Palomo Spain: “Muchos creían que nuestro éxito iba a ser flor de un día. Y no ha sido así”

Alejandro Gómez Palomo ha revolucionado la moda masculina de París, Nueva York y Madrid con su marca Palomo Spain y desde su pueblo natal, Posadas. Seis años después de su debut, el diseñador cordobés defiende que lo difícil no es llegar, sino mantenerse.

Alejandro Gómez Palomo posa con ropa de su propia colección 'Tiburón'. En el vídeo, varios de los asistentes al último desfile del diseñador en Madrid y miembros de su equipo desgranan las claves de su éxito. Foto: Pablo Zamora | Vídeo: Pablo Gil

Tienes que estar muy convencido de lo que haces para bautizarte con el nombre de tu país. Pero si algo no le ha faltado nunca a Alejandro Gómez Palomo (Posadas, 30 años) es desparpajo. Palomo Spain es la firma de moda del diseñador cordobés y una etiqueta que muchos todavía confunden con su propio nombre, tal es la sincronía entre el hombre y la marca que alumbró en 2015 en el London College of Fashion, donde entonces estudiaba. Meses más tarde, llegaría a Madrid con un desfile, Orlando, que le lanzó a una fama del todo infrecuente para un creador español. Un momento crucial que recuerda con todo detalle Daniel García en esta imprescindible carta del director de ICON, Palomo, por favor.

El resto es historia, suele decirse, pero lo difícil es seguir escribiéndola seis años después. Y de eso charlamos con Alejandro en Madrid a primeros de abril, unos días después de que presentara su colección ‘Tiburón’ en un edificio de oficinas de la Castellana y celebrara en la ciudad su 30º cumpleaños. Un desfile en el que los trajes de chaqueta se impusieron a las faldas de encaje en un cambio de rumbo que, acaso, habla también de la madurez del diseñador de moda masculina más influyente de España.

Acabas de presentar una colección de primavera que da una vuelta de tuerca erótica y lisérgica al cliché de Wall Street. Un cambio de dirección que tiene poco que ver con tu habitual historicismo romántico. Esta vez me costó encontrar el camino más que en otros desfiles. Empezó siendo algo totalmente diferente, pero siempre hago referencias a mi propia vida en mis colecciones. Por circunstancias personales, he entrado en contacto con el mundo financiero. Ha sido un shock, es una realidad muy distinta a la mía. Eso me llevó a reflexionar, con un poco de sinvergonzonería, sobre el entorno de los yuppies y a reírme un poco de ese mundo. La propia evolución de la marca ha hecho que se haya convertido en un negocio y nos hemos familiarizado con reuniones y conversaciones sobre inversiones. Yo no entiendo nada, pero me tengo que meter. En realidad, la colección empezó con referencias a San Francisco y la psicodelia, inspirada por artistas como Georgia O’Keeffe. Pero en eso había un hilo conductor que realmente conectara conmigo, así que cuando se nos ocurrió la idea del tiburón financiero, empezamos a pensar en los ejecutivos de Silicon Valley y en cómo toman microdosis de LSD para ir a trabajar. Fue entonces cuando se mezcló la psicodelia con las oficinas.

Alejandro Gómez Palomo y su círculo: Pape Moundor, Antonio Delgado, Rytas Matuliauskas y el actor Hugo Arbués. Todos, vestidos de Palomo Spain.
Alejandro Gómez Palomo y su círculo: Pape Moundor, Antonio Delgado, Rytas Matuliauskas y el actor Hugo Arbués. Todos, vestidos de Palomo Spain. Pablo Zamora
El modelo Benjamín Carvajal lleva un conjunto de la colección 'Tiburón' de primavera/verano 22 de Palomo Spain. La inspiración mezcla ejecutivos y alucinógenos con la habitual carga erótica del imaginario Palomo. Este traje aparentemente clásico y con sugerentes aperturas en la chaqueta y el pantalón, lo confirma.
El modelo Benjamín Carvajal lleva un conjunto de la colección 'Tiburón' de primavera/verano 22 de Palomo Spain. La inspiración mezcla ejecutivos y alucinógenos con la habitual carga erótica del imaginario Palomo. Este traje aparentemente clásico y con sugerentes aperturas en la chaqueta y el pantalón, lo confirma. Pablo Zamora

