China

Las mujeres son las que mandan al frente de los imperios chinos

Grandes empresarias como Yang Huiyan, Pansy Ho y Wu Yahun se enfrentan al impacto del coronavirus en una cultura poco habituada al liderazgo femenino

Pansy Ho, en la gala amfAR celebrada en Hong Kong en marzo de 2018
Pansy Ho, en la gala amfAR celebrada en Hong Kong en marzo de 2018VCG / Visual China Group via Getty Ima

Deng Xiaoping fue el arquitecto político del gaige kaifang, la “reforma y la apertura” que puso fin a casi tres décadas de maoísmo en China. Pero, con el comunismo totalitario como punto de partida, era necesario empezar por lo más básico. “Enriquecerse es glorioso”, tuvo que aclarar el líder —unas palabras de discutida autoría pero muy arraigadas en el imaginario popular— antes de proclamar: “Dejemos que algunos lo hagan primero”. Estos aventajados nuevos millonarios fueron en su enorme mayoría eso, millonarios.

La igualdad de género es uno de los puntos en la lista de materias pendientes en China. El Partido es una organización política leninista, por lo que debería defender la paridad entre camaradas y camarados, pero esta idea no encuentra fácil acomodo en la tradición del país. No en vano ninguna mujer ha alcanzado nunca el Comité Permanente, que en la actualidad reúne a los siete hombres más poderosos del aparato. Asimismo, solo 30 de los 376 miembros del Comité Central son mujeres, menos de un 8%.

Sin embargo, a medida que los años pasan y las riendas de esas primeras empresas privadas saltan a la siguiente generación, muchas de ellas acaban en manos de hijas, nietas o sobrinas. Son estas grandes directivas quienes ahora deben lidiar, en un ambiente poco habituado al liderazgo femenino, con las consecuencias de una pandemia que ya ha provocado el primer retroceso de la economía china en casi medio siglo y que amenaza con arrastrar al mundo a su peor crisis desde la Gran Recesión.

Yang Huiyan: una desconocida en la cúspide

El mismo nombre encabeza la clasificación de las mujeres más ricas de China desde hace años: Yang Huiyan. Sus méritos monetarios, no obstante, no están circunspectos a su nacionalidad ni a su género: también es la mujer más rica de Asia y la quinta persona de China. Yang posee el 57% del grupo de promoción inmobiliaria Country Garden. Esta empresa fue creada en 1992 por su padre, que antes había trabajado como obrero de la construcción y agricultor. En 1997 transfirió la mayor parte de su paquete accionarial a su hija, justo antes de sacar la firma a bolsa. Country Garden recaudó entonces más de 1.400 millones de euros, una suma equiparable a la que amasó Google en Estados Unidos. Doce años después, su capitalización de mercado rebasa los 32.000 millones de euros.

Pero la actividad empresarial de Yang no se ha limitado a su empresa familiar. La multimillonaria también se ha aventurado en proyectos propios como Bright Scholar Education, un grupo especializado en educación que es líder del sector de escuelas internacionales en China y desde 2007 cotiza en la bolsa de Nueva York.

Pese a su enorme éxito y fama, en las listas que acostumbra a encabezar siempre aparece la misma imagen. Yang, de 38 años, es una persona muy reservada. Apenas se sabe nada de su vida privada más allá de que estudió en la Universidad de Ohio en Estados Unidos y apenas hay fotos suyas. Una de las pocas que han visto la luz fue la de su boda en 2007 con un alto funcionario chino. La pareja, según contaban sus allegados, se había conocido en una cita a ciegas.

Country Garden, en cuya junta directiva también tiene reservado un asiento la hermana menor de Huiyan, Yang Ziyang, ya se ha puesto en marcha contra el coronavirus. En febrero de este año su filial australiana, Risland Australia, hizo llegar 82 toneladas de aprovisionamiento a Wuhan, epicentro de la catástrofe.

Pansy Ho: la hija del magnate

Un sector que se ha visto severamente afectado por el virus ha sido el del juego, aunque los casinos de la ciudad de Macao ya han comenzado desde finales de marzo a reabrir sus puertas. Esto supone un dolor de cabeza para Pansy Ho, la mayor de los hijos del magnate Stanley Ho, fundado del SJM Holdings, firma que posee 19 en la excolonia portuguesa, incluyendo el icónico Grand Lisboa. Pansy cuenta con acciones en esta empresa así como en muchas otras, entre ellas MGM, cuya salida a bolsa en China en 2011 le reportó casi 1.400 millones de euros.

Ho sigue el patrón de rica heredera formada en Estados Unidos, en su caso con estudios de marketing y negocios en la Universidad de Santa Clara, un centro privado de California. Tras graduarse probó suerte, sin encontrarla, en la televisión hongkonesa, antes de dar el salto al mundo empresarial, donde desde que a los 26 años fundara su primera compañía de relaciones públicas le ha ido mucho mejor. Casi demasiado: se rumorea a menudo con su conexión —y la de su padre— con el crimen organizado chino, las famosas tríadas.

También su vida privada ha sido objeto de habladurías. En 1991 contrajo matrimonio con Julian Hui, descendiente de otra adinerada familia hongkonesa. La pareja mantuvo una relación abierta que acabó con Pansy en brazos de Gilbert Yeung, cuyo entorno familiar era más polémico, ya que se trataba de un hijo del primer rival de su padre en la industria del entretenimiento. Stanley Ho llegó a amenazar a su hija con desheredarla si contraía matrimonio con él. No hizo falta. En la fiesta de celebración del 36º cumpleaños de Daisy, en medio de la flor y nata de la ciudad y en uno de los locales más exclusivos, Yeung fue arrestado por posesión de drogas. Este escándalo puso punto final a su idilio y empujó a Ho y a Hui al divorcio.

Wu Yajun: la primera emprendedora del mundo

Pero no todas las multimillonarias chinas han recibido la gallina de los huevos de oro en herencia. Algunas han levantado un imperio por sí mismas. El mejor ejemplo es Wu Yajun, la segunda mujer más rica del país y la primera emprendedora del mundo. Procedente de una familia humilde, empezó a trabajar como periodista en una publicación especializada en el sector inmobiliario, propiedad de la Oficina Municipal de Construcción de Chongqing, su ciudad de origen. Durante esa época afiló su conocimiento del sector y tejió una red de contactos que, cinco años más tarde, le permitió dar el salto. En 1995 fundó junto a su marido la empresa que más adelante bautizaría como Longfor Properties. Cuando la pareja se divorció en 2012, el que salió fue él. Para entonces, además, Wu ya había multiplicado sus ahorros después de demostrar su olfato inversor con tempranas participaciones en Uber o Evernote.

“Dejemos que algunos se enriquezcan primero”, empezaba la receta de Deng Xiaoping para alcanzar la prosperidad. Y acababa: “Para que todos lo hagan después”.

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