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Algo más que caras bonitas

Algunas princesas árabes utilizan su posición para contribuir a causas humanitarias o de promoción de la mujer

La reina Rania visitando un centro social en Jordania.
La reina Rania visitando un centro social en Jordania. Cordon press

Rompen estereotipos. Muestran su belleza sin complejos en unas sociedades empeñadas en esconder a sus mujeres tras velos y tabúes. Son las princesas árabes que llegan glamurosas hasta la prensa occidental. No dejan de ser unas privilegiadas en un entorno de discriminación legal, trasnochado paternalismo e incluso segregación de sexos. Pero tras las imágenes de pasarela de Rania de Jordania, Mozah de Qatar o Salma de Marruecos, hay también a menudo un trabajo poco conocido de ayuda a aquellas menos afortunadas, obras de caridad que en otros contextos políticos son responsabilidad del Estado.

Incluso los más devotos del papel cuché quedan perdonados si no ponen cara a la princesa Sara Bin Faisal de Arabia Saudí. En un país en el que la mayoría de las mujeres usan niqab (velo facial) en público, es difícil encontrar una foto suya. Sin embargo, hace medio siglo que fundó una de las primeras organizaciones caritativas del reino, Al Nahda. Su dedicación al empoderamiento de las mujeres le mereció el premio Chaillot a organizaciones de derechos humanos en el Golfo, en 2009.

De los iniciales programas de alfabetización han pasado a formar a las 125 instructoras que han preparado a las mujeres en todo el país para su participación, por primera vez, en unas elecciones. Pero su objetivo prioritario es la capacitación de aquellas que están al frente de un hogar, por divorcio o abandono del marido, una situación que las condena a la pobreza y el estigma social. “Atendemos anualmente a 450 familias, 2.500 personas”, explica Sheikha al Sudairy, responsable de proyectos, en la sede de la fundación, en el centro de Riad.

Ya abuela, la princesa Sara sigue presidiendo Al Nahda (palabra árabe que significa renacimiento) y la junta de fundadores de la Universidad Effat (la primera institución de educación superior para mujeres en el reino). Además, es una de las 30 féminas que forma parte del Consejo Consultivo, una cámara de designación real que cuenta con 150 miembros.

Sheikha Al-Mayassa, hermana del emir de Qatar.
Sheikha Al-Mayassa, hermana del emir de Qatar. SHEIKHA AL MAYASSA

Más conocido es el trabajo de la jequesa Mozah, madre del actual emir de Qatar. La princesa aprovechó su privilegiada posición de consorte del anterior mandatario para poner en marcha la Ciudad de la Educación. Su proyecto ha llevado a ese emirato estacadas universidades occidentales con el objetivo de acercar el conocimiento a una sociedad extremadamente tradicional que recela de enviar a sus hijas a estudiar al extranjero. Su hija Mayassa se ha hecho un nombre como patrona de las artes y promueve el acercamiento cultural a través de estas. Preside el departamento de Museos de Qatar.

Lucha contra la pobreza

Otra cara familiar es la de Rania de Jordania. La estilizada esposa del rey Abdalá es una de las favoritas de los ecos de sociedad. Sin embargo, sus estilismos y joyas tan alabados resultan menos apreciados en su país, donde las sucesivas crisis regionales han encarecido el nivel de vida. Los cables diplomáticos del WikiLeaks revelaron el malestar de un sector de la población con la reina palestina. Sin embargo, esta licenciada en Empresariales no es solo una cara bonita, también colabora con su marido en la gestión del reino. Intenta mantener un perfil más profesional en el que se destaca su trabajo en favor de los niños y de la educación. Preside la fundación Jordan River, que lucha contra la pobreza y por la emancipación de las mujeres.

Otra jordana, la princesa Haya Bint Al Husein, cuñada de Rania, trata de dejar su impronta en Dubái con cuyo emir se casó en 2004 (es su cuarta esposa). Haya fundó Tikyet Um Ali, la primera ONG de ayuda alimentaria de Oriente Próximo, y preside la Ciudad Humanitaria Internacional de Dubái, que es el mayor centro del mundo para la distribución de ayuda humanitaria.

También desde la discreción, la princesa Salma de Marruecos, o Lalla Salma, como se la conoce en ese país, ha roto moldes. Fue la primera esposa de un rey marroquí que se ha presentado al pueblo y ha recibido un título real, aunque ella rechaza el tratamiento de reina. Ingeniera informática de formación, fundó en 2006 la Asociación Lalla Salma de Lucha contra el Cáncer y es embajadora de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud.