PATIO DE DECIBELIOS

Las 10 canciones de... Antonio Vega

Canciones para la historia y tesoros a la espera de rescate a cargo de un autor imposible de olvidar

Antonio Vega, durante un concierto de Nacha Pop en Madrid en 1988.
Antonio Vega, durante un concierto de Nacha Pop en Madrid en 1988.Foto: Getty

Padre involuntario de la Movida, mitad intimista y sensible de Nacha Pop, responsable de una carrera en solitario intermitente y no siempre (re)conocida. Mucho aún por descubrir en el madrileño Antonio Vega (1957-2009): ternura, humor, tormento, genio ensimismado.

Chica de ayer

(Nacha Pop. De Nacha Pop, 1980)

En el seminal concierto de homenaje a Canito (Escuela de Caminos, 9 de febrero de 1980), el batería de Los Secretos fallecido en accidente de tráfico, Nacha Pop se había presentado con la deliciosa Antes de que salga el sol, que acabaría publicándose como primer corte de la cara A de su homónimo debut.

Pero Chica de ayer es, claro, la eclosión absoluta: himno eterno de la Movida madrileña (aunque Antonio la escribió en la playa de la Malvarrosa, mientras hacía la mili en Valencia) y origen de casi la mitad de los derechos de autor que genera su firmante. Vega dejó de interpretarla durante años, saturado de su popularidad.

Para Teddy Bautista, el productor de aquel primer álbum, “es, junto a Solo pienso en ti, de Víctor Manuel, la canción más perfecta en la historia del pop español”. Incluso existe una adaptación brillantísima al inglés, The girl from yesterday (2000), a cargo de los neoyorquinos Gigolo Aunts.

Atrás

(Nacha Pop. De Buena disposición, 1982)

Poesía sencilla, directa, pegada a la calle y muy ochentera. Dos minutos escasos de música que vieron la luz en single como cara B de El sueño y luego reaparecerían en Buena disposición, el álbum acaso más guitarrero de Nacha Pop. Los Secretos podrían haber firmado Atrás y, de hecho, Enrique Urquijo la recreó para su primer disco junto a Los Problemas. También es la gran debilidad de Eva Amaral y Juan Aguirre, que la escogieron para el disco de homenaje El alpinista de los sueños (2010).

Lucha de gigantes

(Nacha Pop. De El momento, 1987)

Muchos sospecharon que esta maravilla encriptaba la relación de Antonio con la heroína. En realidad, encapsula su fascinación por la física, las matemáticas y el cosmos, como ya evidenció en Una décima de segundo (1984) y con su paso por las facultades de Físicas, Arquitectura y Sociología (¡y por la escuela de pilotos!), aunque no llegó a licenciarse en nada. El productor, Carlos Narea, hacía la broma de vitorear la pieza cada vez que comenzaba a sonar en el estudio. De ahí que acabasen introduciendo unos aplausos (a partir del segundo 4) que tomaron prestados de Alchemy, el célebre disco en directo de Dire Straits.

Tesoros

(De No me iré mañana, 1991)

La primera canción que fue capaz de componer tras la ruptura de Nacha Pop le sirvió de amuleto para su debut en solitario. Otras canciones en él se hicieron más célebres (Esperando nada, La última montaña o Se dejaba llevar por ti, esta sí sobre sus adicciones), pero Tesoros (“Qué haría mi animal si comprendiera que es genial”) se erigió en el ojito derecho de su firmante.

El sitio de mi recreo

(De Océano de sol, 1994)

¿La canción perfecta de Antonio? Quizá sí, porque se refiere “a un estado en que uno se siente a gusto física y espiritualmente”. Y eso que nació en un momento de mal cuerpo. Vega se encontraba de vacaciones en Ibiza con su pareja, Teresa, y unos amigos, pero después de ingerir ¡nueve! ensaimadas se sintió empachado y rechazó la invitación de salir a pasear. Cuando todos regresaron a la cabaña de madera donde veraneaban, un sonriente Antonio le anunció, guitarra en mano: “Mirad lo que acabo de sacar”. Fue el primer público que escuchó “Donde nos llevó la imaginación…”.

Murmullo de tus manos

(De Anatomía de una ola, 1998)

Dedicada a Mercedes, la mujer de su hermano Carlos, que había fallecido por un cáncer. Elegancia pura e inusual, con la voz más vigorosa que nunca, guitarras de rock adulto, interludio acústico más escorado hacia el blues y unos sintetizadores tan sofisticados que podrían inspirarse en Peter Gabriel. Un disco desconcertante que merece revisión.

A medio camino

(de De un lugar perdido, 2001)

Su autobiografía más descarnada, en la que asume las contradicciones de quien proviene de una familia acomodada, ha estudiado en el Liceo Francés, practica taekwondo o alpinismo, ganó campeonatos de salto de longitud… pero también sucumbe al influjo de los universos turbios y los bajos fondos. O, en sus propias palabras, “Entre la razón y el loco desatino / conocí juegos prohibidos”. Una vida y un ideario, quintaesenciados en cuatro minutos.

A trabajos forzados

(De De un lugar perdido, 2001)

Uno de los escasos encargos que aceptó: ponerle música a un soneto de Antonio Gala, Condena, que Clara Montes deseaba incluir en su primer álbum. Vega jamás escribía la letra antes que la música, porque entendía que era mejor adaptar el ritmo del texto a la melodía. Esta vez, sin embargo, quedó tan satisfecho con el resultado que no se sustrajo a la tentación de publicar su propia versión, tres años después de la de Montes.

Ángel de Orión

(De 3.000 noches con Marga, 2005)

Otro guiño astronómico para la más conmovedora declaración de amor en este disco dedicado íntegramente a Margarita del Río, fallecida en 2004 y con la que compartió siete años de su vida. Vega quiso producir, arreglar e interpretar cada tema de un álbum que le ayudó a vislumbrar un atisbo de luz “cuando el corazón se hallaba desbordado por el dolor”.

Antes de haber nacido

(De Antes de haber nacido, 2012)

Un epílogo bellísimo e involuntario (“Hasta aquí he llegado… Un camino sin descanso que buscó dónde nacer / antes de haber nacido”). Lo interpretó solo una vez, el 28 de marzo de 2009 en el Café Antzokia de Bilbao, menos de dos meses antes de fallecer. El concierto se grabó con idea de ir preparando un álbum en directo con seis temas nuevos, pero Antes… no quedó registrado por un fallo en el sistema. Aparecería tres años más tarde, milagrosamente, escondido en un disco duro. Un guiño afable del destino para un genio frágil que se marchó a los 51 años.

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