¿Cuál es la realidad del negocio de Palomo Spain ahora? ¿Cómo están los números? La realidad es que podemos sobrevivir con nuestros propios medios, hemos creado un ecosistema más o menos rentable, podemos pagar todos los sueldos cada mes y hay una estabilidad en ventas. Por supuesto, necesita crecer muchísimo porque aún estamos en las gallinas que entran por las gallinas que salen. Y hacer una colección y un desfile supone un sobre esfuerzo tremendo. No vendemos más porque no producimos más y no tenemos toda la gama de productos que querríamos. Hemos vuelto al bolso y al zapato, que vendemos maravillosamente. Y en la ropa ya hay un espectro amplio de prendas que van desde lo comercial y más económico (los bañadores, polos…), hasta un traje a medida o un abrigo de plumas, que también se venden. Hay clientes fijos, de los que tenemos sus medidas y que todas las temporadas encargan algo.

En 2017 también aparecías en ICON retratado con tu troupe, pero entonces estaba muy presente tu familia. De hecho, tu padre decía en el artículo que ellos “querían salir” de la marca. En este reportaje ya no están. ¿Se ha roto ese cordón umbilical? Roto del todo no, pero a mi padre ya le hemos quitado toda la carga de encima porque tiene sus propios negocios. La empresa la formamos él, mi madre y yo, a partes iguales, y ellos siguen involucrados. Pero ya no les hacemos conducir la furgoneta cargada de ropa a París ni montar los desfiles. Y, sobre todo, ya no tienen que poner un euro más de su bolsillo.

“Cuando volví a Posadas, me decían: ‘Con el dineral que se han gastado tus padres en que estudies en Londres, ¿te quedas aquí?”

¿Cuál es el siguiente paso? Hablas de inversiones y los fondos parecen muy interesados en la moda. ¿Has recibido propuestas de ese tipo? Queremos ir con cuidado. Hemos tenido momentos desesperados y hubiéramos podido vender parte de la empresa o convertirla en acciones. Por suerte, no lo hicimos. Es muy difícil luego funcionar con socios que van a estar encima.

Tu compañía no tiene CEO. ¿Te planteas esa figura? No sé si en algún momento va a ser necesario, igual sí. A veces me hace falta un timón al que agarrarme, y también me haría falta con mi equipo. En ocasiones, echas de menos esa figura inspiradora. Pero también da miedo. Nos han intentado colocar un CEO en algún momento y he sentido que no era la persona adecuada. Quién entre en Palomo tiene que entender y sentir lo que hacemos. No puede ser alguien demasiado ajeno porque hay una parte muy romántica en esta empresa y el romanticismo no se puede perder. Si no, me muero yo.

Alejandro Gómez Palomo (en el centro) con el equipo que trabaja con él a diario: Jacobo Angulo (diseñador), Irene Ruiz y Ana Aldea (del taller de Palomo). Todos van vestidos con ropa de Palomo Spain combinada con zapatillas de Nike y Adidas y mocasines de Versace.
Alejandro Gómez Palomo (en el centro) con el equipo que trabaja con él a diario: Jacobo Angulo (diseñador), Irene Ruiz y Ana Aldea (del taller de Palomo). Todos van vestidos con ropa de Palomo Spain combinada con zapatillas de Nike y Adidas y mocasines de Versace. Pablo Zamora
El cantaor Israel Fernández (Toledo, 33 años) posa con un traje de la colección 'Tiburón', de Palomo Spain. Fernández vistió de Palomo Spain en su videoclip 'El desamparo' y desfiló para el diseñador cordobés en octubre de 2021, lo hizo para presentar la colección 'Córdoba' en el Paseo del Prado de Madrid.
El cantaor Israel Fernández (Toledo, 33 años) posa con un traje de la colección 'Tiburón', de Palomo Spain. Fernández vistió de Palomo Spain en su videoclip 'El desamparo' y desfiló para el diseñador cordobés en octubre de 2021, lo hizo para presentar la colección 'Córdoba' en el Paseo del Prado de Madrid. Pablo Zamora

Hubo un momento en que aparcaste la distribución en tiendas multimarca para centrarte en tu propio canal digital. ¿Mantendrás esa estrategia? Ahora que nuestro propio canal online está afianzado, buscamos posicionarnos en puntos multimarca clave. Hemos entendido que la ropa en tienda física se vende fenomenal. Por ejemplo, en Madrid, lo hemos visto en el espacio en Wow Concept y en un pop-up que estuvo lleno desde que abrimos hasta que cerramos. Todo el mundo que entró compró algo. Antes la venta en tiendas nos complicaba muchísimo. Suponía irse a París con la colección, estar una semana y pico en un showroom que cuesta una millonada, que las tiendas te compren un poquito de esto y de lo otro, que la producción sea un desastre y que te paguen cuando les dé la gana. Todo para terminar despachando 60.000 euros en una temporada, que es lo que haces en un mes a través de la página web. Nos dimos cuenta que lo que habíamos hecho hasta el momento con las tiendas no estaba funcionando y era un esfuerzo enorme. Ahora lo queremos hacer diferente, con una persona interna que lo controle.

