Michael J. Sandel, el filósofo que rompe con el discurso del ‘si quieres, puedes’

Estrella del pensamiento contemporáneo, cuestiona el relato de ganadores y perdedores. Su interés por la filosofía nació en Fuengirola

Michael Sandel, es un filósofo político y profesor estadounidense. Suplemento Ideas 06/02/22.
Michael Sandel, es un filósofo político y profesor estadounidense. Suplemento Ideas 06/02/22.Luis Grañena

España ocupa un sitio especial en la biografía de Michael J. Sandel (Mineápolis, 1953), el profesor de Harvard que ha convertido sus cursos universitarios en libros de éxito. En una casita alquilada en Fuengirola, en el invierno de 1976, leyó por primera vez a Immanuel Kant, a Hannah Arendt y a John Rawl, que despertaron su interés por la filosofía. En España recibió en 2018 el premio más importante de su carrera, el Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, y españoles son desde hace bien poco su mujer, Kiku Adatto, investigadora en Harvard, y sus dos hijos apenas treintañeros. “Kiku es de origen sefardí, sus antepasados proceden de Sevilla”, cuenta Sandel por videoconferencia, y ella y sus dos hijos acaban de obtener la nacionalidad española.

Sandel estuvo en diciembre en Madrid para hablar de su último libro, La tiranía del mérito (Debate 2020), que ya va por la quinta edición, superando en lectores a obras anteriores como Justicia o Lo que el dinero no puede comprar, de la misma editorial. Se trata de un libro sumamente crítico con la meritocracia, un sistema visto hasta ahora como muy superior al que deja en manos de afinidades políticas, apellidos y enchufes variados el ascenso social. El autor cree que no hay duda de que representa una mejora sobre la corrupción y los prejuicios. “Lo malo es que ha sentado un principio de ‘merecimiento’ que ha erosionado la cohesión social”, afirma.

Los triunfadores acaban creyendo que merecen su éxito, y eso les llena de soberbia, mientras los perdedores asumen que merecen su fracaso, y eso da paso a un sentimiento de humillación. La realidad es que son múltiples los factores que intervienen en el desarrollo de cada vida. Y la suerte es, a menudo, fundamental. El culto a los triunfadores ha contaminado además a los partidos de izquierda, según Sandel. En EE UU, destaca, el Partido Demócrata es el partido de la gente con estudios universitarios y muchos trabajadores se han sentido abandonados. Y otro tanto ocurre en muchos países europeos. Por eso insiste en que es urgente devolver la dignidad al trabajo, hasta al más humilde.

No es raro que Sandel haya dedicado un libro a la meritocracia. Él mismo es un refinado producto de la educación elitista. Graduado en la Universidad de Brandeis, cerca de Boston; doctorado en Filosofía Política en Oxford, donde estudió con una beca Rhodes; profesor de Harvard desde 1980 (actualmente es catedrático en la Facultad de Derecho), y galardonado con importantes premios. “Me declaro culpable”, dice bromeando. Por eso, hace unos años, puso su curso Justicia totalmente gratis en la Red y se encontró con que millones de personas lo siguieron. Su objetivo con ese experimento era ver si las nuevas tecnologías pueden convertir la enseñanza en un bien público. El proyecto le ha proporcionado una de las mayores satisfacciones de su vida, en la que parece haberle sonreído casi siempre la fortuna.

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Nacido en una familia judía de Mineápolis, el mayor de cuatro hermanos (tres chicos y una chica), su vida dio un vuelco cuando, por el trabajo de su padre en la industria discográfica, dejó la fría ciudad de Minnesota por la soleada Los Ángeles. Un gran cambio no sólo de clima, sino de cultura, aunque Sandel guarda muy buenos recuerdos de ambos. Desde los ventanales de su escuela, la Palisades ­High School, Michael veía el Pacífico. El tiempo soleado invitaba a pasar horas en la calle y a hacer mucho deporte.

Desde muy joven, la política le atrajo enormemente. Y a los 21 años la suerte le permitió cubrir para el diario de Texas Houston Chronicle, en calidad de periodista en prácticas, los últimos episodios del escándalo Watergate que acabaría con la dimisión del presidente Richard Nixon. Fue una experiencia extraordinaria que estuvo a punto de encaminar sus pasos al periodismo político, pero el interés por la filosofía acabaría imponiéndose. Por entonces se dio cuenta de que todas las cuestiones que le interesaban eran también inevitablemente filosóficas. Pero ha procurado siempre enseñar una filosofía conectada con los problemas a los que se enfrenta la gente en sistemas democráticos.

Y parece que lo ha conseguido. Antiguos colaboradores de Harvard, como Andrew Schroeder, han subrayado que uno de sus puntos fuertes es su capacidad de acercar a los alumnos el mundo abstracto de las ideas filosóficas con innumerables ejemplos de la vida cotidiana. “Es una voz imprescindible en un mundo de ‘ganadores’ y ‘perdedores”, señala por correo electrónico la rectora de la Universidad Autónoma de Madrid, Amaya Mendikoetxea. “Nos muestra que ni el fracaso ni el éxito, entendidos desde un punto de visto socioeconómico, son responsabilidad exclusiva del individuo”.

Por eso, Sandel se esfuerza en poner en marcha un debate público sobre el bien común, que ha desaparecido, dice, del debate político infestado de frases tecnocráticas o mero griterío hueco. Su deseo es promover un discurso público centrado en los valores, en el que abordemos cosas como: ¿qué sentido tiene la justicia?, ¿qué podemos hacer para superar la desigualdad?, ¿qué nos debemos los unos a los otros en tanto que conciudadanos? Sería la mejor forma “de honrar nuestro pluralismo”, dice, convencido de que así se superaría también la polarización que sufrimos.

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