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“Cuando me despedí del chico, me quedé sin energía”: ¿Por qué sentimos resaca emocional tras una primera cita?

La inseguridad o la presión de proyectar nuestra mejor versión pueden causar agotamiento mental incluso cuando un primer encuentro ha sido positivo. Evitar forzar la situación y mostrarse con naturalidad ayudan a esquivar esta emoción que se ha intensificado con la inmediatez de las ‘apps’

Muchas personas no logran desconectar tras una primera cita.Sophie Filippova (Getty Images/Tetra images RF)

Volver a casa después de una primera cita debería ser, al menos si ha ido bien, un momento alegre, incluso de euforia. Podríamos aprovechar para repasar las risas, la conversación o los pequeños indicios que nos han dado esperanzas de que algo, quizá, puede empezar. Sin embargo, para muchos ese regreso a casa se parece más a una bajada brusca de energía. Notan su cuerpo cansado, la cabeza a cien por hora y la sensación de haber corrido una maratón descalzos en contra del viento. “Recuerdo una primera cita que, objetivamente, fue bien. Hubo conversación, risas, interés mutuo. Nada falló”, comparte Raquel. Pero desde el inicio algo no terminaba de fluir; asegura que no consiguió relajarse en ningún momento: “Mientras hablábamos de camino al bar, mi mente no estaba del todo ahí, sino pensando en qué estaría pensando él de mí. Era como estar ahí y, a la vez, contenerme. Presente, pero vigilante. Sosteniendo una versión de mí que funcionaba, pero que no era del todo cómoda”.

Cuando la cita terminó, llegó la resaca después de tanta tensión. “No por lo que pasó, sino por todo lo que había tenido que sostener mientras pasaba”, cuenta. A ese cansancio se sumó la ansiedad, “una necesidad casi urgente de saber qué había pensado la otra persona” y, al mismo tiempo, el temor de mostrar demasiado interés para no agobiar. “La mente empezó a repasar escenas, frases y silencios. Buscando señales donde quizá no las había”, dice Raquel. El resultado fue un agotamiento emocional difícil de justificar.

Cristina, por su parte, describe una experiencia muy similar después de una cita. “Mentalmente estaba cansadísima. Cuando me despedí del chico en la calle, me quedé sin energía, literalmente. Fui a mi casa con el piloto automático y sin ganas de volver a intercambiar palabra con nadie más en lo que quedaba de día”, explica. El encuentro había sido correcto, incluso agradable. “Estaba contenta porque en realidad me lo había pasado bien”, reconoce. Aun así, la batería social se vació por completo.

Desde el punto de vista psicológico, esa reacción tiene una explicación. “En consulta vemos cada vez más inseguridad y malestar tras primeras citas, especialmente entre quienes conocen a otros a través de aplicaciones, asegura la psicóloga Laura Izquierdo. Según observa, esta forma de conocer a otras personas ha multiplicado el volumen de citas y, con ello, las expectativas. “Durante días, semanas o incluso meses se construye una imagen idealizada de la otra persona que rara vez coincide con la realidad, generando posteriormente frustración y un malestar significativo”.

Cuando esa experiencia se repite una o muchas veces, añade Izquierdo, aparece una fuerte ansiedad anticipadora ante las siguientes. “De ahí que surjan miedos e inseguridades incluso cuando todo va bien”, apunta. “En las citas organizadas de forma más tradicional, esto ocurre con menor frecuencia, porque el ritmo y el volumen de interacciones es mucho más reducido”, sostiene.

La actuación silenciosa

Un verbo que se repite mucho en los testimonios es “actuar”. Raquel lo expresa sin rodeos: “La sensación de estar actuando me acompaña casi siempre en las primeras citas. No porque quiera engañar, sino porque no soy del todo yo”. Confiesa que está más tensa, más contenida, menos espontánea. “Muestro lo que creo que le gustará al otro”, admite. Cristina lo resume con una imagen muy concreta: “El hecho de estar con alguien que no conoces te obliga a ponerte esa máscara de tu yo en todos sus potenciales positivos sin dar espacio a la normalidad. Intentas mostrar tu versión más adulta y menos rarita. Es como una entrevista de trabajo”.

