LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

La crisis de las residencias rodea de incógnitas el futuro del mandato de Díaz Ayuso

PP y Cs niegan que pueda haber un adelanto electoral o una moción de censura mientras crecen los choques internos, con el Gobierno central y la oposición

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de archivo.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de archivo.Comunidad de Madrid / GTRES

Los 6.000 muertos vinculados al coronavirus en las residencias de la Comunidad de Madrid han provocado un triple enfrentamiento político que rodea de dudas el futuro de la legislatura. Pablo Iglesias e Isabel Díaz Ayuso se reprocharon el lunes mutuamente la gestión de la catástrofe. La herida abierta entre PP y Cs, los dos socios de gobierno en Madrid, siguió supurando de declaración en declaración enconada. Y como Vox pide la destitución del consejero de Políticas Sociales (Cs), y el PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos el cese del titular de Sanidad (PP), solo hay una cosa clara: Madrid afrontará la crisis económica y social que está siguiendo a la sanitaria en un escenario de máxima incertidumbre política, con el Gobierno regional enfrentado al central, roto en dos internamente y sin apoyos claros en un Parlamento polarizado.

¿Está dispuesta Díaz Ayuso a convocar elecciones anticipadas para deshacerse de Cs como socio de Gobierno? ¿Se adelantará Ignacio Aguado, su vicepresidente, fraguando una moción de censura con la izquierda para acabar con 25 años de Gobiernos consecutivos del PP en la región?

“No”, contestan desde hace días los líderes de PP y Cs, como si las palabras pudieran conjurar los problemas de un Ejecutivo paralizado, que llegó al poder en agosto de 2019, no ha aprobado aún ninguna ley, depende de todo para Vox, tiene los presupuestos prorrogados, choca sobre la fórmula para sacarlos adelante y ha tenido que gestionar entre fuertes discrepancias internas una crisis sin precedentes.

Gobiernos autonómicos

Ningún otro de los Gobiernos de coalición autonómicos formados por los dos partidos está atravesando las dificultades que sufre el de Madrid.

PP y Cs trabajan en armonía aparente en Andalucía, donde han logrado una sintonía sin igual con Vox, probablemente animados por la necesidad de consolidarse como alternativa tras poner punto final a 40 años de Gobiernos consecutivos del PSOE. Hasta le han cedido la presidencia de la comisión de reconstrucción tras el coronavirus a la extrema derecha.

En Castilla y León, PP y Cs han encontrado un terreno de entendimiento lo suficientemente grande como para lograr gestionar la crisis tendiendo la mano a la oposición. Los representantes del partido de Inés Arrimadas incluso han mantenido la calma tras la reapertura de la investigación por presuntas irregularidades en el proceso de primarias del PP en la comunidad, que ganó el actual presidente regional, Alfonso Fernández Mañueco.

Y en Murcia, el Gobierno regional no ha dado aún los agudos síntomas de desgaste del municipal, donde todo pende de un hilo: el PP ha visto cómo Cs negociaba en secreto con PSOE y Podemos un plan de reactivación de la economía tras la pandemia que obligaría a rehacer el borrador de presupuesto.

En Madrid no pasa nada de eso. En Madrid, los consejeros de uno y otro partido se echan las culpas de la gestión de las residencias. La presidenta y el vicepresidente muestran en público sus discrepancias sobre asuntos tan dispares como la política fiscal, la dependencia de Vox o la posibilidad de contar con la oposición para aprobar unas cuentas públicas que impulsen la recuperación económica tras la crisis sanitaria. Y se producen anuncios y contranuncios. En Madrid, los hechos desmienten a las palabras.

“La eficacia de un Gobierno no se mide por el grado de amistad de sus socios sino por la eficacia de sus políticas en beneficio de los ciudadanos”, defendió el lunes Díaz Ayuso, que llegó al poder tras perder las elecciones hace ahora poco más de un año. “No me cabe la menor duda de que este Gobierno lo está consiguiendo a través de numerosos planes, que estamos poniendo en marcha. Estamos trabajando bajo una hoja de ruta muy clara, de fiscalidad a la baja, de colaboración público-privada y lo hemos demostrado a través de la presentación del plan de reconstrucción la semana pasada”, siguió. “Los Gobiernos de coalición tienen a veces estas dificultades”, añadió. Y remató: “Aguantaré lo que haga falta”.

“Creo que nadie piensa ni por lo más remoto en convocar unas elecciones, creo que además es algo que no nos perdonarían los ciudadanos”, coincidió el lunes Ángel Garrido, expresidente regional con el PP y ahora consejero de Transportes con Cs. “Eso de las elecciones y mociones de censura son dimes y diretes que a veces proceden de los entornos y que creo que no son tan sensatos como debieran serlo”.

Y efectivamente, los entornos están actuando.

Alrededor del PP crece una corriente de opinión que no atiende a la dificultad de llamar a los ciudadanos a las urnas tras una pandemia que ha causado más de 15.000 muertos en la región, porque prima la consecución de un supuesto ideal: aprovechar la crisis de Cs, que reflejan todos los sondeos, para recolocar las piezas de la derecha de una manera más favorable para los intereses de Díaz Ayuso.

En paralelo, Ángel Gabilondo, el líder del PSOE, que ganó las elecciones de mayo de 2019, no descarta la presentación de una moción de censura que, en todo caso, no considera pertinente ahora, en medio de la crisis sanitaria.

Destituciones

Los socialistas priman la consecución de un gran acuerdo para la reconstrucción de la región y conocen que para llegar al poder lo primero es conseguir la complicidad de Cs.

El partido de Aguado, por su parte, sabe que se juega en la región mucho de su futuro en España: ¿el electorado de Cs es de centroderecha, y no perdonaría un cambio de Gobierno, o prima la regeneración, con lo que premiaría favorecer la alternancia en Madrid tras 25 años de Gobiernos populares? Las mismas preguntas de hace un año, cuando Aguado vetó a Gabilondo, se repiten ahora.

Mientras las grandes cuestiones se cuecen a fuego lento, los movimientos se aceleran en la Asamblea de Madrid, donde cada decisión polariza aún más una legislatura que nació marcada por la fragmentación: hay seis grupos parlamentarios, el récord en la historia del Parlamento regional, lo que dificulta conseguir mayorías.

Vox reclama la destitución de Alberto Reyero, el consejero de Políticas Sociales, lo que resume su distanciamiento absoluto de Cs. El PSOE, por su parte, coincide con Más Madrid y Unidas Podemos IU Madrid en Pie en pedir el cese de Enrique Ruiz Escudero, el titular de Sanidad, del PP.

En paralelo, se acumulan las iniciativas parlamentarias que servirán para subrayar las diferencias entre PP y Cs, echando sal en sus heridas: una comisión de investigación sobre lo que ha pasado en las residencias para que hayan muerto casi 6.000 personas por causas relacionadas con la pandemia; y otra para pactar la reconstrucción económica y social en la que volverá a quedar patente que el PP se entiende con Vox, y Cs con el PSOE.

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