un país con verdaderas libertades y una democracia que permite vivir", fue la frase que el cubano, ahora con 10 kilos menos, repitió en las abundantes informaciones de prensa que ahora colecciona, pues considera "simbólica" su historia, que comenzó con una carta de invitación a Ecuador y terminó cuando una paramédica llegó este lunes a hacerle la última revisión con la noticia en la mano: adiós a la pecera.

Tras el rechazo de las autoridades migratorias, la resolución de refugio la emitió Del Vecchio pocas horas después de que Hermes González, presidente de la Fundación por los Derechos Humanos, tomara el teléfono y llamara directamente al presidente, Óscar Arias, tradicional crítico del sistema cubano.

También hubo presión de la Defensoría de los Habitantes y de otros grupos que volvieron a poner el acento sobre la carencia de libertades políticas a la que se enfrentan los cubanos ajenos al aparato estatal de La Habana. "Óigame bien. Yo tengo 40 años, y el último bistec lo comí cuando tenía nueve. En Cuba es comunista sólo el que vive del comunismo", expresó Roque, pesimista declarado ante quienes ven señales de apertura en la dictadura cubana.

"Ahora me dedicaré aquí a rehacer mi vida, voy a trabajar fuerte", prometió el ex empleado de una planta productora de azúcar en su pueblo natal de Zulueta, donde quedaron sus padres y hermanos. "¡Ay, hijo, si yo tuviera alas me iría contigo!", fue lo que le dijo su madre por teléfono este lunes, cuando él la llamó para decirle que ya había salido de la terminal aérea.

Allá, al norte de la isla, quedaron también los compañeros del Proyecto Varela y el trabajo como operario en una planta productora de azúcar.

Su trabajo ahora será otro. "Me lo llevo a la pizzería", anunció su amigo y paisano Alexis Borroto, instalado al norte de San José, donde ambos celebraron con ron cubano el fin de la película propia. "Bueno, puede ser que comience la parte buena de la película", exclamó Roque.

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