En opinión de Raquel, que además es psicóloga, esta performance tiene una función clara. “A corto plazo, sostener un personaje funcional protege. Te evita conectar con emociones desagradables como el posible rechazo del otro, si es que te gusta, o el agotamiento y la frustración de darte cuenta de que no te interesa”. El problema, según ella, es que si ambas personas están actuando la presencia real se diluye, y el cuerpo lo nota. “Entonces nos cuesta más conectar de manera real”, afirma. “Para que eso se dé, necesitamos mostrarnos vulnerables y como somos realmente; y eso cada vez se da menos en un mundo virtual donde las apps funcionan como un escaparate en el que cada persona muestra su mejor versión con el objetivo de agradar y generar conexión sexoafectiva”.

Por si todo esto fuera poco, tras la cita, muchas personas no logran desconectar. “Ese agotamiento o rumiación son manifestaciones claras de ansiedad”, señala Izquierdo. “Representan miedos muy comunes: a que no funcione, a no gustar, a quedarme solo o sola”. La mente entra en un bucle de comprobaciones y pensamientos recurrentes: revisar el móvil para ver si la otra persona ha respondido, comprobar su hora de conexión, interpretar sus silencios… Raquel lo describe como una hiperactividad mental que aparece justo cuando todo debería calmarse: “Muchas veces, una primera cita no activa solo ilusión, activa también sistemas de alerta antiguos”. Si hay heridas previas de rechazo o abandono, “el cerebro social entra en modo hipervigilancia, se libera cortisol y cuando la cita termina… llega el bajón”.

Para Patricia Sánchez, también psicóloga y experta en relaciones, uno de los factores clave en todo este asunto es la presión que muchas personas se autoimponen en lo relativo a quedar con gente y encontrar pareja cuanto antes. “Nos obligamos a tener constantemente citas y además queremos tener claro ya desde el primer momento si esa persona es la adecuada o no. Eso desgasta mucho”, sostiene.

El efecto amplificador de las ‘apps’ de citas

Según un estudio realizado en 2025 por EAE Business School, más de la mitad de las personas que están abiertas a nuevas relaciones (53%) usan aplicaciones de citas. Entre los más jóvenes, el uso todavía es mayor. Su propio funcionamiento también podría estar influyendo en cómo nos sentimos al quedar con alguien. “Las apps no crean este malestar, pero sí que lo amplifican”, afirma Raquel. Antes de la cita, durante el intercambio de mensajes, se produce una fase de proyección: se envían fotos, audios, vídeos… Y se producen conversaciones que van construyendo una fantasía sobre cómo es esa persona. La cita no parte de cero, sino que se construye una narrativa que luego ha de contrastarse con la realidad.

Además, esta forma de buscar pareja lleva aparejada una lógica muy concreta. “Elegir, descartar, comparar. Cuando entras a una cita desde ahí, es difícil no vivirla como una evaluación mutua”, asume Raquel. Cristina, por su parte, apunta que “las dos personas van con una predisposición de querer que salga bien”, y esa expectativa compartida eleva la tensión. Patricia Sánchez va un paso más allá y habla de un desgaste estructural: “Vamos todos un poco corriendo, buscando a la persona lo más rápido posible”. Esa urgencia convierte las primeras citas en un trámite. “Pero la batería social requiere energía y esa energía se gasta”, explica.

Las dos psicólogas consultadas coinciden en que lo que tenemos que evitar a toda costa es el forzarnos. “Es imprescindible no saturarnos, no presionarnos”, afirma Sánchez. “Quedar si nos apetece, no centrarnos solo en apps de citas o en personas que conocemos por internet, sino abrir nuestras posibilidades de conocer a personas desde cualquier lugar, en cualquier ámbito”.

“Las personas con más heridas, con más carencias, con más historias, son las que tienen comportamientos más tóxicos y que pueden sufrir mucho más”, explica la experta. “Y deberíamos interpretar la resaca de la primera cita como un indicador de que, quizá, tenemos que trabajar más en nosotros mismos”. En su opinión, con un poco más de calma, es posible conseguir “resetear” nuestra relación con las citas y sanar nuestra propia raíz: “En definitiva, deberíamos realizar el trabajo personal necesario para convertirnos en una persona más libre de miedos, más sana y más capaz de crear la relación que estamos buscando”.

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