La Casa Real holandesa no utilizará su polémica Carroza Dorada decorada con escenas coloniales

El rey Guillermo de Orange ha anunciado que la berlina permanecerá guardada hasta que la sociedad camine junta hacia la reconciliación

Un trabajador da los últimos retoques a la Carroza Dorada de los Orange antes del Prinsjesdag, la apertura del Parlamento, de 2014, una de las últimas veces en las que fue usada por parte de la familia real neerlandesa.
Un trabajador da los últimos retoques a la Carroza Dorada de los Orange antes del Prinsjesdag, la apertura del Parlamento, de 2014, una de las últimas veces en las que fue usada por parte de la familia real neerlandesa. ROBIN UTRECHT (Cordon Press)

El rey Guillermo de Orange ha renunciado por ahora a la Carroza Dorada con la que acude a la apertura anual del Parlamento holandés (Prinsjesdag, en neerlandés) junto con su esposa, la reina Máxima. Decorada con motivos coloniales, el monarca se dirigió el jueves a sus compatriotas por televisión para anunciar que no volverá a usarla hasta que se haya hecho “un profundo ejercicio colectivo que permita a todos los ciudadanos sentirse iguales, incluidos los descendientes de los que no fueron libres”. Presentado en 1898, el carruaje ha sido restaurado y permanecerá expuesto hasta el 27 de febrero en el Museo Histórico de Ámsterdam. Después, se guardará a la espera de que “Países Bajos esté listo”, según ha dicho.

Realizada en madera de teca y cubierta de pan de oro (lámina de este metal), la Carroza Dorada es uno de los símbolos más llamativos de la monarquía holandesa. En uno de sus lados tiene unas pinturas tituladas Tributo de las colonias, donde unos hombres negros semidesnudos y varias mujeres entregan los frutos allí obtenidos a la Doncella Neerlandesa. Es esta una joven blanca sentada en un trono que personifica a la nación, y aparece en cuadros y estatuas desde el siglo XVI. Las colonias eran Surinam (en Sudamérica), las antiguas Antillas Holandesas (en el Caribe) e Indonesia, y los personajes representan a los esclavos que recogían cacao, tabaco, azúcar, café o algodón.

La imagen de explotación y sumisión está plasmada con una engañosa aura de armonía, y el rey ha dicho que si bien no se puede reescribir el pasado, se puede “intentar aprender a vivir con ello, incluido el pasado colonial”. En su opinión, no se trata de “condenar o descalificar lo ocurrido visto con ojos de hoy”. Tampoco le parece oportuno “prohibir objetos históricos”. Lo que propone es “un esfuerzo conjunto capaz de unirnos, porque mientras haya ciudadanos que se sientan discriminados, la sombra del pasado seguirá proyectándose sobre el presente”. Solo cuando se haya logrado esa unidad podrá salir de nuevo a la calle la carroza. “Lo hará en Prinsjesdag, cuando celebramos la democracia y nuestro vínculo común como holandeses”, ha concluido.

Guillermo y Máxima de Holanda, en la Carroza Dorada en el día de su boda, en Ámsterdam en febrero de 2002.
Guillermo y Máxima de Holanda, en la Carroza Dorada en el día de su boda, en Ámsterdam en febrero de 2002.PB / PP / JJS (©KORPA)

El llamamiento del rey a la unidad y la reconciliación coincide con la revisión de su pasado colonial por parte de Países Bajos. Para el 11 de febrero, está prevista en el Rijksmuseum, de Ámsterdam, la apertura de una muestra sobre la independencia de la actual Indonesia. Es uno de los capítulos negros de la historia reciente, que dejó unos 100.000 muertos indonesios y cerca de 5.000 militares holandeses, así como más de 20.000 civiles indoeuropeos. Estos últimos, a manos de guerrilleros independentistas indonesios. En 2021, la misma sala presentó por primera vez la tragedia de la esclavitud en todas las colonias de ultramar entre los siglos XVII y XIX. Países Bajos abolió la esclavitud en 1863, pero en Surinam tuvieron que trabajar hasta 1873 en las mismas plantaciones, por un magro salario, para que los dueños no perdieran dinero.

La berlina fue utilizada por última vez por los reyes en 2015. Necesitaba una restauración, y en 2021 fue llevada al Museo Histórico de Ámsterdam. Protegida por una cristalera acondicionada en el patio, era una retirada provisional de la circulación. En cierto modo, fue también una salida airosa. Ha sido la pieza central de una muestra, y se podía ganar tiempo y facilitar el diálogo nacional sobre el pasado colonial recreado por el artista Nicolaas van der Waay. La página web creada en el museo para la ocasión reconoce el reto de esta herencia y se pregunta, por ejemplo, si “es deseable que siga circulando durante las bodas y actos oficiales de la Casa de Orange”. La restauración costó 1,2 millones de euros, salidos de la partida correspondiente a los gastos de la Casa Real, que el rey puede distribuir, según su servicio de información. Está por ver si el gesto contribuye a mejorar su imagen. Torpezas como unas vacaciones truncadas en Grecia en plena pandemia, en 2020, y también la fiesta del 18º cumpleaños de su heredera, la princesa Amalia —con 21 invitados cuando el Gobierno aconsejaba un máximo de cuatro— han dañado la popularidad del soberano.

La reina Guillermina, bisabuela del rey Guillermo, recibió el coche de caballos en 1898 por su coronación. Ella tenía 18 años y fue un regalo de la ciudad de Ámsterdam, pero no la estrenó hasta 1901, en su boda. Su hija y nieta, las reinas Juliana y Beatriz, respectivamente, la utilizaron también en sus nupcias. Los reyes actuales hicieron otro tanto en 2002. Desde 2013, fecha de la entronización de Guillermo, ha llevado a la pareja con motivo de la apertura del año parlamentario. Hay otro vehículo menos polémico a disposición de la Casa de Orange: la Carroza de Cristal. Terminada en 1826 para el rey Guillermo I, tiene pintado el escudo real del momento en las puertas y no ha llamado la atención hasta la fecha.

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