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PRESIDENCIALES EN NICARAGUA

El sandinista Ortega reconoce su derrota en favor del liberal Bolaños

Con el 13,3% escrutado, Bolaños ha obtenido el 53,73% frente al 44,65% de Ortega

El candidato sandinista, Daniel Ortega, ha reconocido su derrota en las elecciones presidenciales de Nicaragua frente al candidato oficialista, el liberal Enrique Bolaños cuando sólo se llevaban escrutados el 5,42% de los votos. A estas horas ya se ha contado el 13,3% de las papeletas y la ventaja de Bolaños aumenta a nueve puntos.

El responsable del organismo encargado de las elecciones, Roberto Rivas, ha informado de, con el recuento de 1.238 juntas electoras de un total de 9.502, Bolaños logra 150.877 votos, equivalentes al 53,73%. Ortega, por su parte, consigue 125.363 sufragios, es decir, el 44,65%.

El tercer aspirante presidencial, Alberto Saborío, del Partido Conservador, obtiene sólo 4.564 votos (el 1,63%).

En una declaración leída frente a los militantes de su partido cuando el escrutinio era algo más del 5%, Ortega ha dicho que "la situación económica en que se encuentra nuestra nación es tan grave y la necesidad de construir instituciones sólidas es tan imperiosa, que vamos a apoyar la gobernabilidad del país desde nuestra posición de fuerza de oposición, responsabilidad que sabremos cumplir de manera constructiva".

El líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha agregado que "vamos a apoyar esta democracia, que debe ir de la mano del fortalecimiento e independencia de las instituciones, de la lucha contra la pobreza, del imperio de la ley, del combate frontal a la corrupción, el narcotráfico y el terrorismo, de una economía de mercado dinámica y de la justicia y equidad social".

"La convergencia liderada por el FSLN va a estar al lado del pueblo", que necesita más que nunca el apoyo "de los buenos hijos de Nicaragua, por las difíciles condiciones que el actual Gobierno entrega el país y por el entorno internacional tan complicado en que hoy nos toca vivir".

Los sandinistas "vamos a ser firmes aliados de la Nicaragua pacífica, libre, justa y próspera por la que tantos nicaragüenses dieron su vida", ha añadido.

Ortega ha ratificado el "respeto a los resultados de estas elecciones nacionales" que empezaron a ser emitidos por el Consejo Supremo Electoral "de manera que acataremos el resultado del pueblo saludando a la fórmula del Partido Liberal".

400 observadores internacionales

Cerca de 11.000 observadores nacionales y 400 observadores internacionales, entre los que se encuentra el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el colombiano, César Gaviria; el premio Nobel de la Paz de 1987, el costarricense Oscar Arias; y el ex presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter han velado por la garantía de los comicios.

Así, entre una tranquilidad inesperada y bajo la supervisión de los observadores, Nicaragua vivió ayer uno de los comicios más ajustados de su historia electoral en los que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que gobernó durante 11 años tras alcanzar el poder por las vía armada en 1979, se enfrentaba al reto de retornar al gobierno por las urnas.

Una tercera oportunidad perdida

Tras perder consecutivamente en los comicios de 1990 frente a la ex presidenta Violeta Chamorro, y en los de 1996 ante el actual presidente, Arnoldo Alemán, Ortega confiaba esta vez en una victoria.

El desgaste que ha sufrido el gobierno de Alemán por sus supuestos actos de corrupción, el desempleo y la pobreza, en el que vive la mitad de la población de este país, había catapultado en estos comicios la candidatura de Ortega, que se presentaba como "el salvador de los pobres".

Bajo su gobierno, el país vivió una guerra civil (1982-1990) que enfrentó a los sandinistas con la "contra", apoyada y financiada por EE UU, país al que ahora corteja Ortega, y del que asegura tener todo el apoyo para un futuro gobierno.

Ortega ha intentado convencer al electorado de que ya no es el mismo "muchacho", que con 23 años se alzó en armas contra la dictadura de Anastasio Somoza y confía en que los ciudadanos nicaragüenses le concedan una segunda oportunidad.

Por su parte, el principal reto de Bolaños ha consistido en no sufrir el voto castigo que diversos analistas políticos esperaban en su contra por los supuestos actos de corrupción del gobierno de Alemán, del que fue vicepresidente hasta el año pasado.

En la recta final de su campaña, Bolaños ha mostrado un distanciamiento de Alemán y ha prometido que en un eventual gobierno combatirá la corrupción e iniciará investigaciones sobre las fortunas tanto del actual presidente como de Ortega.