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Palabras con retroceso de culata

Pere Aragonès acusa al Supremo de “venganza”. Pero con ello reconoce una ofensa previa

La expresidenta del Parlament Carme Forcadell, antes de volver a entrar en prisión el 4 de diciembre.
La expresidenta del Parlament Carme Forcadell, antes de volver a entrar en prisión el 4 de diciembre.Toni Albir / EFE

Algunas palabras tienen retroceso de culata: disparan hacia delante, pero el significado que albergan se vuelve contra quien las usa en su favor.

Por ejemplo, si el rey emérito regulariza un asunto fiscal, eso refiere el acto de arreglar algo, pero a la vez muestra que antes lo había estropeado. El verbo “regularizar” pega siempre unos buenos culatazos.

Por su parte, el presidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès, declaró el viernes 4 que la decisión del Supremo contra los beneficios penitenciarios de los condenados por promover ilegalmente la independencia de Cataluña respondía a una “sed de venganza”.

Al toparme con estas dos expresiones, recordé también una palabra pronunciada por José Barrionuevo, exministro socialista del Interior, cuando estaba procesado por su relación con los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), una organización que en los años ochenta mató o secuestró a etarras, a presuntos etarras y a personas a las que confundió con etarras. En 1998, durante el juicio por el secuestro de Segundo Marey (ciudadano sin vinculación alguna con ETA), Barrionuevo sostuvo un vivo careo con el entonces dirigente socialista vasco Ricardo García Damborenea, quien aseguraba que el ministro conocía la trama. En la discusión, Barrionuevo acusó a Damborenea de ser un “delator”. Y con el culatazo de esa palabra se condenó a sí mismo.

Si alguien acusa a otro de haberlo delatado, está diciendo, en el mismo momento en que pronuncia la frase, que en verdad él ha cometido un delito o una falta, condición necesaria para que lo delaten. Si Damborenea le hubiese atribuido falsamente los hechos que estaba describiendo en el careo, Barrionuevo le habría llamado mentiroso, pero no delator.

Sobre tal adjetivo pesa el significado del verbo “delatar”: “revelar la autoridad de un delito, designando al autor para que sea castigado”. El Diccionario del español jurídico viene a remachar la idea: “Delatar: Revelar la identidad de la persona que ha cometido un delito o infracción”. Por tanto, si yo digo que alguien me está delatando, estoy llamándome delincuente.

Algo parecido sucede con “venganza”: “Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos”.

Los actos que condujeron a la “venganza” del Supremo a la que se refirió Aragonés sucedieron a la vista de todos y consistieron en una serie de hechos encaminados a la secesión de Cataluña. Hasta ahora, la dirigencia secesionista los había presentado como actos legítimos, prescindiendo de las advertencias de los tribunales y de que la Constitución española impide tanto que un territorio se separe del resto de España como que el resto de España expulse a un territorio; igual que el Estatuto catalán también impediría, por ejemplo, que Gimenells declarase su independencia de Cataluña, o incluso de Lleida, merced al derecho a decidir de sus vecinos.

En un acto legítimo no puede haber agravio ni ofensa; pero en el momento en que aparece la palabra “venganza”, el culatazo ejerce su acción inmediata: para “vengarse” se necesita una ofensa previa.

Así sucede incluso con la venganza de Moctezuma, nombre popular de las diarreas que sufren en México los turistas españoles. En el momento en que se usa tal locución, se reconoce que algo malo le habrán hecho antes los españoles al emperador azteca. Y de paso, también se admite que, vistos los sucesos históricos, su venganza viene siendo muy benévola.

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