Ir al contenido
_
_
_
_

Olvidado Al Bowlly: la ‘estrella del pop’ asesinada por las bombas nazis que hoy reivindican Carlos III o Dua Lipa

Poca gente conoce su nombre, pero su voz y sus canciones son célebres en la cultura popular gracias a películas como ‘El resplandor’, a canciones de éxito como ‘Your Woman’ y, en la actualidad, a estrellas del pop como Dua Lipa y Lana del Rey y monarcas como Carlos III

El músico y cantante Al Bowlly (1899 - 1941) en 1936.Hulton Archive (Getty Images)

Quizá sea apropiado que la muerte de Al Bowlly (1899-1941) sea tan recordada como su vida o, mejor dicho, como su voz. Al fin y al cabo, su aparición más célebre en la cultura popular no es física, sino espectral. En El resplandor (1980) de Stanley Kubrick, cuando Jack Torrance entra en el salón de baile y suena la balada Midnight, the Stars and You (1934), la película alcanza uno de sus momentos más memorables. La escena es el corazón mismo del filme: el choque entre melancolía y violencia, y la idea de un pasado que regresa para atormentar el presente. La voz que flota en ese espacio fantasmal es la de Al Bowlly, incrustada en la memoria colectiva aunque muchos no sepan ponerle nombre.

La dulce voz de Al Bowlly, el cantante más popular en la Gran Bretaña de los años treinta, marcó tanto al público como su violenta y temprana muerte. Tenía sólo 41 años cuando falleció en Londres, en abril de 1941, durante el Blitz (los intensos bombardeos de la Alemania nazi sobre el Reino Unido entre septiembre de 1940 y mayo de 1941). Semanas antes había grabado una canción inusualmente política para su repertorio, When That Man Is Dead and Gone (1941), en la que comparaba a Adolf Hitler con Satanás y fantaseaba con un futuro “celestial” tras su muerte, celebrada “bailando en la calle” y “riendo” en su funeral. Pero Bowlly murió antes que Hitler, pocas semanas después de grabar esa canción, víctima de los mismos bombardeos de la Luftwaffe a los que aludía irónicamente en la letra. Su colega Ken Snakehips Johnson -famoso bailarín de la época- había perecido también por una bomba semanas antes, en el mismo club donde solían tocar juntos. Bowlly había evitado ese destino en varias ocasiones, pero no tuvo la misma suerte aquel día.

La medianoche del 17 de abril de 1941, Bowlly estaba en su casa de Londres, leyendo una novela del Oeste en la cama. Una detonación cercana hizo que la puerta de su dormitorio saliera despedida y le golpeara la cabeza, matándolo en el acto. Su cuerpo quedó intacto a pesar de la fuerte explosión. Bowlly había actuado ese mismo día en las afueras de Londres y, desoyendo las recomendaciones de sus colegas, regresó a la ciudad a pesar de que estaba siendo intensamente bombardeada. Lo que Bowlly no hubiera podido imaginar era que su música sería más popular que nunca 85 años después de su muerte.

El artista favorito de tu artista favorito

Nacido en 1899 en el actual Maputo, hijo de madre libanesa y padre griego, Al Bowlly creció en Sudáfrica y durante su juventud trabajó en la barbería de su padre, donde ya cantaba y tocaba el ukelele para “entretener a los clientes”, recuerda el saxofonista Joe Crossman en el documental de la BBC de 1975 Impresiones de Al Bowlly. Su origen cosmopolita lo hacía destacar -según su futuro colaborador, Ray Noble, parecía latino- y lo convirtió en un claro precursor de la estrella pop global tal y como hoy la entendemos. Bowlly grabó canciones no solo en inglés, sino también en otros idiomas, como el afrikaans o el yidis, y dio sus primeros conciertos con orquesta en Sudáfrica antes de continuar su carrera en la India y el sudeste asiático, actuando en hoteles de lujo, hasta consolidarse finalmente en Londres.

Antes pasó por Berlín, entonces considerada la capital europea del jazz, donde grabó su primera canción como cantante, Blue Skies, en 1926. Su comienzo en Londres fue difícil: durante la Gran Depresión, apenas le salían trabajos y recurrió al busking, cantando en la calle por dinero. Ray Noble contaba que era habitual ver a Bowlly tocando ante los que hacían cola en los cines de Londres, buscando así sobrevivir mientras esperaba su gran oportunidad. Fue Noble quien lo descubrió en 1930 y lo contrató para grabar en estudio. Bowlly registró centenares de canciones, incluidas las famosas Goodnight Sweetheart, Love Is the Sweetest Thing y The Very Thought of You, que lo catapultaron a la fama.

Al Bowlly fue lo que hoy llamaríamos el “artista favorito de tu artista favorito”. Ray Noble y Roy Fox lo admiraban hasta el punto de competir por su tiempo: con uno cantaba de día, con el otro de noche. Aunque nunca fue una superestrella popular en el sentido contemporáneo -quienes lo presentan como la “primera estrella del pop” exageran, ya que en los años treinta el star system moderno no existía-, sí fue un artista tan popular como profundamente respetado por la industria. Su tono suave y aterciopelado, su dicción impecable y su fraseo elegante fueron elogiados por la prensa de la época. No es casual que Bowlly se convirtiera en uno de los primeros vocalistas cuyo nombre figuró en los discos en una era en la que los cantantes solían permanecer en el anonimato y el protagonismo recaía casi exclusivamente en las bandas y las orquestas.

