Ir al contenido
_
_
_
_
TRABAJAR CANSA
Columna

Ya nadie llama

El teléfono ya no nos suena y, cuando lo hace, asumimos que es publicidad o algún pesado, pero nunca un amigo

El plan para la reconstrucción de Gaza en una pantalla durante la reunión de la Junta de Paz, el pasado 19 de febrero en Washington. ALESSANDRO DI MEO ( EPA / EFE )

Sonó el móvil el otro día y solo entonces me di cuenta de que llevaba días sin hacerlo, tal vez semanas. Ya nadie llama, la gente no llama nunca. Y lo peor es que pensé que quién sería el pesado que llamaba, o que sería publicidad. Pero no, era un amigo, fue una sorpresa y hablamos un buen rato. Cuando terminamos, miré la duración de la conversación, porque ya no sabemos vivir sin medir incluso las pequeñas unidades de tiempo y tenerlas bajo control, como las calorías. Y eso que yo nunca he llevado reloj, pero no por no llevarlo puedes escapar del tiempo. Había pasado media hora, sin darme cuenta, sin hablar de nada especial, de esto y de lo otro. No supe si era una pérdida de tiempo o tiempo precioso ganado a la prisa. Me supongo que esto último, porque me sentía mucho mejor.

“¿Qué es lo que más os aterroriza de la pureza?”, le pregunta Adso de Melk a Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa, y él responde: “La prisa”. He leído esta frase por ahí porque se cumplen 10 años de la muerte de Umberto Eco, y recuerdo leer cada semana sus artículos, que fuera normal que estuviera ahí. Ahora me doy cuenta de que era un privilegio, tampoco hay tanta gente a la que leer, voces sabias en las que confiar. Eco conocía bien los problemas de la pureza, escribía ensayos elevados pero le encantaban los tebeos, los anuncios y cosas así, mezclar lo alto y lo bajo, digamos, y hasta le dio algo de vergüenza publicar una novela, podía minar su prestigio como profesor. Qué tiempos, aún se pensaba que el nivel tenía que ser alto. Recordarán la historia de El nombre de la rosa, esa fantasmagórica abadía medieval donde mueren frailes misteriosamente, dirigida por un siniestro monje, español y ciego, Jorge de Burgos, obsesionado con defender la verdad de la fe y los secretos de una enorme biblioteca. Sobre todo, le preocupaba que se descubriera el poder subversivo de la comedia y la risa, que podían cuestionar la seriedad trágica de la vida y los dogmas eternos. Era un trasunto de Jorge Luis Borges, que escribió un cuento llamado La biblioteca de Babel, un laberinto infinito con todos los libros posibles y sus contrarios, lo indescifrable y lo cristalino, la verdad y lo falso. Borges, visitando en Italia uno de esos maravillosos jardines con forma de laberinto, dijo una de sus frases lapidarias: “El mayor laberinto es el desierto”. Hoy todo esto se entiende perfectamente, no se ve ningún camino.

En Washington tenemos al Sergeant Pepper de los tiranos, los locos y los pelotas, que desfilan al ritmo de Gloria, de Umberto Tozzi, y diseñan Gaza como ciudad de vacaciones. Eché de menos en la foto a Voldemort y al Conde Drácula. Verlos bajo la frase “Consejo de Paz” es como sacar a la familia Corleone con Love Is in the Air. Será una de esas fotos que dentro de unos años se enseñen para que se vea lo mal que estábamos. Es gente que tiene todo clarísimo, la pureza de los valores tradicionales. En Madrid, en cambio, en la sala Galileo Galilei se juntaron a charlar dos exponentes de la izquierda en plan informal, y en realidad el tema de fondo también era la pureza, y si merece la pena, y que aún hay tiempo. Dijeron que no tiene sentido que se presenten 14 izquierdas en la misma provincia (fue una estimación a la baja). No sabemos cómo acabará esto, aunque nos lo imaginamos, pero daba cierta impresión ver a tanta gente correr a Washington y el vacío a estos dos, y eso que para ir a esa sala hay parada de metro, Islas Filipinas o Canal, que es como elegir entre algo exótico o lanzarse al río. Pero es que hoy nadie llama (y tampoco tenemos a Umberto Eco).

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_