Cómo un diseñador español y un magnate indonesio se unieron para crear un nuevo material con envases de comida para llevar

Andreu Carulla, director creativo de los restaurantes de los hermanos Roca, recibió el encargo de un proyecto de reciclaje en un lujoso resort sostenible de Bali. El resultado fue una serie de taburetes o cubertería a partir del poliestireno expandido

Los taburetes de poliestireno del diseñador catalán Andreu Carulla que formaron parte de la exposición ‘N*thing is Possible’ en el Centro Nacional de Diseño de Singapur
Los taburetes de poliestireno del diseñador catalán Andreu Carulla que formaron parte de la exposición ‘N*thing is Possible’ en el Centro Nacional de Diseño de SingapurPotato Head

De los residuos que se generaban cada noche en la cocina del Celler de Can Roca, el catalán Andreu Carulla —diseñador y actual director creativo de los restaurantes de los hermanos Roca— hizo en el año 2018 una de las cosas que mejor se le da y por la que más se le conoce: crear muebles. En concreto, una línea de taburetes resistentes de menos de dos kilos cada uno confeccionados a partir de cajas de poliestireno expandido o porexpan. Al inyectar vapor al material, este se convertía en una masa que se podía trabajar en un molde. Con esta técnica, fabricaba para el Celler un asiento al día único, porque ninguno se parecía al anterior.

Así es por dentro la aldea de lujo que propone el resort Desa Potato Head de Ronald Akili en Bali.
Así es por dentro la aldea de lujo que propone el resort Desa Potato Head de Ronald Akili en Bali.Potato head

Hace poco, este proceso llegó a oídos del emprendedor Ronald Akili, una de las grandes fortunas de Indonesia, en buena medida por el resort de lujo Desa Potato Head, que fundó y dirige en la costa de Bali. Hasta allí viajan influencers, creadores de contenido y Carulla, con su familia. Diez días estuvieron en el paraíso. “Nosotros, claro, flipamos con lo que tenían ahí montado”, recuerda por videollamada: “Nada más llegar te dan una botella de aluminio con un tapón de plástico reciclado para que la rellenes en las fuentes, te dicen que cuando salgas intentes utilizar sus bolsas y mochilas, todo reciclado también, y la basura que generas la puedes guardar y llevársela porque ellos se encargan de triturarla en una máquina muy bestia que tienen en su taller de reciclaje”. De esta forma el complejo ha logrado reducir los residuos a un 5% cuando, según datos del propio Potato Head, los de un hotel cinco estrellas estándar oscilan alrededor de un 50%.

Este sistema surgió de una observación del empresario indonesio, que reparó en la cantidad ingente de basura que producía ya no solo el turismo, sino los ciudadanos mismos con su arraigada costumbre de comer en la calle y tirar los restos, tanto palillos como envoltorios de hoja de palma. Así que contrató una auditoria externa para aclarar el panorama. “Primero, para minimizar el impacto, y luego para transformar esa materia en algo que a fin de cuentas sea útil y bonito”, apunta Carulla. Para poner en práctica las conclusiones de la auditoría ha contratado un amplio equipo: Simon J Pestridge, antiguo vicepresidente de Nike internacional, es el director ejecutivo de experiencias de la marca. El estudio OMA, fundado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, está detrás del diseño de los edificios del resort. El arquitecto japonés Kengo Kuma se encargará de un retiro en la selva con cabañas modulares, todavía en fase de proyecto. Carulla ha sido uno de los últimos en integrarse en el plantel como colaborador.

Dentro del proyecto Roca Recicla, el catalán planteó esta serie de taburetes ligeros con las cajas de porexpan de El Celler de Can Roca, uno de los restaurantes de mayor renombre de España.
Dentro del proyecto Roca Recicla, el catalán planteó esta serie de taburetes ligeros con las cajas de porexpan de El Celler de Can Roca, uno de los restaurantes de mayor renombre de España.Cortesía Andreu Carulla

Durante su estancia en Bali, al catalán le programaron una ruta con visitas diarias a varios artesanos especializados en la producción y manipulación de bambú, ratán, soplado de vidrio o piedra basalto, para ver qué usos podían darle a los residuos. Antes, el diseñador inglés Max Lamb había realizado una silla hecha de 833 botellas de plástico y el estudio londinense Toogood creó muebles de exterior con tapones de botellas. Carulla preparó un sofá trenzado con tiras de plástico que simulaban fibras naturales, un diseño que la galería de la italiana Rossana Orlandi quiso adquirir de cara al último Salón del Mueble de Milán, aunque no llegó a tiempo para exponerse en su edición de junio.

