La punta de la lengua
Columna
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El kit de philosophy no es monetary

Las palabras patrimoniales del español parecen no servir para la vida moderna

Chanel durante la final del Benidorm Fest, clasificatorio para el certamen de Eurovisión 2022, el pasado 29 de enero en Benidorm (Alicante).Foto: Manuel Lorenzo (EFE)

Las autoridades del sector público presumen por la mañana de que el idioma español constituye una riqueza inmensa, y por la tarde lanzan un hub o un kit, y hasta organizan un Benidorm Fest.

La televisión estatal ha estrenado el programa titulado This is philosophy, en la línea del anterior This is opera. Además, llama RTVE play a su oferta de audios y vídeos en diferido. Y una vez llegados a ella, encontramos las pestañas Riders, Gen Playz, Danz, Whaat y App. Ah, y también otra que indica: “Series y programas” (¿qué querrá decir esto?).

Las palabras patrimoniales del español parecen no servir para la vida moderna.

El presidente Pedro Sánchez anunció el pasado 24 de noviembre una inversión de 500 millones de euros para ayudar a pequeñas y medianas empresas y autónomos mediante un bono que permita financiar servicios y soluciones tecnológicas. Y a eso lo han llamado kit digital. (El hecho de que kit haya entrado en el diccionario académico —con la misma definición que “lote”, por cierto— no le retira su condición de anglicismo crudo).

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La traducción más literal de “kit digital” sería “equipo digital”, pero en este caso concreto aportaría una mayor precisión el término “bono” (“bono digital” o “ciberbono”), porque permite obtener soluciones o servicios destinados a que las empresas mejoren sus medios informáticos y su ciberseguridad. Es decir, algo parecido al bono cultural concebido para que los jóvenes compren libros.

Ya hemos indicado otras veces en este espacio que el problema de los anglicismos radica normalmente en que desplazan a términos más asentados, de mayor riqueza y mejor precisión. Por ejemplo, el kit sanitario suele ser un botiquín. Y el kit de costura, un costurero.

Kit arrincona además a “lote” y a otros términos arraigados en español como “juego”, “estuche”, “paquete”, “equipo” o “avíos”, según el contexto.

Y en este punto surgirá nuestro consabido complejo de inferioridad ante el inglés: ¿Cómo vamos a decir “avíos” (“utensilios necesarios para algo”) teniendo kit, que suena más comercial?

El pasado año, el Gobierno lanzó también el “hub audiovisual” para impulsar la industria de ese sector. El anglicismo hub ya pasó por aquí, con sus alternativas “eje”, “polo”, “nudo” y “nodo”.

Con todo eso, no podemos extrañarnos después ante la letra que representará a España en Eurovisión. Sus 369 palabras contienen 138 anglicismos, casi todos superfluos: monetary, secondary, party…

Pero algunos de ellos no significan lo que señalan los diccionarios bilingües. La profesora Lorena Pérez Hernández, de la Universidad de La Rioja, ha desmenuzado en el portal llamado The Conversation (qué paradoja) el significado que se da entre algunos grupos de jóvenes a esos términos incluidos en la canción. Así que ya no basta con saber inglés para entender el inglés.

Por ejemplo, el boom-boom es mayormente un trasero voluminoso que se mueve al ritmo de la música. Y daddies no se refiere ahí ni a los papás ni a los maduritos que ligan con muchachas, sino a un colega con el que se mantiene una relación.

Un tipo de relación que permitirá por ejemplo darse el lote para ir entrando en calor. O sea: “besuquearse y manosearse con otra persona”.

Imagino que esto de “darse el lote” les habrá parecido a ustedes muy antiguo. Es verdad. Seguro que ya ni se usa. Ahora habría que decir “darse el kit”.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo

Subdirector de EL PAÍS y doctor en Periodismo. Presidió la agencia Efe entre 2004 y 2012, etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades. Es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua.

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