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Dolor, duelo y flagelación

La comunidad chií celebra la fiesta de la Ashura, que recuerda el asesinato, hace catorce siglos, del nieto de Mahoma

Bagdad / Kabul / Madrid

Cientos de miles de chiíes celebran hoy la festividad de la Ashura, la más sagrada del calendario chií, que conmemora la muerte en el siglo VII del imán Husein, nieto de Mahoma, que cayó muerto en Kerbala (Irak) junto a 72 de los suyos en el año 680 dC. por huestes del califa omeya Yazid I. Su fallecimiento marcó el cisma entre las dos principales confesiones del islam, la chií, que defiende el linaje del profeta Mahoma, y la suní, favorable a un califato abierto a los demás musulmanes.

Todos los años y desde hace catorce siglos, el décimo día del primer mes del calendario islámico, Muharram, los fieles chiíes acuden a procesiones en las que cientos de penitentes vestidos de negro, con cintas del mismo color en la cabeza y las espaldas descubiertas, se flagelan con ramas de espino, cadenas e incluso espadas. Estas acciones se repiten cada año, tanto en Irak -la tumba de Husein está en Kerbala y la de su padre Alí en Nayaf- como en países que tienen importantes comunidades chiíes, como Irán, Pakistán y Líbano.

Muertos y heridos graves

El fervor con el que los creyentes golpean sus espaldas provoca que todos los años se registren varias muertes y que numerosas personas deban ser atendidas de heridas graves en los hospitales. Muchos niños participan en los ritos de la Ashura, que también se flagelan el cuerpo para expresar su enorme pesar por la muerte del imán Husein.

A diferencia de lo que ocurre en el vecino país de Pakistán, los enfrentamientos entre chiíes y suníes, que consideran prohibidas para el islam las prácticas chiíes en la Ashura, no son frecuentes en Afganistán, donde la gran parte de la población (un 80%) es suní. La festividad coincide este año con la indignación en el mundo islámico por la publicación en Europa de las caricaturas de Mahoma.