Díaz Ayuso, un año y medio perdido entre polémicas

La presidenta de Madrid convoca elecciones sin haber presentado unos Presupuestos ni haber aprobado nuevas leyes de calado

Isabel Díaz Ayuso, el pasado 16 de febrero.
Isabel Díaz Ayuso, el pasado 16 de febrero.Oscar J. Barroso

Este es el balance con el que Isabel Díaz Ayuso cierra su paso por el Gobierno de la Comunidad de Madrid: la puesta en marcha de una universidad privada como única ley aprobada; ningún proyecto de Presupuestos presentado en la Asamblea... Y una reforma de la ley del suelo pensada para facilitar los trámites a los constructores y recurrida en el Tribunal Constitucional entre acusaciones de que fue aprobada sin el número mínimo de diputados presentes que exige el reglamento. Eso, y mil y una polémicas: si algo ha distinguido a Díaz Ayuso es su capacidad para marcar la agenda política con declaraciones hiperbólicas, críticas al Gobierno de España y choques públicos con el que hasta ayer fue su socio gubernamental, Ciudadanos.

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“No puedo permitir que Madrid pierda su libertad”, dijo ayer la líder del PP para justificar su decisión de llamar a las urnas ante la posibilidad de que PSOE y Cs se aliaran en su contra. “Hoy disfrutamos una libertad y unos derechos que no se tienen en toda España. Esta forma de vivir a la madrileña es única”, siguió. Y remató: “Quiero que ahora los madrileños sean los que elijan entre socialismo o la libertad”.

Fue la culminación de una estrategia cuidadosamente diseñada desde hace meses, y que intenta instalar la idea de que Madrid es distinta, lo que puede ponerla en peligro, y hace necesario que tenga una líder que la defienda. Es una forma de compensar la poca capacidad de acción que ha tenido un Ejecutivo que nació en minoría, dependiendo de Vox para sacar adelante cualquier iniciativa, y con una presidenta que era la primera candidata del PP derrotada en unas elecciones autonómicas desde 1991. Limitaciones que no hicieron perder ni un minuto a Díaz Ayuso.

Lo primera decisión de la presidenta de Madrid fue marcharse de viaje oficial a Cataluña, una Comunidad que ha visitado seis veces desde entonces para confrontar con el independentismo. Al poco, recibió con honores de jefe de Estado a Juan Guaidó, entonces presidente encargado de Venezuela, criticando a Pedro Sánchez por no acogerle en La Moncloa. Finalmente, la llegada del coronavirus le llevó a chocar una y otra vez con el Ejecutivo central, amplificando los desencuentros previos sobre política fiscal, económica, educativa o internacional.

Esos tres capítulos, llenos de ramificaciones como la polémica construcción de un hospital especializado en pandemias, resumen una forma de ejercer el poder en la que las formas pueden ser más importantes que el fondo, y el qué se dice dominar al qué se hace.

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Asesorada por Miguel Ángel Rodríguez, que fuera secretario de Estado de Comunicación con José María Aznar, Díaz Ayuso ha encontrado en Madrid el escaparate perfecto para promocionar las políticas del PP en oposición a las del PSOE. Y algo más: aquí, reconocen fuentes de la formación conservadora, está el trampolín perfecto para su salto a la política nacional. Pocas veces se ha visto una transformación parecida en público, en directo y en tan poco tiempo: de candidata absolutamente desconocida a líder con predicamento en toda España.

“Madrid ha vivido el momento más duro que se recuerda en democracia”, dijo ayer en referencia a una pandemia que se ha cobrado al menos 20.000 vidas en la región. “Es el momento de pensar en grande, de olvidarnos de nosotros mismos y de decidir qué es mejor para los ciudadanos”.

Esa comparecencia fue el primer capítulo de la campaña electoral. Nadie sabe qué resultado habrá el 4 de mayo, pero sí que la presidenta saliente parte con ventaja. Pese a que hay una crisis inédita, todo apunta a que los partidos no centrarán su campaña en propuestas de cambio, ni en fiscalizar la gestión del Ejecutivo saliente, sino en defender que Díaz Ayuso no puede volver al poder. Su terreno favorito.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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