Salvar el Palacio de la Música de Madrid

La Fundación Montemadrid iniciará en primavera las obras para recuperar el espacio de la Gran Vía como un gran teatro después de años de movilizaciones ciudadanas para evitar su uso comercial

Así se encuentra ahora por dentro el Palacio de la Música de Madrid.
Así se encuentra ahora por dentro el Palacio de la Música de Madrid.Claudio Álvarez

El último gran acontecimiento que ha vivido la Gran Vía de Madrid ha sido la apertura de la tienda Uniclo. La marca de ropa que anuncia Roger Federer ha abierto en lo que en su día fue el Cine Avenida. No sabemos qué hubiera pensado José Miguel de la Quadra Salcedo, el arquitecto que lo proyectó como tal en 1928. En cambio, su colega Secundino Zuazo estaría encantado de comprobar cómo su Palacio de la Música, el edificio de al lado, en Gran Vía 35, tiene futuro por delante para seguir marcando época como teatro. La Fundación Montemadrid comenzará las obras para su reapertura en primavera de 2023, de cara a abrirlo en 2026, cuando se cumplen 100 años de su inauguración.

A punto estuvo de sucumbir también al cambio de uso comercial. La historia del Palacio de la Música a principios del siglo XXI ha sido atrabiliaria. Pero el edificio tiene carácter, magnetismo y una historia detrás que ha debido contribuir a que no se venda como un almacén. La Gran Vía madrileña hoy en día es un conglomerado de grandes marcas, casinos, hoteles y restaurantes de cadenas, donde de Callao hacia la plaza de España resisten varios teatros en una suerte de Broadway castizo. No es el caso del recorrido que lleva hacia el cruce con la calle de Alcalá, donde no queda ahora ninguno.

Estado de la fachada del Palacio de la Música, en Gran Vía 35.
Estado de la fachada del Palacio de la Música, en Gran Vía 35.Claudio Álvarez

En 2005, el Ayuntamiento de la ciudad cambió su uso cultural a comercial dentro del Plan General de Ordenación Urbana. El 30 de mayo de 2008 cerró. Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sydney Lumet, fue la última película proyectada. El edificio pertenecía a la empresa Filmofono y a su futuro le rondaban tentaciones especulativas. El hecho de que lo adquiriera la Fundación Cajamadrid calmó aquella posibilidad. Pero volvió con la crisis de Bankia, a quien pasó la propiedad del teatro con el cambio de entidad financiera.

La movilización ciudadana despertó. En estos asuntos siempre suelen surgir héroes civiles, esos personajes capaces de dar la vuelta a las cosas con un grito de socorro y sana cabezonería. En este caso, hablamos de Fran Hernández, aficionado a la arquitectura, que había llegado en 2007 a Madrid desde Huesca. “Sentí la necesidad de movilizarme para que la gente sepa lo que se podía perder”, asegura hoy este aragonés, que se dedica ahora al sector turístico.

Hernández empieza a denunciar las maniobras en Facebook y consigue 20.000 firmas en Change.org ante la evidencia de que una multinacional textil quiere adquirir el edificio. El activista va sumando fuerzas y probando iniciativas. Primero una canción ―Gran Vía 35― con los hermanos Ernest, músicos callejeros habituales en Preciados, a los que se une Rafa Muñoz, de Hombres G. Después un vídeo con artistas y famosos que se reproduce en todos los medios, luego otro, en el que consiguieron que los heavys de Gran Vía, los dos hermanos apostados cada tarde frente a lo que fue la tienda Madrid Rock, se movieran 50 metros hacia el oeste. Así, Hernández logró revertir el plan para convertir las butacas y la tramoya en filas de percheros, probadores y cajas registradoras. Los posibles compradores renunciaron y en 2013 se inicia una solicitud para catalogar el edificio como Bien de Interés Cultural (BIC), que queda aprobada.

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A partir de ahí, los gestores de la Fundación Montemadrid, a quien pasó la propiedad tras todo el proceso y la crisis de Bankia, se han dedicado a buscar una salida cultural al edificio. El clamor los convenció para decidirse por un plan viable dentro del ámbito de la cultura. Lo lideró José Guirao, que fue director general de esta hasta abril de este año, poco antes de su muerte en julio pasado. Después por parte de su sustituta, Amaya de Miguel, que lo considera ahora su proyecto estrella. “Queremos convertir el Palacio de la Música en el espacio escénico más versátil de la Gran Vía”, dice. “Lo haremos con una tecnología pionera en España que le permitirá adaptarse a las más variadas propuestas culturales o eventos”.

