Las palabras de Iñaki

El rey emérito ha lamentado la “repercusión pública que han tenido ciertos acontecimientos” de su vida, algo que también comparten Anna Delvey e Iñaki. Para ser VIP de verdad tienes que transformar tu vida en una serie de acontecimientos despampanantes. Si no arriesgas, no ganas

Anna Delvey, interpretada por Julia Garner en '¿Quién es Anna?' en el Tribunal Supremo de Manhattan.
Anna Delvey, interpretada por Julia Garner en '¿Quién es Anna?' en el Tribunal Supremo de Manhattan.TIMOTHY A. CLARY (AFP via Getty Images)

Iñaki Urdangarin goza de libertad condicional y está de vuelta. Confiado y construyéndose un nuevo futuro. En ese tono, concedió una entrevista a Juanma Castaño en la COPE. La escuché, antes de dormir y después de ver el quinto episodio de ¿Quién es Anna?, levemente preocupado por terminar mezclando contenidos. Pero la voz muy articulada del exduque de Palma impidió cualquier mezcolanza. Lo encontré sanísimo mentalmente. La cárcel y un buen coach psicológico lo han rehabilitado. Incluso, lo ha hecho más libre. Vuelve a ser él mismo. Su único problema, por ahora, es que pocas personas lo ven de esta manera.

Si aún no ha visto ¿Quién es Anna?, de Netflix, no deje de hacerlo. Es la historia de una joven estafadora, similar al Pequeño Nicolás, que embauca a miembros de la alta sociedad y de las finanzas neoyorquinas con un absurdo proyecto sobre un espacio VIP para impulsar nuevos VIP, en una ciudad superpoblada de aspirantes a VIP. Entre la vida ficticia de Anna y la real, y la caída en desgracia de Iñaki, existen similitudes. Urdangarin fue un deportista exitoso que se casó con una hija del rey de España. Más VIP imposible. Se vio atrapado en un proyecto económico que derivó en escándalo de corrupción y termina en la cárcel, como también le sucede a Anna en la ficción. Ambos personajes aparentan ser alguien que no son. Inventan una vida, se introducen en un lugar que aparentemente los acepta. Y todos queremos pertenecer. A un club VIP, a una pandilla o a una familia real boyante. Cuando más asumido tienes el cuento “eres de los nuestros”, todo estalla. Descubren el bluf. Te conviertes en apestado y en villano.

Iñaki durmió en la cárcel lo suficiente como para conseguir la condicional. Y para leer 168 libros, como confesó a Castaño. No le preguntaron si alguno estaba firmado por Pilar Eyre. Libre, regresó a Vitoria, y se enamoró de una compiyogui del trabajo. La Casa Real tuvo que comunicar una embarazosa interrupción matrimonial y su esposa, la infanta Cristina, paso a recibir el tratamiento mediático de “pobre”, sin serlo, ni de lejos. Urdangarin encajó otra condena de la prensa borbónica: pasó de reo a infiel traidor. Cuando en realidad es el único que ha asumido responsabilidades. Quizás porque es el menos VIP.

Al tiempo que Iñaki se confesaba en la radio de los obispos, su casi exsuegro comunicaba que no dejará de residir en Abu Dabi, aunque volverá a su exreino en fechas señaladas. Una fórmula muy VIP de informarnos de que asumirá con responsabilidad las magníficas ventajas de una residencia fiscal en un país sin frío ni impuestos. Y, cuando nos visite, ¿Juan Carlos I llegará en vuelo comercial o privado? En su misiva, el rey emérito sobrevoló la situación lamentando la “repercusión pública que han tenido ciertos acontecimientos de mi vida pasada”, lamento que también comparten Anna Delvey e Iñaki. Para ser VIP de verdad tienes que transformar tu vida en una serie de acontecimientos despampanantes. Si no arriesgas, no ganas.

La serie, la carta real y las palabras de Iñaki son el telón de fondo de la Madrid Fashion Week, otra aglomeración cíclica de VIP. Ha coincidido con la invasión a Ucrania y aunque no se debe frivolizar la guerra, ocurre que los VIP adoran parecer solidarios. Los colores de la nación invadida, azul y amarillo, son tendencia. Paz Padilla y su hija los combinaron para manifestarse por el despido de la presentadora. La reina Letizia, muy reina, vistió una blusa folk de campesina ucrania, cosechando un inmediato éxito mediático. Los duques de Cambridge llevaron galletas a un centro de ayuda. Lamentablemente, ninguno de estos gestos detendrá a Putin. Pero nos enseñan que en tiempos de guerra, debemos seguir las palabras de Iñaki: nunca es tarde para construirse un nuevo futuro.

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