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Un menor es asesinado en Brasil cada diez horas, según datos oficiales

El Ministerio de Sanidad advierte del incremento de la violencia familiar

El caso de la pequeña Isabel, de cinco años, supuestamente asesinada y después arrojada desde un sexto piso de la casa del padre, Alexandre Alves Nardoni, y de su madrastra, Anna Carolina, ambos presos bajo sospecha de asesinato, no sólo está conmoviendo a todo Brasil, sino que ha puesto sobre la mesa un drama muchas veces escondido: el del número ingente de asesinatos de menores, perpetrados en gran parte dentro del ámbito familiar. A la muerte de Isabel se unió en un breve espacio de tiempo la de una niña de 10 años que, acosada por la violencia del padre, que quería pegarla, se arrojó por la ventana y no murió de milagro.

Según datos del Ministerio de Sanidad brasileño, entre 2000 y 2005 tuvieron lugar 5.049 muertes de niños y niñas de uno a 14 años. En 2005, 662 niños murieron por agresiones dentro del hogar, es decir, uno cada diez horas.

Y lo que más asusta es que, mientras en el pasado buena parte de los asesinatos de niños eran cometidos con armas de fuego fuera de casa, ahora se perpetran —sobre todo, hasta los 12 años— mediante estrangulamientos, cuchillos, etc., lo que indica que esos crímenes tienen lugar cada vez más en el ámbito familiar, según señala María Fernanda Tourinho, investigadora del Núcleo de Estudios de Violencia de la Universidad de São Paulo (USP).

En los últimos años, el índice de homicidios con víctimas entre 0 y 18 años se sitúa en una media de 12,56 por 100.000 habitantes. Con todo, el psiconalista Mário Eduardo Pereira recomienda desde el diario O Globo que no se busquen culpables a cualquier precio ni se piense que todos esos padres que en el silencio del hogar asesinan a sus pequeños son enfermos psíquicos. Muchas veces, las drogas y el alcohol, unidos a ciertas situaciones de estrés familiar, hacen posibles esas monstruosidades. Según el psiquiatra Icami Tiba, hay más personas con miedo a cometer actos de violencia contra sus hijos de lo que se piensa. "Hay que atacar esos fantasmas antes de que se conviertan en personas", advierte Tiba.