Bowlly fue uno de los primeros intérpretes en usar el micrófono como herramienta expresiva. No solo cantaba al micrófono para amplificar su voz, sino también para transmitir una emoción cercana e íntima, “proyectando su propia personalidad”. Una crítica de Melody Maker en aquellos años escribía que “su fraseo, dicción y entonación son soberbios, y el individualismo que consigue imprimir en sus interpretaciones resulta verdaderamente asombroso”. Bowlly adaptó su voz a la nueva tecnología y fue pionero de una nueva técnica vocal que los cantantes modernos adoptaron. Bowlly cantaba como si se dirigiera directamente a una sola persona, con una cercanía que embelesaba, llegando incluso a emocionarse a sí mismo: “Le he visto cantar al micrófono con lágrimas en los ojos, sentía la música de forma genuina”, contaba Ray Noble.

Figura clave de la edad dorada de la radio, Bowlly fue el nexo de unión entre los cantantes de music hall -la primera música popular británica, previa a la Primera Guerra Mundial- y el crooning moderno que más tarde popularizarían Bing Crosby o Frank Sinatra. Su carrera lo llevó también a nuevos escenarios, como Nueva York, donde actuó brevemente junto a un entonces desconocido Glenn Miller. Sin embargo, solo una de esas voces ha regresado una y otra vez transformada en el fantasma de una era desaparecida.

Kubrick utilizó su música en El resplandor -también en la famosa escena final- porque el director prefería usar música ya existente en sus películas a encargar composiciones originales. La voz de Bowlly aparece en en el videojuego BioShock usada de la misma manera, representando una reliquia sonora del pasado colocada en un futuro distópico. Su timbre, la textura granulada del vinilo, los arreglos lentos y cadenciosos convierten su canto en la representación misma de la nostalgia y de un “futuro perdido”. Sus canciones aparecen lo mismo en playlists de música liminal que de canciones de cuna.

La obra de Bowlly ha trascendido la historia musical para instalarse en la cultura moderna a través del cine o el teatro, convirtiéndose en una herramienta perfecta para la hauntología, el concepto introducido por Jacques Derrida y desarrollado después por Mark Fisher que investiga la presencia persistente de los fantasmas del pasado y de los futuros perdidos en la cultura contemporánea. El dramaturgo Dennis Potter utilizó la música de Al Bowlly en 1969 en su obra de teatro Moonlight on the Highway, donde el protagonista es un fan obsesivo del crooner. Artistas modernos como Hilary Lloyd han retomado esta tradición en exposiciones inspiradas en Potter. Todo resulta rematadamente británico. Sus breves intervenciones en pantalla en los British Pathé Shorts -que se proyectaban en los cines antes de la película principal- documentaron a Al Bowlly para la posteridad, pero como un espectro, incluso antes de que Stanley Kubrick robara su voz para convertirla en la atmósfera de una de sus más célebres películas.

Sin embargo, nadie ha resucitado la música de Al Bowlly con la intensidad de Leyland Kirby, músico inglés conocido por el alias The Caretaker. Su proyecto, inspirado directamente en El resplandor, como demuestra su nombre, transforma fragmentos de canciones de los años veinte y treinta en paisajes sonoros en descomposición, ralentizando los tempos y bañando la música en un eco fantasmagórico, haciéndolos sonar como directamente venidos del pasado, o de un recuerdo. Kirby ha sampleado varias grabaciones de Bowlly -Midnight, the Stars and You, It’s All Forgotten Now o Heartaches- llevando finalmente el proyecto hacia una exploración del Alzheimer y la pérdida de la memoria.

Las canciones de Al Bowlly han seguido inspirando el pop del siglo XXI, al margen de lo fantasmal. El tema más popular de The Caretaker, It’s a Burning Memory, basado en Heartaches, fue utilizado por Lana Del Rey como outro en su concierto de Coachella de 2024. Antes, Dua Lipa ya había sampleado My Woman en Love Again (2020), aunque en su caso basándose en la idea de una canción anterior, Your Woman de White Town, que fue número 1 en Reino Unido en 1997 utilizando el gancho instrumental de la pieza originalmente grabada por Al Bowlly en 1932.

Estos son dos ejemplos de cómo la música y la voz de Al Bowlly sigue recurriendo en el presente desde un pasado muy lejano, aunque en estos casos adoptando formas distorsionadas que no revelan al cantante real detrás de la voz desmaterializada. Otros han preferido recurrir directamente a la fuente, como el rey Carlos III, que incluyó The Very Thought of You en una playlist de Apple Music en 2025 llamada The King’s Music Room. Contaba que le gustaba la canción porque le recordaba a su abuela, Elizabeth Bowes-Lyon, la Reina Madre -contemporánea de Al Bowlly- “ya que solía escuchar mucho este tipo de música, y además nunca deja de levantarme el ánimo”.

La modernidad ha convertido a Al Bowlly en un símbolo de la melancolía vintage y de un tipo de nostalgia por tiempos no vividos que obsesiona a las nuevas generaciones. Hay algo reconfortante en escucharle cantar desde un pasado tan pretérito: su voz nos recuerda que todo estará bien, al menos, por un instante. Pero Kubrick no se equivocó al situarla en un contexto de violencia que se repite sin descanso. Sigue siendo la voz de una historia atrapada en un bucle de terror, recordándonos que el presente también está marcado por una oscuridad que nunca desaparece. Un pasado que, al igual que la música de Bowlly, sigue llamando desde el más allá.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_