La buena noticia, avanza él, es que se han seguido haciendo cosas: “Desde Potato nos dijeron que aún se les resistía el porexpan (poliestireno expandido), pese a que ya habían encontrado una solución que lo compactaba y con la que producen jabones, cepillos de dientes, los típicos amenities de hotel. Pero les sabía a poco”. En el estudio de Carulla crearon un material a partir del porexpan inspirado en la técnica del ratán. Lo presentaron en septiembre en un taller gratuito durante la semana del diseño de Singapur. La intención era sensibilizar al público sobre los enseres desechables de comida para llevar. “Todo con buen rollo, no desde el paternalismo o con ese discurso de ‘lo estás haciendo fatal’. Era más bien un ‘haz lo que quieras, pero mira lo que estamos haciendo nosotros y tú, si quieres, puedes sumarte”, aclara. La gente que se inscribió en el taller convertía el porexpan en una cuchara de cocina y, mientras el objeto se secaba —un proceso que tarda días— los utensilios se expusieron en el Centro Nacional de Diseño de Singapur junto con las piezas firmadas por los colaboradores de Akili, en una muestra titulada N*thing is Possible. (Todo es posible) “Lo interesante es que los objetos de los participantes eran absolutamente diferentes entre sí, porque el poliestireno lo tienes que enrollar y es como un churro de plastilina. Si le pones más disolvente se te queda más blando y pastoso, y si le añades menos obtienes una cosa tipo papel seco”, describe el catalán.

Andreu Carulla durante el taller de la semana del diseño de Singapur.
Andreu Carulla durante el taller de la semana del diseño de Singapur.Cortesía Andreu Carulla

Entre los asistentes al taller había influencers y amigos de la marca, por lo que la pregunta que subyace aquí es clara: ¿no es lo de Potato Head otro experimento más de los infinitos que ya existen sobre sostenibilidad? Carulla no lo niega, pero hace un pequeño apunte: “El taburete que nosotros diseñamos para la muestra con el material ya está en producción, han hecho una primera serie de diez unidades y van a continuar fabricándolo, primero para sus instalaciones y luego para vender en tiendas a un precio que puede ser bastante razonable”. Cuenta que lo mismo va a pasar con su cubertería y las mochilas de picnic creadas por él para los huéspedes del resort, con el mueble de Max Lamb y los de Toogood, y con las casi 100 cucharas del taller que han acabado siendo al final 500. En progreso está ya el catálogo con todos los productos, como avanzadilla de una futura firma de diseño con todas las de la ley.

Carulla también responde a si algo similar podría replicarse y ser escalable en el sector del diseño occidental. Lo ve complicadísimo: “En este caso se ha dado la coincidencia de que quien ha tenido los recursos ha sido lo suficientemente sensible como para destinarlos a una buena causa, lo cual no pasa casi nunca”. ¿Entonces? “Si quieres fabricar algo reciclado en serie en Europa, tal vez no haga falta un millonario pero sí vas a necesitar una inversión altísima”, sentencia, mencionando un caso reciente: hace poco, su estudio de Banyoles (Girona) compitió por el diseño de una silla de Mahou que debía estar fabricada al 100% con plástico reciclado, y de la que la cervecera tenía pensado producir unas cinco millones de unidades.

Ganaron el concurso con un diseño que versionaba de forma contemporánea el de las sillas portuguesas tradicionales, y lo hicieron en alianza con la compañía valenciana Sp-Berner. Fue la que invirtió varios millones de euros en innovación y desarrollo y moldes, de manera que el plástico postconsumo –el más difícil para trabajar, puesto que no cumple con las propiedades óptimas– pudiera utilizarse en su totalidad como plástico reciclado, inyectándolo a lo largo y ancho de un prototipo que hoy, por fin una realidad, ya puede verse en terrazas de bares y cafeterías a lo largo de todo el país.

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