La desdicha de Grace Kelly en cuatro actos

Cuarenta años después de fallecer en un accidente de coche, repasamos algunos de los episodios que más marcaron la vida de la actriz que dejó Hollywood por el papel de princesa

Grace Kelly, en una recepción celebrada en Versalles el 29 de noviembre de 1973.
Grace Kelly, en una recepción celebrada en Versalles el 29 de noviembre de 1973.- (AFP)

El 14 de septiembre de 1982, con 52 años, Grace Kelly perdía la vida en un accidente de coche, que conducía ella misma y se precipitó por un barranco de unos 40 metros de profundidad cerca de Mónaco. Cuatro décadas más tarde, todavía son muchas las incógnitas que rodean el trágico suceso, en el que también estuvo envuelta su hija Estefanía, entonces de 17 años, y quien solo sufrió contusiones leves.

Lejos de especulaciones, rumores y teorías, es innegable que 40 años después de su muerte, su figura continúa siendo objeto de gran fascinación. La actriz, en la cúspide de su carrera, renunció a Hollywood por el príncipe Rainiero III de Mónaco. Y no solo eso: Grace Kelly fue el mayor reclamo turístico de un Principado que, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, pocos situaban en el mapa. Como en toda buena historia, su biografía está repleta de luces y sombras. Pero estos cuatro capítulos, en concreto, marcaron para siempre su vida.

No fue bien acogida por la realeza

El príncipe Raniero III de Mónaco y la princesa Grace Kelly en el día de su boda, el 19 de abril de 1956.
El príncipe Raniero III de Mónaco y la princesa Grace Kelly en el día de su boda, el 19 de abril de 1956. - (AFP)

El 5 de enero de 1956, tan pronto se anunció su compromiso, la pareja se enfrentó a un implacable rechazo. Prueba de ello pudo comprobarse el 19 de abril de aquel mismo año, un día después de su enlace civil en el Salón del Trono del palacio Grimaldi. La ceremonia religiosa, celebrada en la catedral de Mónaco ante 600 invitados, congregó a 30 millones de telespectadores y cerca de 1.800 periodistas. Sin embargo, a excepción del rey Faruk de Egipto, ningún representante de las casas reales europeas quiso personarse por la naturaleza morganática de la unión. Consideraban a la estrella de Hollywood una mera plebeya.

La reina Victoria Eugenia de Battenberg, bisabuela del rey Felipe VI, entonces exiliada en su residencia suiza de Lausana tras la muerte de Alfonso XIII, tampoco acudió a la cita. En los años posteriores, sin embargo, entabló una sólida amistad con la otrora actriz. Se sabe que aprovechando sus estancias en Montecarlo, frecuentó asiduamente la residencia de los Grimaldi y fue uno de sus mayores apoyos. Tanto es así que el 20 de abril de 1958 ejerció de madrina del príncipe Alberto en su bautizo. Además, y pese a la negativa inicial de la reina Federica de Grecia, la viuda del monarca español invitó en 1962 a los príncipes monegascos a la boda de don Juan Carlos y doña Sofía en Atenas. En la luna de miel de los entonces futuros Reyes de España, Grace y Rainiero organizaron en su honor una fiesta en el Sporting Club de Montecarlo y obsequiaron a los recién casados con un velero.

Quiso volver al cine, sin éxito

En la primavera de 1955, Pierre Galante, periodista de Paris Match y esposo de la también actriz Olivia de Havilland, orquestó el primer encuentro entre Rainiero y Grace, aprovechando el paso de la estadounidense por el Festival de Cannes. La artista acababa de obtener el Oscar a la mejor actriz por su trabajo en La angustia de vivir y su carrera parecía imparable. No obstante, al colocarse la tiara, el propio Rainiero le obligó a retirarse del celuloide y prohibió la proyección de sus 11 películas en el Principado. Incluido su último título, Alta sociedad, donde lucía el anillo de compromiso que le regaló: un diamante de 10 quilates.

Seis años después de pasar por el altar, quizá aburrida de la encorsetada vida palaciega, Grace manifestó su voluntad de volver a la gran pantalla. Alfred Hitchcock, con quien había trabajado en Crimen perfecto (1954), La ventana indiscreta (1954) y Atrapa a un ladrón (1955), le propuso protagonizar Marnie, la ladrona. En un primer momento, ella aceptó, y hasta recibió el beneplácito de su esposo. Pero, según la versión oficial de la época, tuvo que rechazar la oferta porque los monegascos desaprobaron que interpretara a una sugerente cleptómana en la ficción. El escritor Tony Lee Moral, en el libro Hitchcock and the Making of Marnie (2002), apuntó otro factor político de la negativa: en 1962, justo cuando Hitchcock hizo llegar el guion a su musa, el presidente Charles de Gaulle había decretado el práctico bloqueo diplomático del Principado porque quería que los residentes en Mónaco pagaran los mismos impuestos que el resto de franceses.

De todos modos, sí rodó un filme más bajo las órdenes de Robert Dornhelm. Se trata de Rearranged, una cinta en la que se interpretaba a sí misma e incluía un cameo de Raniero. En palacio se conservan 27 minutos de negativo, los únicos que pudieron rodarse antes de que falleciera en 1982.

Sufrió varios abortos

En la imagen, el príncipe Raniero fotografía a su esposa Grace Kelly, en el año 1957 en Mónaco.
En la imagen, el príncipe Raniero fotografía a su esposa Grace Kelly, en el año 1957 en Mónaco.- (AFP)

Algunos biógrafos señalan que, en 1955, poco antes de conocer a Raniero, Grace perdió el hijo que esperaba de Oleg Cassini, el diseñador de moda que años más tarde construiría la imagen de Jackie Kennedy. No fue la única ocasión en la que le ocurrió. Su amigo Donald Spoto, en el libro Grace Kelly, hizo público que sufrió tres abortos siendo ya Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia Patricia de Mónaco. Uno de ellos aconteció en 1962. De hecho, el escritor sostiene que ese fue el verdadero motivo por el que renunció a Marnie, la ladrona; no la oposición o el conservadurismo de los monegascos. Spoto, quien durante décadas mantuvo largas conversaciones con ella, le prometió que no desvelaría ninguno de sus secretos hasta pasados 25 años de su muerte. Cumplió con su palabra.

Carolina, la hija díscola

Grace y Raniero soñaban con que su hija mayor, Carolina, acabara en los brazos de un apuesto príncipe. Sin ir más lejos, entre los Windsor, ya que por entonces el actual rey Carlos III aún estaba disponible. Aunque, para su desgracia, la joven de 21 años cayó rendida a los encantos de un playboy, 17 años mayor que ella, llamado Philippe Junot. Diplomado en Finanzas, el hijo del presidente de Westinghouse en Francia era más conocido por su agitada vida nocturna que por sus logros profesionales. La mayoría de monegascos creían que el idilio iba a ser algo pasajero. Pero, pocos meses después de que los paparazzis cazaran a Carolina en toples en la cubierta de un yate junto a él, la pareja se dio el “sí, quiero” el 29 de junio de 1978. Grace, como buena actriz que era, lució su mejor sonrisa ante los 800 invitados que aquella mañana presenciaron la boda. Afortunadamente para ella, su amor apenas duró dos años y 41 días.

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