TEMPORAL FILOMENA

El campo madrileño, en estado crítico tras el paso de ‘Filomena’

Los agricultores y ganaderos señalan que, al no existir un acuerdo de subvención en la Comunidad para seguros agrarios, para muchos, el golpe de la borrasca podría ser mortal

Unas vacas en Colmenar Viejo comiendo la paja que se pudo llevar hasta donde estaban
Unas vacas en Colmenar Viejo comiendo la paja que se pudo llevar hasta donde estabanUGAMA

“El agricultor tiene un socio que está loco: el tiempo”, sentencia el olivarero, Julián Díaz Prados. En sus casi treinta años de experiencia trabajando la tierra en el sur de Madrid, nunca ha visto una situación semejante a la que dejado tras de sí Filomena. Olivos congelados y con las ramas rotas, invernaderos con los techos caídos, terneros enterrados en la nieve o vacas que llevan días sin comer. El impacto ha sido extenso, pero solamente a medida que se derrita el hielo y la nieve se podrá cuantificar detalladamente el daño que se acumula y aumenta cada día que pasa, por ahora solo queda salvar lo que se pueda. Las asociaciones de agricultores y ganaderos de la región advierten que su situación ya es crítica, pues la Comunidad de Madrid no cuenta con un acuerdo de subvención para seguros agrarios desde el 2011. Por lo tanto, la inmensa mayoría de productores no están asegurados; y para ellos, la borrasca podría terminar siendo mortal.

Alfredo Berrocal, presidente de la Unión de Agricultores, Ganaderos y Silvicultores de la Comunidad de Madrid (UGAMA) hace hincapié en este punto. “Nos ha pillado con el pie cambiado. Más del 90% de las 7.000 explotaciones que hay en la Comunidad de Madrid no tienen seguro. Esto es porque desde 2011 somos la única Comunidad que no tiene un convenio de subsidios con Agroseguro, la agrupación de entidades aseguradoras que a nivel nacional dan los seguros agrarios”, explica. Según Berrocal, un seguro en Madrid puede llegar a costar entre un 30% a 50% más que en otras comunidades. Esta situación pone en riesgo vital a los productores madrileños, que llevan una semana desesperados, intentando salvar lo poco que puedan de su sustento.

Aunque la producción agropecuaria de la región es variada, prácticamente todas las áreas se han visto afectadas. Un informe preliminar de daños redactado este viernes por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Madrid (UPA Madrid) hace un desglose de los principales tipos de perjuicios. En el sector ganadero los daños se pueden dividir en dificultades para alimentar a los animales, bien porque están atrapados por la nieve o porque no hay manera de acceder a las fincas con más comida; desperfectos y derrumbes en naves ganaderas, algunas de las cuales han caído encima de animales y los han herido y hasta matado; y problemas en la recogida de leche por la falta de acceso, que ha resultado en que se han desperdiciados miles de litros.

En Colmenar Viejo, uno de los municipios con mayor ganadería extensiva de la Comunidad, la nieve ha llegado a formar ventisqueros de hasta dos metros que han aislado por completo a animales monte adentro, cuenta el ganadero Ángel del Valle. Los caminos son intransitables y la mayoría de las fincas todavía están completamente inaccesibles. Además, Filomena llegó en temporada de partos y algunos terneros ya han muerto por el frío tras nacer sin supervisión en el campo abierto. “Todavía no se pueden saber los daños y menos aún cuantificarlos. Estamos haciendo lo justo que podemos con todos nuestros esfuerzos para mal atender a los animales y salvar todas las vidas posibles, pues ese es nuestro único capital. Ahora mismo estamos en esa fase, porque a medida que pasan los días se van a desnutrir, pero estamos llegando mal y tarde”, explica del Valle, que tiene 150 reses, muchas de ellas todavía incomunicadas.

Por petición de los ganaderos de Colmenar Viejo el servicio de Emergencias de la Comunidad de Madrid montó un operativo en conjunto con los bomberos para llevar alimento en helicóptero a grupos de vacas que estaban atrapadas por la nieve. Según Pedro Ruiz, jefe de Emergencias y coordinador de la operación, entre el miércoles y el viernes se atendió a casi 1.000 animales en una treintena de viajes. “El operativo se acaba el sábado porque el helicóptero es para rescates en montaña y en el fin de semana, que más gente subirá a practicar deportes en la Sierra, tiene que estar disponible”. Para los ganaderos como Ángel del Valle la ayuda ha sido bienvenida, pero es mínima comparada con las necesidades que tienen. Reiteran que la prioridad debería ser hacer transitables las vías pecuarias, que es competencia de la Comunidad, pero hasta el momento han sido los mismos ganaderos quienes han tenido que romper el hielo y contratar maquinaria para abrir camino.

Entre los agricultores los daños son aún más evidentes a primera vista. El informe de UPA Madrid señala que un 100% de los invernaderos de la región -exceptuando los que hay en Villa del Prado y Aranjuez donde la nevada fue más ligera- han sido afectados parcialmente o en su totalidad, con hasta 2.7 millones de euros en daños, y 400.000 euros en pérdidas de cosechas. También ha habido numerosas averías en naves de almacenaje de granos, aunque todavía es imposible estimar el impacto final. En cultivos de invierno al aire libre, las coles y lombardas se han perdido en su totalidad, mientras que para las cosechas de espárragos y alcachofas se tendrá que esperar por lo menos hasta febrero, cuando empiezan a florecer, para saber si las plantas han muerto.

El caso más significativo, sin embargo, es el de los olivares, que se encontraban en plena cosecha. Según UPA Madrid, se estima que apenas se había recogido el 30% de la cosecha y la que queda en el árbol ha perdido valor y solo se podrá vender como aceite lampante, de precio mucho menor. A esto se le une la previsión de lluvia que se espera que tire hasta el 40% aceituna restante. Además, las pérdidas de producción podrán sentirse todavía en los próximos años porque las heladas secan las hojas de los olivos y puede que no produzcan frutos durante varias temporadas.

Julián Díaz Prados, aceitunero de Villarejo de Salvanés con 27 años de experiencia, describe el paisaje que ha dejado la borrasca. “En esta zona siempre ha nevado porque está a mayor altura que otras partes de la región. Hemos aprendido a convivir con el clima, pero esto es una cosa loca. Hay ramas partidas y las aceitunas están congeladas. Estamos luchando a contra reloj, si en cinco o seis días no terminamos la cosecha, la lluvia tirará las que quedan al suelo y ahí ni siquiera es rentable recogerlas para vender lampante”. Para del Valle la única solución viable es que se declare la zona catastrófica y se indemnice a los productores, teniendo en cuenta que prácticamente ningún agricultor o ganadero de la Comunidad tiene seguro agrario.

El informe de UPA Madrid concluye con una advertencia sobre el futuro de la agricultura en la región que hace eco de las preocupaciones que expresa Díaz Prados. “El campo madrileño está muy debilitado y es muy sensible a cualquier problema externo que pudiera aparecer como ha sido la tormenta Filomena. Si los agricultores afectados no reciben ayudas veremos este año una reducción importante en el número de explotaciones”. Las semanas que vienen, en el ámbito político y meteorológico, serán clave para la supervivencia de la explotación primaria madrileña.

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