Este año, has estado entre los 20 semifinalistas del premio LVMH, pero no pasaste a final. ¿Cómo fue la experiencia? Muy positiva y muy bonita. Me encantó ver cómo gente a la que había admirado toda la vida reconocía y admiraba mi trabajo. En la presentación, estaba extasiado y feliz porque todo el mundo me saludaba y el puesto estaba lleno. Pero me he quedado con un sabor agridulce. Fue la organización quien me sugirió volver a presentarme —era algo que ya no pasaba por mi cabeza porque ya lo hice [en 2017]— así que me sorprendió, y me ha sabido un poco mal no llegar luego a la final. No se ha premiado ni mi trayectoria ni mi influencia. No puedo culpar al que no me haya votado, pero hay marcas en la final que todavía necesitan tiempo para madurar y que creo que han surgido a partir de una ventana que yo abrí y que ha podido influir en muchas de ellas. Por eso me ha dado pena no estar ahí.

“Hay una parte muy romántica en esta empresa. Y ese romanticismo no se puede perder. Si no, me muero yo”.

¿Ves la influencia de tu trabajo en la moda actual? Claro que lo veo, y en muchos sitios. He sido uno de esos pioneros en abrir un mundo nuevo a la moda masculina. Es una influencia reconocida, quizá, por los expertos. Ayer hablaba con una editora de Vogue y me impresionó cómo ella, desde EE UU, hablaba no solo de la influencia —la palabra era suya— que había ejercido en el mundo de la moda, sino también de la credibilidad, por tomarnos tan en serio que la ropa esté bien hecha y que no seamos solo una idea. Siempre me he visto como una marca de culto, como una película de serie B o un influencer que tiene menos seguidores, pero que a su vez influye a un grupo más grande. Quizá yo esté en esa posición.

El reconocimiento no puede ser tan minoritario, teniendo en cuenta la fama que has alcanzado. Desde el principio, he escuchado cosas como: “Vas a petarlo y te van a coger en una casa en dos días…”. Supongo que la gente siempre ha puesto muchas expectativas sobre mí. Amigos, en alguna borrachera, me dicen: “¿Qué ha pasado? Tenían que haberte ocurrido muchísimas cosas, pero te has estancado”. De alguna manera, hemos escogido otro ritmo, vivir en un pueblo, quedarnos en España, hacer las cosas de una forma más lenta. Desde luego, nos sentimos preparados para lo que venga, y sé que se me ha reconocido.

El actor Hugo Arbués (Madrid, 17 años) es un joven icono de la moda y estrella emergente gracias a la película 'A través de mi ventana'. Aquí posa con un clásico del estilo Palomo: una camiseta transparente con plumas.
El actor Hugo Arbués (Madrid, 17 años) es un joven icono de la moda y estrella emergente gracias a la película 'A través de mi ventana'. Aquí posa con un clásico del estilo Palomo: una camiseta transparente con plumas. Pablo Zamora
La familia extendida que forma la comunidad Palomo ha ido evolucionando en los seis años que lleva la firma en activo. En esta imagen, de pie y de izquierda a derecha, la estilista Alicia Padrón, el 'influencer' Curro Verdugo, el diseñador Jacobo Arce y Randy Bless, modelo. Sentados, de izquierda a derecha, Pedro Aguilar De Dios y Jorge García Valero, colaboradores y amigos de Palomo, y el modelo Pape Moundor.
La familia extendida que forma la comunidad Palomo ha ido evolucionando en los seis años que lleva la firma en activo. En esta imagen, de pie y de izquierda a derecha, la estilista Alicia Padrón, el 'influencer' Curro Verdugo, el diseñador Jacobo Arce y Randy Bless, modelo. Sentados, de izquierda a derecha, Pedro Aguilar De Dios y Jorge García Valero, colaboradores y amigos de Palomo, y el modelo Pape Moundor. Pablo Zamora

¿Tú te sientes estancado? No, porque veo que las cosas avanzan, y la marca tiene cada vez más peso y es más creíble. También veo que tenemos proyectos gordísimos con empresas muy potentes y gente que realmente consume la marca. He tenido dos veces la oportunidad de ser director creativo de una firma en Francia y me he quedado a las puertas. Estos días he reflexionado mucho. Me preguntan a menudo qué me falta por hacer, y creo que sería disponer de una libertad creativa absoluta, que solo me ha faltado por las limitaciones económicas. Siempre hemos ido al límite de comprar las boas de plumas justas para poder hacer dos abrigos y ninguno más.

