Haya de Jordania, la mujer que derrotó al emir de Dubái

La exesposa del jeque logra una sentencia en Londres que da como probadas las acusaciones contra él por secuestro, tortura e intimidación a mujeres de la familia pero sigue pendiente el futuro de sus hijos

Mohammed bin Rashid y Haya de Jordania, en Londres, en 2016.
Mohammed bin Rashid y Haya de Jordania, en Londres, en 2016.David M. Benett

La princesa Haya de Jordania ha ganado el primer asalto contra su exmarido, el jeque Mohamed de Dubái. Un alto tribunal británico acaba de aceptar como probadas sus acusaciones de secuestro, tortura e intimidación a mujeres de la familia por parte del multimillonario gobernante, validando así su huida del emirato el año pasado junto a los dos hijos del matrimonio. En contra de la sumisión que tradicionalmente se espera de las mujeres de la península Arábiga, Haya, una mujer educada en Oxford, se atrevió a desafiar al emir y le ha puesto en el punto de mira de la opinión internacional.

Haya Bint Husein, de 45 años, hija del fallecido rey Husein de Jordania y amazona olímpica, se casó con el jeque Mohamed Bin Rashid al Maktum, de 70, en 2004. La sexta esposa del emir de Dubái se convirtió entonces en protagonista de lo que se presentó como una historia de amor surgida de la pasión común por los caballos. En una región del mundo donde todavía predominan los matrimonios concertados, resultaba romántica la idea de que se habían enamorado al coincidir dos años antes en los World Equestrian Games celebrados en Jerez de la Frontera.

La imagen de la pareja era además el póster ideal para Dubái, uno de los siete integrantes de la federación de Emiratos Árabes Unidos (EAU), que bajo la dirección del jeque Mohamed ha buscado proyectar modernidad sin renunciar a la monarquía absoluta. A diferencia de las anteriores esposas del emir, cuyos rostros —e incluso en algunos casos su identidad— se desconocen, la princesa Haya tuvo desde el principio una inusitada presencia pública en contraste con lo que es usual entre las mujeres de las familias gobernantes de la península Arábiga.

A cara descubierta, y sin taparse la cabeza, acompañaba con frecuencia al jeque en actos sociales, sobre todo en el extranjero, antes incluso de que la despampanante jequesa Mozah de Qatar sacudiera el anacrónico modelo de mujer de la región. Además, tenía una agenda pública propia como patrona de diversas ONG y colaboradora de la ONU.

La confianza de Mohamed en Haya se evidenció cuando su valiosa cuadra se vio envuelta en un escándalo hace unos años y le encargó la investigación. Los medios emiratíes, que se referían a ella como “la esposa joven” del jeque, les calificaban de “pareja perfecta”. Hasta que a mediados del año pasado se conoció que la princesa había huido al Reino Unido en abril, llevándose consigo a los dos hijos comunes, Jalila y Zayed (que hoy tienen 12 y 7 años, respectivamente), y se hizo el silencio.

Amigos de Haya filtraron a la prensa británica que la princesa temía por su vida. Enseguida se informó de que había entablado un juicio por la custodia de los pequeños. La justicia británica aceptó su caso y puso a los dos niños bajo tutela legal, lo que significa que un juez debe aprobar las decisiones que les atañan. Ella, sin embargo, mantuvo silencio. También en sus redes sociales, donde escribió su última entrada el 7 de febrero de 2019, el día en que se cumplían 20 años de la muerte de su padre.

Ahora, al cerrar la fase de instrucción de la causa (fact finding hearing), el juez Andrew McFarlane ha revelado en sus conclusiones que el jeque Mohamed la repudió en esa fecha, según la ley islámica y sin informarla. El magistrado considera probado que el emir inició entonces una campaña de intimidación contra la princesa y da por buenos los temores de esta de que su vida corría peligro y no tuvo más remedio que huir de Dubái.

El dictamen, cuya publicación el emir intentó evitar sin éxito, parece el relato de una película de terror psicológico. En dos ocasiones durante el mes de marzo Haya encontró una pistola sobre su almohada con el seguro quitado; otro día, aterrizó en el jardín de su casa un helicóptero con la amenaza de trasladarla a una prisión en el desierto, y entre los numerosos mensajes anónimos que recibió, uno decía: “Nos llevaremos a tu hijo; tu hija es nuestra; tu vida está acabada”.

¿Qué ocurrió para que el romance principesco se agriara hasta ese punto? Del escrito del juez se desprende que el matrimonio se había distanciado a partir de 2017 o 2018 cuando Haya inició una relación con uno de sus guardaespaldas británicos, pero la gota que colmó la paciencia del emir fue el interés de la jordana por la situación de las jequesas Latifa y Shamsa, hijas de sendos matrimonios previos de su marido.

Latifa quiso huir de Dubái hace dos años, pero el yate en el que escapó fue interceptado por comandos indios frente a las costas de Goa y devuelta a Emiratos. Era la segunda vez que lo intentaba. Su medio hermana Shamsa también trató de hacerlo durante una estancia en Cambridge (el Reino Unido) en el año 2000. El juez McFarlane ha concluido que el jeque Mohamed, que es vicepresidente y primer ministro de Emiratos, “ordenó y orquestó” el secuestro de ambas mujeres.

La saga no ha terminado. El tribunal aún tiene que pronunciarse sobre la custodia de los hijos, pero este primer paso favorable a la princesa no pinta bien para el emir, cuya imagen liberal queda en entredicho. De momento, Haya, a la que Londres rechazó conceder asilo cuando llegó, está protegida por la inmunidad que le proporciona el cargo facilitado por su medio hermano el rey Abdalá de Jordania como primera secretaria de la embajada de ese país ante el Reino Unido.

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