Hoy el teatro espera el comienzo de las obras previstas para la primavera que viene con el proyecto encargado al estudio de arquitectos madrileño RCCYP. La sala principal quedará como fue concebida, con un aforo de 1.221 localidades, aunque podrá quitarse el patio de butacas para ciertos espectáculos y eventos. Abajo habrá espacio para otra sala de espectáculos más alternativa y en la planta de arriba, un restaurante con 500 metros cuadrados de superficie y dos terrazas que suman 300 al aire libre. Todo conformará un centro de ocio que hereda para el siglo XXI la ambición que Zuazo quiso imprimir al edificio para el XX.

La zona donde estaba la platea de butacas y los palcos del Palacio de la Música.
La zona donde estaba la platea de butacas y los palcos del Palacio de la Música.Claudio Álvarez

Ya entonces lo concibió como un espacio polivalente. Un lugar para el teatro y los conciertos donde también se proyectara en pantalla el nuevo espectáculo naciente por el que decididamente apostó: el cine. Pero también sus inicios fueron complicados. Lo que se iba a llamar sala Olimpia enterró el nombre con el desplome de la cubierta, 11 días antes de su inauguración, prevista para diciembre de 1925. Se reparó, fue rebautizado como Palacio de la Música y abierto finalmente el 13 de noviembre de 1926. Sonó la Sinfonía Fantástica de Berlioz y El Amor Brujo, de Falla. Al día siguiente ya se ofreció cine: La Venus americana, de Frank Tuttle.

El edificio sufrió otro incendio en 1932, pero reabrió un año más tarde. Entre 1944 y 1966 fue sede de la Orquesta Nacional de España y desde 1967 de la Sinfónica de RTVE. El cine no dejó de iluminar la gran sala con estrenos de lujo y una cartelería exterior que marcó época. Fue un emblema de la Gran Vía, digno de uno de los arquitectos que ha marcado como pocos la imagen de la ciudad. Secundino Zuazo es autor también del proyecto de Nuevos Ministerios o la Casa de las Flores, en el barrio de Argüelles. Se convirtió en el primer decano del Colegio de Arquitectos de Madrid en 1931 y poco después sufrió el exilio, aunque regresó y siguió trabajando en los años cuarenta.

Su estilo marcó una pauta visionaria, la de elegir en aquella época construir un teatro más acorde con los que se estilaban en Estados Unidos y renunciar al molde italiano que venía del barroco. Dispuso de 7.200 metros para señalar esa senda, no exenta de dudas. Lo logró, fue elogiado por ello y ahora, perdura. Será con un proyecto que lidera hoy la Fundación Montemadrid, pero al que se unirá una empresa de gestión que entrará a diseñar los contenidos y programación mientras se ejecutan las obras.

Hay propuestas sobre la mesa de empresas nacionales e internacionales, pero ninguna decisión tomada, comenta Amaya de Miguel. “El Palacio de la Música va a albergar las tres líneas de actividad que más están creciendo en la Comunidad de Madrid. Las artes escénicas, con los conciertos y los musicales, alcanzando cotas nunca vistas o la buena gastronomía, que tendrá un lugar privilegiado en restaurante panorámico de la sobrecubierta”. La intención es compatibilizar todos esos elementos, asegura la directora general. Con ambición: “Para intentar acoger los mejores eventos de la ciudad”.

Ella insiste en su papel de heredera del camino que marcó Guirao y ahora el patronato de la Fundación Montemadrid ha puesto en manos de quien previamente ocupó la dirección del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música (Inaem). De Miguel entró en el mismo cuando su antecesor fue ministro de Cultura y abandonó el puesto en abril. “El mérito no es mío. Yo solo llevo seis meses al frente”. Al cumplir el deseo de Guirao y la apabullante movilización ciudadana que puso en marcha Fran Hernández, la Gran Vía y Madrid recuperan un espacio para la cultura que corrió el riesgo de sucumbir al comercio.

Carteles en los cines Palacio de la Música, cuando aún era cine en abril de 2008.
Carteles en los cines Palacio de la Música, cuando aún era cine en abril de 2008. claudio álvarez

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Sobre la firma

Jesús Ruiz Mantilla

Entró en EL PAÍS en 1992. Ha pasado por la Edición Internacional, El Espectador, Cultura y El País Semanal. Publica periódicamente entrevistas, reportajes, perfiles y análisis en las dos últimas secciones y en otras como Babelia, Televisión, Gente y Madrid. En su carrera literaria ha publicado ocho novelas, aparte de ensayos, teatro y poesía.

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