Acabas de cumplir los 30. ¿Ha sido eso lo que te ha hecho reflexionar? Estoy súper preparado para tener 30 años. Han llegado en un momento muy bonito, con un fin de semana de celebración, después de un desfile precioso, con un equipo sólido, un montón de proyectos y un novio que me hace feliz. Me he visto en un momento que me apetece, y me apetece que también se me empiece a tomar en serio, no quedarme siempre en el niño jovencísimo. Los 30 te dan una cierta madurez y un peso.

¿Te sientes adulto? Sí. He tenido que ser adulto desde hace mucho tiempo, pero sin perder la inocencia. Según he ido madurando, más inocente me he vuelto. Tengo la responsabilidad de un adulto porque sobre mis hombros cae el peso de pagar 15 sueldos todos los meses. Además, tengo que inspirar y motivar a mi equipo, pero también lidiar con sus dramas.

Los modelos Pape y Randy posan con sendos monos de inspiración psicodélica de la colección primavera/verano 2022 de Palomo Spain, presentada el mes pasado en un edificio de oficinas del Paseo de la Castellana, en Madrid.
Los modelos Pape y Randy posan con sendos monos de inspiración psicodélica de la colección primavera/verano 2022 de Palomo Spain, presentada el mes pasado en un edificio de oficinas del Paseo de la Castellana, en Madrid. Pablo Zamora
El productor Jorge García Valero, el artista Filip Custic y el retocador e 'influencer' Curro Verdugo visten prendas de Palomo Spain. Jorge lleva zapatillas New Balance y Filip luce gafas PALOMÓ para Multiópticas.
El productor Jorge García Valero, el artista Filip Custic y el retocador e 'influencer' Curro Verdugo visten prendas de Palomo Spain. Jorge lleva zapatillas New Balance y Filip luce gafas PALOMÓ para Multiópticas. Pablo Zamora

Has hablado de las expectativas de los demás sobre ti, pero ¿qué hay de las tuyas? Cuando empezabas, ¿cómo te imaginabas a los 30? Durante muchos años, pensé que no llegaría a los 30 y que me moriría antes. Cuando era pequeño, me leyeron la mano y salió que moriría jovencísimo, así que me imaginaba mil maneras de morir a los 27: un parraque, una sobredosis, una depresión porque todo iba a fracasar… Me daba mucho miedo ese fracaso. Pero desde que empecé, vi que lo que hacía tenía un efecto e ilusionaba. Sabía que podía tener un recorrido, aunque no sabía cómo. También me daba miedo tropezarme y que todo se hundiera. Luego, no se ha hundido, aunque, desde el principio, los periodistas me preguntaban: “¿No tienes miedo a morir de éxito?”. Creían que todo era demasiado excitante como para perdurar y que iba a ser flor de un día. Y no lo ha sido. Lo más difícil es la perseverancia, conseguir que la marca se mantenga. Muchas firmas con las que empecé, gente que yo admiraba y tenía como referentes, no han podido continuar con sus marcas. Y no es que les faltara talento.

La transgresión en las convenciones de género parece ahora moneda común, pero no lo era en febrero de 2016 cuando llegaste a Madrid por primera vez con la colección ‘Orlando’, protagonizada por chicos con faldas de encaje. ¿Por qué sentías que eso era lo que había que hacer? Tiene que ver con dos cosas: una, la libertad que me han dado desde pequeño. Te puedo enseñar mil fotos de niño vestido de chica porque me apetecía. Pero luego, ya estudiando en Londres, vi que mi entorno reclamaba eso. Por supuesto, éramos cuatro modernos, pero necesitábamos expresarnos. El segundo motivo fue mi educación en moda, porque siempre la entendí como femenina. Tenía un gusto que me había currado durante toda mi vida en diseño para mujer, pero había algo que no conectaba conmigo porque no la entendía demasiado bien como cliente. No supe que podía diseñar para hombre hasta que llegué a Londres. Hubo un clic cuando me dije: “Puedo hacer esto para chico”. Luego conocí a Pol [Roig, colaborador y expareja], que me acompañó durante mucho tiempo y fue un regalo. Era la encarnación de la imagen del chico que había creado, con esa dualidad entre lo masculino y lo femenino, y por la delicadeza con que se movía. Recuerdo drapear sobre él un vestido de transparencias bordado en pedrería y plumas, todo rosa, y ya no tener nadie que me parase. Estábamos en Nueva York y ahí dije: “Puedo imaginar lo que quiera y ponerlo en el cuerpo de un hombre”.

