LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

División absoluta en el Gobierno de Madrid en una semana clave para afrontar la pandemia

Ayuso y Aguado eligen públicamente medidas diferentes para disminuir la curva de contagios en la región a solo seis días del levantamiento del estado de alarma

Ignacio Aguado e Isabel Diaz Ayuso durante un acto en honor a las víctimas de la covid-19 este domingo. En vídeo, las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid.(Foto: GTRES | Vídeo: Europa Press)

Suena el himno de España en la Puerta del Sol, otra vez. El consejero de Economía, Manuel Giménez, de Ciudadanos, se cuela por la zona de prensa y se pone firme, llegaba tarde. El resto de los 11 consejeros se coloca frente a la puerta principal del edificio de la Presidencia de la Comunidad. Arriba, una gigantesca bandera rojigualda rodea, por supuesto, todo el balcón del despacho de Isabel Díaz Ayuso. Abajo, cien ciudadanos se agolpan tras las vallas, alrededor de los hombres y mujeres de su Gobierno. Era un acto clave el de este domingo. Pretendía mostrar unidad ante una semana que marcará el rumbo de la pandemia en los próximos meses. El sábado se prevé levantar el estado de alarma en la capital de España. El Ejecutivo quería exhibir tenacidad, seguridad y firmeza ante los medios y ante La Moncloa. Todo se esfumó como un chasquido. El Gobierno de Ayuso y Aguado cada día se parece más al dúo Pimpinela.

“Aguado traidor”, gritó un ciudadano. “A La Moncloa”, vociferó otra señora al ver que se podía gritar y que ahí no pasaba nada. “¡Ayuso, Ayuso!”, animó un pequeño grupo. “Sanidad pública”, inquirió un díscolo por sorpresa. “Si ya la hay”, le contestó un señor con el rostro serio. La Asamblea de Madrid no deja de ser el reflejo de sus calles. Ayuso y Aguado hicieron como si ahí no hubiera pasado nada. La procesión política va por dentro. Los gritos de estos madrileños solo fueron la chispa de lo que vino después. No hay unidad dentro del Ejecutivo. Ni en privado ni en público. Cualquier movimiento de los gabinetes de comunicación de ambos partidos por mostrar firmeza y unión ante las cámaras de televisión se diluye en cuestión de minutos. El sábado se anunció por sorpresa a las 16.30 un acto en la Puerta del Sol para este domingo. La idea del equipo de la presidenta era descubrir una placa en la fachada principal del edificio de la Real Casa de Correos a las doce del mediodía. Un homenaje a los 59 ciudadanos que han fallecido durante la pandemia y que nadie ha reclamado. Murieron solos.

Al acto, con alfombra roja, laureles, y el coro de la Comunidad, fueron invitados todos los consejeros, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís. No fue convocado ningún partido de la oposición. Ni del Ayuntamiento ni de la Comunidad. Tras la música, pequeños corrillos. “La presidenta hablará dentro”, señaló un miembro del protocolo. Aguado entró primero. Ayuso esperó, prefirió entrar tras los últimos flashes. Se dirigió al atril con un vestido negro. “Buenas días a todos”, dijo. “En primer lugar, quiero saludar al alcalde de Madrid, a la vicealcadesa, al vicepresidente…”. Relegó a Aguado al tercer lugar. La política son palabras. Aquí Ayuso demostró sin tapujos que había desayunado un café con tres cucharadas de sal en un periódico.

Su vicepresidente, Ignacio Aguado, se había mostrado más díscolo que nunca. Afirmaba en una entrevista con EL PAÍS que las medidas que estaba aplicando Ayuso eran poco eficaces para doblegar la curva. Por primera vez se salió del carril. Habló sin tapujos de un parón de siete, 14 o 21 días de todos los madrileños para disminuir los contagios y así llegar con pocas restricciones a Nochebuena. Es más, propuso un umbral, 25 contagios por cada 100.000 habitantes. “No podemos decir que vamos bien porque no es verdad”, dijo. Y sin citarla, contestó a las palabras de su presidenta el pasado jueves en el Parlamento madrileño. “El Gobierno cerró Madrid a punta de pistola”, señaló Ayuso. Aguado le contestó en la entrevista: “Lo importante ahora es bajar las pistolas… políticas”. Pimpinela.

El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado. En vídeo, su entrevista con 'EL PAÍS'. FOTO: INMA FLORES (VÍDEO: L. ALMODÓVAR | A. NIETO)

Los domingos políticos ya no son lo que eran. La estrategia del equipo de la presidenta ha solapado por completo al líder de su partido, Pablo Casado. Ayuso ejerce ya oficialmente de oposición ante Pedro Sánchez. No hay domingo sin que Ayuso salga en una entrevista con otros diarios o no tenga un acto. Este domingo, sin cuestionario en los quioscos, la idea era salir en todos los telediarios con una foto de unión. Imagen hubo, pero Ayuso soltó frases como dardos. “El objetivo es que no haya contagios, no 25, que no haya”. Aguado escuchaba en silencio. Ayuso siguió contestando a las palabras de Aguado. “Yo defiendo políticas sensatas, moderadas, en las que no se enfrenten la salud y la economía porque es insensato e innecesario”, dijo la presidenta.

Nadie daba crédito. “Aquí el PP tiene la mayoría. Si hubiese sido al revés las cosas habrían sido distintas, pero la realidad es esta. Somos socios de Gobierno, no somos un ejército”, afirmó Aguado en la entrevista. “Hay que buscar soluciones sensatas”, dijo Ayuso en el acto. Los populares reconocieron en privado que han molestado muchísimo las palabras del vicepresidente. Los de Ciudadanos se mostraron contentos ante la idea del parón de Aguado para frenar la curva. Los madrileños, mientras tanto, no dan crédito. A seis días para levantar el estado de alarma el Gobierno de Madrid está más dividido que nunca.

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