Históricamente, otros han jugado con esa ambigüedad. Pero algo estalló en 2015. Al tiempo que nació Palomo Spain, Alessandro Michele revolucionaba Gucci y JW Anderson cuestionaba el uniforme masculino. ¿Intuías una ruptura de tal calado? Siempre supe que iba a contar primero con mi comunidad, pero que podía expandirse. Veía a gente completamente ajena emocionarse con lo que hacía. Cuando un chico heterosexual se prueba —al principio, siempre de broma— un tacón o una blusa, hay algo en ellos que despierta. Hoy en día es una realidad que el hombre puede ser coqueto y que un skater se pone un collar de perlas. Lo ves en la calle y, cada vez más, es lo normal. Por supuesto, también hay una reacción contraria a esa libertad, y es penoso constatarlo. No soy capaz de entender que haya gente que no esté a gusto con la libertad del otro.

Llevas 5 ediciones como jurado en el programa ‘Maestros de la costura’. ¿Qué papel crees que ha jugado tu presencia en televisión? Cada vez que sale en antena un chico como yo, que se viste con zapatos de tacón y perlas, puede caer bien a una madre o una abuela, es positivo. Gracias a eso, a lo mejor miran al nieto y piensan que no es tan raro. Ayer mismo, en CaixaForum, se me acercaba una madre con su hijo de nueve años llorando como una magdalena: el niño hace patronaje y está ilusionado conmigo desde siempre, tiene el libro y ve Maestros de la costura y gracias a eso él también se ha abierto a un mundo de posibilidades.

De izquierda a derecha, la estilista Alicia Padrón junto a Águeda Amiano y Paty Abrahamsson, ambas de la agencia Pelonio, colaboradora de Palomo Spain desde sus incios. Alicia va vestida de Palomo Spain; Águeda lleva americana de Palomo Spain con joyas Suot Estudio y Paty, abrigo, corbata y vaqueros de Palomo Spain con camisa Pull&Bear.
De izquierda a derecha, la estilista Alicia Padrón junto a Águeda Amiano y Paty Abrahamsson, ambas de la agencia Pelonio, colaboradora de Palomo Spain desde sus incios. Alicia va vestida de Palomo Spain; Águeda lleva americana de Palomo Spain con joyas Suot Estudio y Paty, abrigo, corbata y vaqueros de Palomo Spain con camisa Pull&Bear. Pablo Zamora

¿Dónde te gustaría estar dentro de otros seis años? Me gustaría que Palomo Spain siguiera siendo una realidad, pero mucho más grande, que pudiera formar parte de la vida de muchas más personas, seguir sorprendiendo y emocionado a la gente con mi trabajo. Me encantaría tener una tienda propia, o varias. Y, por supuesto, tener la oportunidad de trabajar en otro sitio.

¿Por qué era importante quedarte en Posadas? Al principio, costó mucho. Cuando volví a Posadas, me decían: “Después del dineral que se han gastado tus padres para mandarte a estudiar a Londres, ¿te vas a quedar aquí?”. Esperaban que me fuera a París, Milán o Londres, pero yo tenía un plan. Y la pandemia ha demostrado que, al final, ha sido una suerte tener ese espacio. Es cierto que ralentiza muchos procesos y, a veces, hace las cosas más difíciles. También me pregunto qué hubiera sido de mí si hubieses sido un chico de París y hubiese empezado desde allí: si todo el apoyo y cariño que he tenido en España lo hubiese recibido en una gran capital de la moda. Pero, al final, esta es mi historia y es lo que hay. Me lo he montado así con sus dificultades y con las satisfacciones que me da trabajar de esta manera. Porque Posadas me aporta mucho. Soy afortunado de poder dedicarme a esto desde mi casa y ver el campo desde la ventana.

¿Diseñarías para otra marca? Sí. El respeto que siento por esta profesión, la obsesión por lo bien hecho y mi conocimiento podrían enfocarse en un archivo y una herencia para darles la vuelta y hacer algo que conecte con el presente. Creo que ese es uno de mis atributos: he sido capaz de conectar con un público que lo necesitaba. Así que, desde luego que sí, me fliparía.

Antonio Delgado, de la agencia Pelonio, lleva vestido y pantalón de Palomo Spain con su propia ropa.
Antonio Delgado, de la agencia Pelonio, lleva vestido y pantalón de Palomo Spain con su propia ropa. Pablo Zamora

¿Cuál es la colección o el momento que recuerdas con más cariño? Hay muchos momentos a los que les tengo cariño. Los principios fueron preciosos. Aquel desfile en el Lázaro Galdiano [en septiembre de 2016] en el que todo el mundo se emocionó. Siempre había soñado con los desfiles de Lacroix en los que se aplaudía en medio de la presentación y, cuando salió el último look y la gente arrancó a aplaudir, se me saltaron las lágrimas. Decían: “No quiero salir de este mundo en que nos has sumergido”. ¡Fue tan bonito! Otra de las cosas que recuerdo con muchísimo cariño fue el vestuario de la Ópera de París yo que soy tan operero. Fue emocionante salir a saludar bajo esa cúpula de Chagall en el Palais Garnier. Y cuando en los talleres me decían que antes habían trabajado con Lagerfeld y Lacroix. Eso son regalos que te da la vida.

¿Cuál es tu consejo para los estudiantes o diseñadores que empiezan? Que entiendan que esto se va a convertir en un modo de vida, que no es un trabajo. Deben tener un objetivo y hacer algo que les diferencie del resto, dirigido a alguien en concreto y que a ellos les enamore. Y, sobre todo, que sepan que esto también debe ser una realidad de negocio. A mí me ha costado años entenderlo. Al principio, estuve muy endiosado y quemaba billetes. Cuando presentamos en el centro Mona Bismarck de París y organizamos el desfile de Hotel Palomo en Madrid, vendíamos de todo, y mucho, pero las entregas eran un desastre; la producción, una mierda… Tenía mucho bombo y repercusión mediática, pero la realidad era muy débil y la organización, cuatro palos. Ahora tenemos unos cimientos sólidos. Salir en unos videoclips está fenomenal, pero sin inversión y un plan, esto se cae en dos días.

La moda está de moda, pero ¿crees que se entiende hasta qué punto es difícil este negocio? Todavía no se entiende. La gente da por sentado que soy millonario. No sabe lo difícil que es mantenerse y lo complicadísimo que es vender. Es un negocio muy duro porque es muy caro. Pasa mucho tiempo hasta que ves un retorno económico y cualquier cosa es carísima, desde montar una sesión de fotos para vender en tu web hasta hacer una producción de bolsos. Y organizar un desfile ni te cuento.

Momento Eurovisión

Bocetos para vestir a Chanel en la final de Eurovisión de Palomo Spain
Bocetos para vestir a Chanel en la final de Eurovisión de Palomo Spain

A finales de abril, unas semanas después de esta charla, se anunció que Palomo Spain será la firma encargada del vestuario que lucirá la cantante Chanel Terreros como representante de España en la final de Eurovisión 2022, que tendrá lugar el 14 de mayo en Turín. El origen de la colaboración está, según la dirección de comunicación de RTVE, en el programa Maestros de la costura, donde Alejandro Gómez Palomo ejerce como jurado. El pasado jueves se desvelaron los detalles del atuendo, un mono de licra y tul con chaqueta de cuero, inspirado en los trajes de luces y en la portada de la Feria de Sevilla. "¡Hemos cosido a mano 50.000 cristales uno a uno!", explicó al diseñador a Televisión Española. Esta semana, en conversación con Carmen Mañana para este periódico, Gómez Palomo añadió que su equipo ha estado trabajando "a contrareloj" y con el tema SloMo sonando en el taller de Posadas sin parar. "Hemos tenido unas dos semanas en total", detalla. "Nos hemos quedado varios días cosiendo hasta las 3 de la madrugada. Ha sido difícil, duro y todo un reto, pero la semana pasada le hicimos la prueba final y estaba espectacular. Ha sido un subidón tremendo. Cuando ya entregamos el diseño, nos fuimos todos a la feria de Posadas y le pedíamos al dj que nos pusiera el tema para bailar con la coreografía que Chanel nos había enseñado". 


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